¡Pocas pragmáticas, Sancho!

Pocas leyes pero buenas debe ser uno de los objetivos del Parlamento
Cuando Don Quijote de la Mancha daba consejos a su fiel escudero Sancho Panza sobre como gobernar la isla Barataria de la que había sido nombrado "gobernador", mostró en muchos de ellos un gran sentido común, muy útil para todos los gobernantes de todas las épocas y de los niveles –políticos, empresariales, etc.- El ingenioso hidalgo le dijo a su escudero, que ya se deleitaba con las mieles de gobierno (el poder seduce a todos por igual en cargos importantes y en cargos pequeños): "pocas pragmáticas (es decir, pocas leyes y pocas normas) pero buenas".

Parece que muchos legisladores, de nuestro país y seguramente del mundo, no leyeron a Don Quijote o no toman en cuenta los consejos de puro sentido común que destila la obra del genial Cervantes.

En efecto, cada dos por tres, se mide la eficacia de los parlamentos por la cantidad de leyes que aprueban. Y las críticas abundan si en un período legislativo se aprueban menos leyes que en otros.
Ahora es la oposición al gobierno del FA la que señala una reducción de producción legislativa en los 7 primeros meses de la actividad parlamentaria de este año respecto al año pasado (50 leyes) y respecto al primer año de la administración Mujica (81 leyes). Y el partido de gobierno, que no termina de resolver las incongruencias entre la bancada y el ejecutivo, se defiende diciendo que la mayoría de las leyes ya fueron aprobadas y que no hay problemas a solucionar. ¡Cómo si los problemas se solucionaran con leyes y más leyes!

Todo se mide como si fuera una cuestión matemática o una cuestión "Olímpica" donde hay que batir récords. Más leyes igual a mejor gestión legislativa; menos leyes, peor gestión; muchas leyes, "medalla de oro a la gestión legislativa". Ahora si las leyes son malas o buenas a nadie parece importarle mucho. Si entorpecen el desarrollo del país, si tornan más desfavorable el clima de inversión, si dificultan el manejo de la educación a nadie parece generarle problemas.

En el fondo, hay dos cosas que subyacen detrás de esta forma de entender la competencia legislativa medida por el número de leyes aprobadas. Una es la visión de que corresponde al estado resolver todos los problemas de la sociedad y que ello se realiza mediante la legislación. Ahora el Diario Oficial ha dejado de ser editado en papel y se ha digitalizado pero si uno mira las colecciones anuales del Registro de Leyes y Decretos a lo largo del siglo XX, se puede apreciar a golpe de vista como los volúmenes van "engordando" e incluso como hay que hacer volúmenes semestrales para que sean manejables. La explosión legislativa es paralela al aumento de la presencia estatal en la vida económica y social del país, y a nuestro estancamiento.

La otra visión es que la función del Poder Legislativo es "legislar" y cuanto más, mejor. En realidad, el Poder Legislativo, más que legislar, debe controlar. Ese fue el origen de los Parlamentos. La historia de los Parlamentos es la historia de la libertad, del recorte del poder absoluto de los monarcas en forma paulatina a lo largo de los siglos. Fue una lucha titánica y no exenta de derramamiento de sangre. Y todo comenzó por el reclamo parlamentario de la potestad impositiva: "no hay impuesto, sin representación" fue lo que los nobles ingleses arrancaron a Juan Sin Tierra en la Carta Magna de 1215.

Era para controlar el poder real y defender al ciudadano. Hoy los parlamentos son los primeros en aumentar gastos e impuestos a la par para esquilmar al ciudadano. Muchas veces los parlamentos son más voraces que el Ejecutivo y tanto es así que en nuestra Constitución la potestad impositiva es privativa del Poder Ejecutivo: el Parlamento debería defender a las ovejas del lobo; pero son ellos más lobo que el propio Ejecutivo y hay que ponerles límites. Algo surrealista.

Pero volvamos a Don Quijote y Sancho Panza. ¡Cuánta razón lleva el Quijote al recomendar a su escudero que redacte pocas leyes y que se asegure que las mismas sean buenas! Le está sugiriendo moderar la intervención gubernamental (y no parece que Cervantes sea un neoliberal del siglo XVI). De modo que habría que congratularse, más que lamentarse, de una reducción de la actividad legislativa.

Pocas leyes pero buenas debe ser uno de los objetivos del Parlamento. El otro, ser un guardián de las libertades y derechos individuales. En ese sentido, mal ejemplo se ha dado con un parlamento aprobando leyes claramente inconstitucionales, como ocurrió en la anterior administración. No sería mala idea repartir un ejemplar del Quijote a cada legislador. Y un papel adjunto con la frase "pocas pragmáticas pero buenas" porque me temo que muchos ni miraran el libro.

Comentarios

Acerca del autor