Pidió ser refugiado y advierte la tensión que se vive en Brasil

Felipe Porto es activista de DDHH y acampó para pedir el juicio político a Dilma
La oposición a la presidenta Dilma Rousseff crece. En 2015 militó para lograr el pedido de juicio político contra la mandataria, sospechosa de estar involucrada en la trama de corrupción más grande de la historia de Brasil. Pero el Tribunal Superior Federal bloqueó la iniciativa a fin de año y los más radicales, insistentes, vuelven a probar. Se preparan en células clandestinas que están "dispuestas a cualquier cosa".

Así lo asegura un opositor brasileño que hace dos semanas pidió ser refugiado político en Uruguay. Cancillería asumió el trámite, estudiará su situación y le dará una respuesta dentro de un año, según certifica un documento que le entregaron y que mostró a El Observador. Es periodista y delegado de Derechos Humanos por tres instituciones.

El hombre llegó a Uruguay de incógnito. Disimuló su viaje porque se dice perseguido por el gobierno que acusa como corrupto. Alega que bloquean sus tarjetas de crédito, que no le permiten hacer compras por internet, que monitorean su teléfono celular y lo siguen en Brasil. Por eso se escapó a Uruguay, y de aquí a Argentina. Y aprovechó para difundir una versión que no aparece en los principales medios de prensa de su país.

"Es cierto que se logró el pedido de juicio político, pero en mi país las victorias son temporales", declara Porto a El Observador. A esta altura, el hombre no cree en la democracia y asegura que no es el único que piensa así. De hecho, en las protestas que hubo en 2015 en Brasil se podían leer carteles que pedían una intervención militar.

Porto está al margen de estas organizaciones pero mantiene contactos con algunos de sus miembros. Es que su militancia en contra de Dilma le valió un lugar en la disidencia.

Provocación en carpa

El hombre organizó protestas contra el gobierno y contra la red de medios Globo, a la que acusa por no difundir la realidad. A la primera manifestación acudieron 70 personas, a la segunda fueron unas 350. Después llevó a su movimiento a la gran marcha que hubo en varias ciudades de Brasil el 16 de agosto, y entonces el grupo decidió acampar frente a la sede de gobierno en Brasilia. Permanecieron allí varias semanas, en una presencia constante y pacífica pero provocadora contra la autoridad nacional.

Entre las carpas tenían dos sarcófagos con muñecos que representaban a Dilma y a Lula da Silva, o una horca desde donde colgaba un muñeco del expresidente vestido con el traje a rayas de los presos. Ellos estaban armados y prevenidos por cualquier cosa, dijo.

Ese Campamento Patriota que Porto relanzó el 13 de octubre con pocas tiendas se amplió luego a varios anexos. Se instalaron otros grupos de disidentes como Movimiento Brasil Libre, Vai Para Rua y Revoltados On Line. Todos estos, en cierta medida, disidentes. Pero también acamparon en la misma explanada los representantes de los trabajadores (CUT) y del Movimiento Sin Tierra, los dos afines al sistema.

La convivencia cercana no iba a durar mucho y eso sucedió. Hubo cinco incidentes violentos entre los distintos campamentos.

Espiral de tensión

El 15 de noviembre se realizó una nueva manifestación multitudinaria en distintas ciudades, donde se pedía el juicio político contra Rousseff. Pocos días después, el 18, tuvo lugar una marcha de mujeres negras apoyada por el gobierno. Las damas, entre 20.000 y 30.000, desviaron su paso y atravesaron el territorio de los disidentes. La mecha que encendió la hoguera.

Los videos filmados por Porto muestran escenas de violencia protagonizadas por algunas mujeres y también por varios "rojos", los miembros de la CUT que estaban en el campamento de al lado. Según su denuncia –ya la tiene redactada y la presentará a una comisión legislativa nacional y a una federal–, "destruyeron parte del campamento, provocaron a la gente con ofensas y promovieron la destrucción y agresiones". En la grabación se escucha una voz femenina que, por alto parlante, incita a acabar con los "nazis" y "racistas" del Campamento Patriota.

La gresca fue tal que uno de los disidentes, un policía que estaba de civil, hizo tiros al aire para evitar que aumentara la tensión. Los agentes lo detuvieron y hubo que hacer una colecta para conseguir el dinero de la fianza. "Nosotros protegimos nuestro territorio", justifica el líder de la agrupación.

El hombre no pretende generar miedo con su discurso, sino alertar sobre la violencia que se vive en el país. Como muestra, enseña un video donde se recopilan algunas declaraciones que elevan la temperatura, desde el presidente de la CUT Rafael Cardoso asegurando que su gente será un ejército que enfrentará en las calles a los que se opongan al sistema, hasta el expresidente Lula da Silva advirtiendo que, en caso de ser necesario, llamará al "ejército de los Sin Tierra" a combatir. "Ellos no saben lo que somos capaces de hacer", dijo Lula en 2015, y ahora la Policía Federal investiga estas palabras filmadas.

El mismo Porto aparece, en una declaración a la prensa tras los incidentes del 18 de noviembre, explicando que su grupo pretende "cambiar los tres poderes de gobierno por medio de la intervención popular directa".

"Nunca pensamos que íbamos a llegar a esto", dice Porto a El Observador, y alega que llegó a este punto "arrastrado por las circunstancias". Así como no termina de entender la manera en que se convirtió en activista político, perseguido y refugiado, tampoco sabe dónde va a terminar su periplo, cómo van a seguir sus acciones ni qué pasará con la política de su país.

Pixuleco
El muñeco apareció en las protestas multitudinarias de Brasil.
El muñeco apareció en las protestas multitudinarias de Brasil.

Uno de los padres del Lula da Silva gigante

Entre las fotografías que Felipe Porto enseña de su celular hay unas donde se ve desde muy de cerca un muñeco que se convirtió en símbolo de las protestas de 2015 en Brasil: el "Lula" inflable de 12 metros de alto que está vestido de preso.

"Este es el Pixuleco", dice con un gesto de ternura, como quien habla de su criatura. En efecto, el inflable es creación de la Unión de Movimientos de Brasilia, que él también integra. "Se infló con el motor que tengo en mi casa, y yo mismo lo despaché en el aeropuerto para llevarlo a otra ciudad", dice con orgullo. También creó la tienda oficial online y los billetes que llevan su imagen.

El muñeco fue un éxito en las protestas y su fotografía se pudo ver en muchos medios de prensa que se hicieron eco de las manifestaciones contra la mandataria. Entonces crearon a Dilmentira, un inflable similar que imita a la presidenta con una nariz larga.

Porto pasa las imágenes en su teléfono y muestra, con cierta pena, otra donde se ven parches en el cuerpo hinchado del expresidente. "Son cicatrices que quedaron de los ataques de otros grupos", cuenta. Pero el muñeco resiste, y está listo para aparecer en la próxima gran marcha.

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