¿Por qué grandes actores del cine se están pasando a la televisión?

La calidad de las series le ha dado a grandes celebridades y productores de cine la confianza como para apostar a ese mercado
Las series están en su pico de éxito como fenómeno cultural. En los últimos años hubo un salto de calidad en los contenidos que ofrece la pantalla chica y el aumento en su consumo dio lugar a lo que se conoce como la Edad de Oro de la televisión.

El fenómeno comenzó a gestarse a principios de los 2000 y la globalización del streaming terminó de condensarlo y establecerlo en los últimos años. Según el Perfil del Internauta Uruguayo 2016, presentado por Radar en noviembre, 530 mil personas utilizaron Netflix en Uruguay.

Esta realidad motivó a grandes actores, productores y directores del mundo del cine a comenzar a aceptar proyectos en televisión. Lo que antes era considerado una vergüenza o una señal de desesperación, hoy es sinónimo de éxito y algunas personalidades de Hollywood terminan de consagrarse no en la gran pantalla si no en la pequeña. Asimismo, existen casos de intérpretes cuyas carreras llegaron a un estrepitoso final en el cine y que encontraron en la televisión una manera de seguir trabajando.

La pantalla chica de hoy da un status a las estrellas que hasta hace poco no conseguía otorgarles.
Y hoy por hoy, los premios Emmys generan casi tanto buzz como los de la Academia.

Los movimientos

Las transiciones de un medio al otro fueron lentas. Comenzaron cuando grandes figuras del cine se encontraron poco desafiadas por los personajes que les proponían y eligieron considerar otras opciones. Si bien el historial de pases es eterno, en el archivo más reciente se encuentra el caso de Glenn Close, que en 2007 protagonizó Damages.

Claro que hubo muchos otros casos anteriores –como el de Bryan Cranston en Malcon in the middle en 2000 y luego en, lo que muchos consideran la mejor serie de la historia, Breaking Bad (2008)– en los últimos diez años el flujo de actores de Hollywood que han figurado en series de televisión aumentó, o al menos se hizo más notorio.

Viola Davis con su reconocido protagónico en How to get away with murder; Kevin Spacey brillando episodio tras episodio en House of Cards; Kevin Bacon en The Following; y Anthony Hopkins en el más reciente éxito de HBO, Westworld, son solo algunos de los artistas de renombre que incursionaron en televisión.

También están aquellos como Halle Berry en Extant, Jeff Daniels en The Newsroom, Robin Williams con The Crazy Ones y Matthew McConaughey en True Detective, que aprovecharon la sequía de ofertas cinematográficas dignas para tomar papeles fuertes en series. En algunos casos, estos trabajos oportunos consiguieron traer de vuelta sus nombres al circuito comercial.

Billetes con otro rumbo

Así como los actores, el dinero de los productores también mira con otros ojos a la televisión. Tanto así que los presupuestos que se manejan hoy para hacer series son realmente millonarios.

Dentro de las producciones más costosas se encuentra la dos veces ganadora del premio Emmy a mejor serie dramática, Game of Thrones. Según datos de la revista Entertainment Weekly, la sexta temporada del programa de HBO costó cerca de US$100 millones. Esto significa que por cada minuto al aire la cadena pagó US$166.6 mil.
A pesar de que las cifras son grandes y mayores que en años anteriores –Breaking Bad y Mad Men (2007) costaron US$3 millones por capítulo– aún no se pueden comparar con las del cine. Star Wars y el despertar de la fuerza (2015), una película con una producción y un despliegue relativamente similar al de Game of Thrones, costó casi U$S 2 millones el minuto en pantalla.

Sin dudas, las fichas que se juegan a nivel de marketing y promoción en el cine –sumado a las asociaciones entre grandes casas cinematográficas de Hollywood– son de otras dimensiones. Pero no significa que actuales líderes del mercado se queden atrás.

Netflix, que ha pasado a ser un jugador clave en la industria de la televisión, anunció que en 2017 invertirá U$S 6.000 millones en la producción de series y películas originales. Por su parte, Amazon, otro servicio de contenidos on demand que se está haciendo su lugar y que ya se puede ver en Uruguay, invirtió U$S 3.200 millones en contenidos en 2016.

Populares de la sección

Acerca del autor