Por qué tanto crimen en América Latina: la paradoja de la tormenta perfecta

La paradoja es que en la última década, la región ha gozado de saludables tasas de crecimiento y mejores índices sociales. Los ingresos per cápita se han duplicado

 Primero de dos posts sobre el crimen y violencia en América Latina basados en el Documento de Marco Sectorial de Seguridad y Justicia del BID.

 

En América Latina y el Caribe, la inseguridad nos acompaña día tras día, como nuestra sombra. Según las encuestas de victimización, uno de cada cinco latinoamericanos ha sido víctima de un robo en el último año. Y tres de cada cinco robos son cometidos con violencia.

Incluso he sido víctima de eso, durante un reciente viaje en la región, cuando me robaron mi computadora portátil.

Este suceso no es significante comparado a la verdadera tragedia que son los homicidios. Unas 350 personas mueren al día en nuestra región víctima de un asesinato. América Latina y el Caribe cobija un 8% de la población mundial pero aporta un 31% de sus homicidios.

Vivimos con el miedo, el miedo a los asaltos, a perder nuestra vida, que nos van a arrebaten nuestros teléfonos celulares, nuestras pertenencias.

Muchas mujeres tienen miedo al tomar el transporte público, y demasiadas sufren de los embates de la violencia doméstica. Para muchos padres es impensable que sus niños jueguen en los parques cuando oscurece. La inseguridad sube el costo de las inversiones. El crimen y la violencia no solo es un lastre fiscal que quita recursos para otras necesidades sociales como la educación y la salud; socava el estado de derecho.

En el BID sabemos que la inseguridad es uno de los mayores retos de desarrollo que enfrentan los países. En este blog revisaremos los factores que explican por qué nuestra región es tan violenta. La próxima semana explicaremos cómo pensamos abordar el reto para que la próxima generación pueda crecer sin miedos, tomando muchos ejemplos de nuestra propia región que han logrado impresionantes éxitos.

Las razones de los altos niveles de crimen y violencia tienen que ver con lo que llamamos la paradoja de la tormenta perfecta.

La paradoja es que en la última década, la región ha gozado de saludables tasas de crecimiento y mejores índices sociales. Los ingresos per cápita se han duplicado.

Entonces, ¿por qué tanto crimen?

Las causas del crimen y la violencia son complejas. Lo que hace subir los homicidios en un país no necesariamente son las mismas que en otro. Una alza en la tasa de homicidios en la provincia de Rosario en Argentina obedece a factores diferentes a la ola de asaltos a los cajeros automático en Santiago.

Pero sí vemos factores comunes a lo largo de nuestra región. Aquí la tormenta perfecta.

El primero de ellos es que en la última década nuestras ciudades crecieron rápidamente, y esto ocurrió de manera desorganizada, sin que el Estado pudiera garantizar de manera homogénea todos los servicios necesarios a los ciudadanos.

En segundo lugar, las instituciones públicas –incluyendo la Policía y el sistema de justicia– no se adaptaron a las nuevas realidades, lo que significó más impunidad y corrupción.

En tercer lugar, tenemos una enorme población de lo que llamamos Ni-Nis, es decir, jóvenes que ni estudian ni trabajan. Estimamos que uno de cada cinco jóvenes es un Ni-Ni, lo que equivale a 32 millones de personas. Esto supera la población de Perú.

Para muchos de estos jóvenes, la rentabilidad de las actividades criminales es mayor que los beneficios de una actividad legal.

Y encima de estas vulnerabilidades, tenemos la presencia del crimen organizado y el tráfico de drogas. Queremos ser claros: América Latina ha sido un continente violento desde hace muchas décadas, incluso antes de la irrupción de los carteles de drogas. Pero no nos cabe duda que la presencia del narcotráfico encrudece la violencia. Estimamos que un 30% de los homicidios se deben al crimen organizado.

Finalmente, para empeorar las cosas, lo que debería ser una solución se torna en una causa de mayor crimen y violencia: el hacinamiento en nuestros sistemas penitenciarios. Sabemos que las pandillas se fortalecen en las cárceles desbordadas porque ayudan a poner orden en ellas, lo que le da poder que luego pueden proyectar en las calles. No solamente las cárceles no logran rehabilitar y reinsertar individuos en la sociedad, sino crean pandillas más fuertes y criminales más profesionalizados.

En el próximo post repasaremos nuestras cuatro áreas de trabajo: la prevención social, la policía comunitaria, mejoras en el sistema de justicia, y mejores en as coordinación institucional. También hablaremos de dos elementos que deben sostener todos los programas de seguridad ciudadana: más y mejor información y evaluaciones rigurosas.

Este post fue publicado en el blog Sin miedos del Banco Interamericano de Desarrollo (BID)


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