Por qué Warren Buffett puede salirse con la suya en cuestiones de sexismo

El "sabio de Omaha" cuenta viejos chistes sin gracia y sin recriminación
Por Lucy Kellaway
Financial Times


Cuando Warren Buffett fue entrevistado por CNBC la semana pasada sobre el rechazo de Unilever de su oferta por Kraft, hizo un cuento cómico. O más bien, hizo un cuento que el creía que era cómico. Miró a la joven que lo entrevistaba y le preguntó si sabía la diferencia entre un diplomático y una dama. No, respondió Betty Quick.

Con ojos risueños y divertidos, Buffett prosiguió a decirle que si un diplomático dice quizás, quiere decir no. "Pero si una dama dice no, quiere decir quizás. Y si dice quizás, quiere decir sí. Y si ella dice sí" —los ojos de Buffett se esfumaron dentro de su cara sonriente— "¡no es ninguna dama!"

El ángulo de la cámara se amplió para abarcar la cara de la entrevistadora, quien lo estaba mirando horrorizada, con la boca congelada en una sonrisa. El chiste no tenía gracia. Aún en el universo de los chistes sexistas sin gracia, éste era particularmente vulgar.

Pero Buffett se salió con la suya. La mayoría de los periódicos (incluso el Financial Times) no se vieron obligados a mencionar esta desconsiderada broma. La revista Fortune sólo hizo referencia a la "extraña analogía" que él había usado para explicar la reacción de Unilever a la oferta. En Twitter —el criadero global de la indignación moral fácil— a pocos les preocupó que el hombre que dirige una de las empresas más grandes y respetadas del mundo había contado un chiste que podría ser interpretado como un comentario que le restaba importancia a la violación. Un par de personas escribieron en Twitter que Warren Buffett era un cerdo chauvinista, pero hasta ahí llegó la cosa.

Hace cinco años, Sebastián Piñera, entonces presidente de Chile, hizo el mismo chiste sin gracia, sólo que entonces se armó un escándalo. La anécdota fue diseminada por la BBC. Los políticos hicieron fila para denunciarlo, tildando al chiste de "sexista y prehistórico." Uno de ellos dijo que Piñera había deshonrado la nación y dado marcha atrás a la causa de las mujeres por un par de décadas.

Transgresiones menores han metido a personas en líos aún mayores. Cuando Sir Tim Hunt, el científico ganador del Premio Nobel, dijo que el problema con tener chicas en el laboratorio era que te podías enamorar de ellas y que ellas lloraban cuando se les criticaba, fue obligado a renunciar.

También le sucedió a Kevin Roberts de Saatchi & Saatchi cuando dijo que ya no había ningún problema de diversidad de sexo en la publicidad. ¿Entonces, por qué se le permitió a Buffett salirse con la suya?

Podría ser que el estándar de mal gusto aceptable en EEUU se ha vuelto mucho más alto ahora. Comparado con lo que otros viejos prominentes han estado diciendo recientemente, el chiste de Buffett parece inofensivo. En contraste con la declaración de Donald Trump("si Ivanka no fuera mi hija, quizás yo saldría con ella)", no parece nada horripilante.

O podría ser que perdonamos al "sabio de Omaha" porque tiene 86 años. Se crió en una época diferente, cuando todavía no se había inventado el sexismo. Sin duda el joven Buffett y sus amigos contaban chistes inocentes sobre como el "no" de una "dama" quería decir quizás, sin que nadie lo considerara como un insulto.

Pero esta justificación no es aceptable. La edad sólo es una defensa para viejitos con capacidad mental limitada. Cuando tu tío, desde la comodidad de su silla de baño, dice algo sexista o racista es perfectamente razonable dejarlo pasar, basado en que él ya no está al día, y que se gana muy poco al corregirle y con frecuencia se pierde mucho al alterarlo.

Pero ése no es el caso de Buffett. Es una figura pública, cuyo lenguaje sencillo y claro a menudo se considera ejemplar. Controla una irrazonable cantidad de dinero; su fondo Berkshire Hathaway vale alrededor de US$450 mil millones. Si él no está al día sí importa muchísimo. Debería ponerse al día, o debería jubilarse.

Pero sospecho que la verdadera razón por la que perdonamos Buffett es la más inexcusable de todas. Es simplemente porque él es Warren Buffett. No se me ocurre ningún líder del comercio que haya sido tan adorado por tanto tiempo, nunca, en ningún lugar, con la posible excepción de Joseph Rowntree y George Cadbury, los cuales siguieron siendo adorados hasta sus ochentas.

La gente piensa que necesitamos a Warren Buffett, ahora más que nunca. Hemos invertido tanto en su querida y doméstica figura pública, y veneramos tanto su juicio que cuando empieza a hacer chistes sexistas y espantosos, sólo podemos hacer una cosa. Fingir que no lo hemos escuchado.

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