Plástico, una industria uruguaya que se derrite

Las pequeñas y medianas empresas del sector intentan permanecer a flote en un sector cuya producción cayó 15% desde 2011
Una silla, los zapatos, el envoltorio de la comida y el teclado de la computadora. Todo es de plástico. El 90% de quienes producen en Uruguay este material que se ha vuelto esencial son pequeñas y medianas empresas, y según la Asociación Uruguaya de Industrias del Plástico (AUIP) y la mayoría padece serios problemas de competitividad. "El estado es crítico". Así definió la presidenta de la AUIP, Esperanza Romeriz, a la realidad de su sector.

Según un análisis sectorial de la consultora Deloitte, la oferta total de productos plásticos a nivel local se habría ubicado en US$ 782 millones en 2015, lo que significa una caída de 8% respecto a 2014. Esa retracción de la oferta obedecería tanto a un descenso de la producción local como de las importaciones competitivas.

La Asociación nuclea a 65 de las empresas más grandes del país que representan el 80% de la manufactura del sector, sin contar a las 18 empresas que se vieron obligadas a cerrar sus puertas en los últimos cinco años.

Los problemas de competitividad comienzan en el origen de la producción. Según Romeriz, a la hora de importar un contenedor de productos terminados, el flete tiene un costo de US$ 200 mientras que hacer llegar un camión de materia prima desde Brasil le sale a los fabricantes, como mínimo, US$ 1.500.

A nivel local, uno de los gigantes de la industria es Cristalpet, una empresa de porte que se dedica al PET, un tipo de plástico utilizado sobre todo para la elaboración de botellas y en la industria textil.

La firma tiene clientes de la talla de Coca Cola y Danone (grupo que tiene entre sus marcas a la compañía Salus). Es una de las supervivientes del sector y produjo alrededor de 80.000 toneladas de plástico en 2015. A pesar de estos datos, su presidente, Álvaro Queijo, no duda al afirmar que la situación del sector es "muy complicada".

En los hechos, Cristalpet envió a 20 trabajadores a seguro de paro durante el año pasado y los dichos de Queijo no auguran un futuro alentador. "La pérdida de competitividad que Uruguay tuvo con Brasil afectó mucho y se acentuó el año pasado con la crisis en el país norteño", puntualizó. Aseguró que este fue uno de los factores que llevó a varias compañías del sector a la quiebra.

Por la variedad de usos del plástico, la situación no es idéntica para todos los productos. Según Queijo, a nivel de envases la producción es competitiva en el mercado interno pero no sucede lo mismo en otros artículos como juguetería e insumos domésticos. "Se perdió competitividad", lamentó el ejecutivo.

Además de dirigir AUIP, Esperanza Romariz es propietaria de Ferroco, empresa que comercializa la marca Covey desde hace medio siglo. "El año pasado fue muy duro. A mí en Ferroco las ventas me bajaron 50%. Mis trabajadores tienen muchos años en la empresa y a fin de año tuve que hacer despidos porque tengo que bajar los gastos fijos. No me queda otra y me indigna porque hace años que venimos luchando", señaló Romariz con vehemencia.

Aseguró que el sector "hace años" que no es competitivo y rogó que alguien en el gobierno se interiorice de esta situación a la que, según la empresaria, están haciendo "oídos sordos".
En el marco de la Negociación Colectiva, en los Consejos de Salarios se tipificó al del plástico como un sector "en problemas".

Alrededor de 900 trabajadores de la industria del plástico perdieron sus puestos de trabajo entre 2011 y 2015.

Industria de industrias

El envase de un helado, la botella de refresco y un muñeco de Superman en miniatura pueden estar fabricados de plástico, pero a través de tres procesos diferentes como la inyección, el PET y el termoformado. El modelo de negocios detrás de estos tres procesos es diferente y también lo es su realidad.

Una de las empresas referentes en la región es ATMA. La firma, que abrió las puertas de su fábrica en Uruguay en 1948, está hoy dirigida por la CEO Isabelle Chaquiriand, quien asegura que en los últimos 20 años ha habido cambios drásticos en el proceso de la inyección, el fuerte de su negocio.

"Comenzaron a aparecer las maquinarias asiáticas y lo que antes requería una inversión inicial importante, pasó a ser más accesible", explicó Chaquiriand. Eso transformó al mercado en un terreno más competitivo y por lo tanto más peligroso. "La industria tuvo que empezar a transformarse porque los productos de commodities eran fáciles de hacer para todos", apuntó.

Frente a ese escenario, ATMA optó por inclinarse hacia la producción de artículos que presentaran grandes diferenciales en calidad. "En 10 años cambiamos nuestro modelo de negocios. Nos volcamos mucho más hacia la industria que demanda certificaciones más específicas", explicó.

Los envases que están en contacto con alimentos o con agroquímicos deben cumplir con ciertas características; ATMA se dispuso a cumplir con todas esas exigencias y a hacer productos al servicio de las demás industrias. Gracias a esa decisión, el 80% de su facturación corresponde, hoy en día, a los envases diseñados por ATMA para otras industrias.

Las exportaciones de productos plásticos cayeron 21% en 2015 con respecto al 2014.

Va y ven

"No se controla absolutamente nada de lo que ingresa al Uruguay", criticó la presidenta de la AUIP, Esperanza Romariz.

Según un informe de Deloitte, publicado en noviembre pasado, las importaciones cubren las necesidades plásticas del 28% del mercado local.

"Una forma de ayudar a la industria nacional debería ser controlar lo que entra al país, porque es un deber de los gobiernos y estamos hablando de la salud de los uruguayos", manifestó Romariz al asegurar que Uruguay incumple con la normativa 28/999 sobre los materiales plásticos destinados a la elaboración de envases y equipamientos en contacto con alimentos.

En este sentido, el Ministerio de Salud Pública, el de Industria, y el LATU son los encargados de controlar que estos productos solo puedan estar compuestos por ciertos polímeros y resinas y no, por ejemplo, por policarbonatos que puedan tener elementos tóxicos.

"Según nuestro conocimiento, el control de estas resoluciones no se aplica a las importaciones de dichos productos al mercado interno, pero sí las aplican estrictamente nuestros vecinos a la hora de controlar las exportaciones uruguayas", señala un informe de la AUIP presentado en abril de 2015 a las autoridades del MIEM.

A ese respecto, Esperanza Romariz indicó que, a pesar de haber sido escuchados, no han tenido ninguna respuesta por parte de las autoridades.

Según la presidenta de AUIP, 30% de las compras públicas de insumos plásticos realizadas por del Estado deberían ser fabricada en Uruguay. Hoy no existe normativa al respecto.

En cuanto a las exportaciones, desde la asociación aseguran que son pocas las empresas que exportan debido a que, una vez más, los precios de los productos uruguayos están fuera de los rangos permitidos por los demás mercados.

Cristalpet es una excepción ya que destina al mercado externo el 80% de lo que produce. Unas 64.000 toneladas de envases de PET viajan hacia sus clientes de Brasil, su principal mercado, y también de Argentina, Chile y Bolivia, entre otros.

ATMA prácticamente no exporta de forma directa, aunque está en conocimiento que paralelamente sus clientes locales sí destinan productos hacia el exterior que llevan incorporados lo fabricado por la empresa. "Nos enfocamos al mercado interno porque el plástico en envases ocupa mucho lugar en los contenedores. El precio del flete sería muy caro en relación con el precio del producto y esta es una barrera no arancelaria que no es menor", estimó Chaquiriand.

Reciclado y exclusivo

Hoy en día es más costoso reciclar una botella que hacerla de nuevo. De hecho es US$ 200 más cara la tonelada, lo que representa más de 20% del costo. Como el plástico es un derivado del petróleo, la caída en el precio del crudo produjo una baja en el costo de la materia prima.

"Si los precios internacionales (de la materia prima) fueran los promedios del 2012 ó 2013 el número cerraría, pero hoy el precio de la tonelada está US$ 400 más bajo que lo que estaban antes", detalló Álvaro Queijo.

Ecopet, empresa del grupo de Cristalerias Cristalpet, capta el 20% de las botellas que hay en el mercado y procesa 450 toneladas de botellas mensuales a las que convierte en escamas que luego podrán ser trabajadas a gusto del cliente que las compre.

El gerente de Ecopet, Pablo Luis, evaluó que "falta mucho" para poder lograr un cambio importante a nivel de impacto medioambiental. Según el director de Compromiso Empresarial para el Reciclaje (Cempre), Federico Baraibar, "por distintos motivos esto no está funcionando bien". Indicó que otras políticas como la de las bolsas biodegradables tampoco dan resultados óptimos.

A nivel industrial, hablar de crear plástico totalmente biodegradable es aún una utopía. Existen emprendimientos basados en jarabe de maíz o azúcares pero aún no se consiguen a precios competitivos. Además este cambio de materia prima obligaría a la industria adquirir nueva maquinaria y, en definitiva, a reinventarse.

Una oportunidad para renovarse

En medio de la tormenta, a fines de 2015, la ANII y el LATU, en asociación con la Fundación Ricaldoni impulsaron el primer Centro Tecnológico del Plástico(Ctplas) en Uruguay que funciona en la Cámara de Industrias.

El Centro Tecnológico aparece en escena como un flotador para aquellas pequeñas y medianas empresas que se esfuerzan por no ahogarse.

En la industria del plástico no existe capacitación. La directora del Ctplas por la Cámara de Industrias del Uruguay, Carola Saavedra, asegura que ese va a ser uno de los aspectos a solucionar, debido a que es de lo más solicitado por las empresas que requieren especialistas que puedan tener formación en sus tareas independientemente de la empresa en la que se desempeñen.

En lo que refiere a innovación, según un informe del Ctplas, casi el 100% de las empresas consultadas requieren actualización tecnológica. Es otro de los puntos en los que hará énfasis el centro. El reciclaje será otro de los puntos fuertes del centro. El director por la AUIP, Mario Pérez, estimó que se está en la búsqueda de elementos que puedan sustituir al petróleo como materia prima aunque aún hay muy poco desarrollo en la región.

Sin embargo, sí se apostará a la combinación de los materiales tradicionales con otros orgánicos que promuevan una mejor degradación.

El Centro Tecnológico se desarrolla en consonancia con otros pares de la región, el próximo paso será ir a Brasil para conocer casos de éxitos y fracasos para poder asesorar a las empresas locales.

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