Poetas jóvenes hablan sobre el panorama editorial en Uruguay

Opinan sobre la inspiración y las dificultades de crear
Se dice comúnmente que nadie vive de escribir. Y si bien eso no es estrictamente cierto, optar por escribir poesía complica bastante las cosas: las perspectivas de publicación son menores, apenas alguna editorial local destina espacio a la poesía, la respuesta en prensa es menor a la que tiene la narrativa y las tiradas editoriales son más pequeñas, entre otras cosas. Y sin embargo, la poesía uruguaya se renueva constantemente. Cuatro jóvenes poetas –Paula Simonetti, Fabián Severo, Nicolás Alberte y Victoria Estol– conversaron con El Observador sobre la actualidad de escribir de esta forma en nuestro país.

El punto de partida no es por evidente, menos interesante. ¿Qué los lleva a escribir poesía? Severo, quien no solo se dedica a este género, explica que "la poesía, como la narrativa, son estados de ánimo".

"Hay días en que me despierto poético, y otros en que me despierto narrativo. En los días poéticos, las voces que escucho en mi cabeza me indican el ritmo y el tono de mis versos", explicó.

"Empecé a escribir poesía cuando entendí que era algo más físico que intelectual. Escribo porque me gustan mis defectos. Escribo para contar lo que no se puede decir" dijo por su parte Estol y agregó: "escribo porque no me gustan mis defectos, pero en un poema se perdonan, hasta se entienden. Y es en ese diálogo que surgen las imágenes más potentes".

Parecido es lo que piensa Simonetti: "Realmente no hay nada que 'no me lleve a escribir poesía' más que una actividad impulsada por algo; la poesía se transformó en una forma de habitar este planeta y su plasmación material en la escritura es más bien accidental, ciertamente inconstante e indisciplinada, y más bien en contra o en los intersticios de una serie interminable de responsabilidades cotidianas que, sobre todo, van en sentido contrario al tiempo de la poesía."

Alberte, en tanto, coincide en cierto sentido con la misma idea: "Me lleva a escribir una necesidad de diálogo con la poesía de otros que escribieron antes y mejor. En general, a partir de una lectura que me interpela, los estímulos de la realidad devienen conjuntos de palabras que a veces son tan significativas que van a parar a un papel, o a la computadora".

¿Se escribe desde Uruguay, con Uruguay como referencia, como forma y parte de esa misma poesía? Sobre ese aspecto, coincidieron los cuatro entrevistados por la negativa: "Claramente, Uruguay, es donde estoy situada pero si hablamos de temática nativa, autóctona, creo que no hay elementos, al menos visibles, de lo uruguayo, si es que existe tal cosa." comentó Estol. Y acotó: "En cuanto a mis lecturas uruguayas, son más bien pocas pero fornidas (Circe Maia, Marosa Di Giorgio, Alfredo Mario Ferreiro, Cristina Carneiro, Fressia, Eduardo Milán). Y estas mismas, si se quiere, no son muy regionalistas".

Por el mismo camino transita Alberte: "No la siento uruguaya. Sobre todo porque no sabría definir cabalmente ese criterio. Ahora bien, si la 'uruguayidad' de la obra implica el diálogo con poetas como Eduardo Milán o Roberto Appratto por la casualidad de haber nacido dentro de la misma demarcación geopolítica, podría ser que sí.".

Completa e incluso amplía esta misma idea Simonetti: "En algún sentido puede que sienta a mi obra rioplantense, en parte porque vivo en Argentina actualmente pero también o más que nada por el conjunto de lecturas que permearon mi escritura", contó. Por su parte, el más tajante en su negativa es Severo: "No sé qué es el Uruguay. No sé qué es la Literatura uruguaya. Quisiera que lo que escribo perteneciera al mundo de la Literatura, sin importar etiquetas."

Queda por último la pregunta de si hay un futuro escribiendo poesía. "Se puede vivir de la escritura. En nuestro país, varios escritores viven de lo que escriben" respondió Severo. "Pero no es mi caso. No es un tema que me preocupe; no creo que vaya a vivir de la escritura, tampoco escribo para ello. Escribo porque no tengo más remedio, porque escucho voces. Escribo porque descubrí que la Literatura es el mejor lugar para existir", añadió. Estol le restó importancia al asunto. "No es una pregunta que me haga a la hora de escribir, ni es algo que busque. Yo vivo mientras escribo, y escribo mientras lavo los platos. De todas maneras, creo que es posible vivir, obtener una remuneración del noble oficio de ser autor, para quien esté dispuesto a trabajar muchísimo y esperar aún más".

Simonetti tampoco parece muy preocupada por el asunto: "En mi caso sé que nunca voy a poder vivir de escribir, en el sentido económico del término "vivir", en los otros sentidos claro que sí, y de hecho definitivamente sí. Escribo poesía, la poesía no es rentable, de eso sabrán más los valientes editores de poesía que yo".

El más tajante en este caso es Alberte: "No, no creo que se pueda vivir de escribir. Al menos no conozco a nadie que viva de escribir poesía prescindiendo, en el mejor de los casos, de la docencia o la escritura en algún otro formato. Son muy pocas las personas, que yo sepa, que lo consiguen". l


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Rodolfo Santullo