Por una vez, arriba los que luchan

Read y el camino que va del dicho al hecho

En un país tan pequeño que prácticamente está rodeado de agua, que haya niños de 12 años que nunca hayan visto la costa, puede parecer extraño. Pero son miles los pibes que viviendo a media hora en auto de la costa nunca vieron el río, ni el estuario, como no vieron tantas otras cosas. En realidad, no importa dónde vivan, viven lejos de todo. Ver sus caritas llegando a la costa por primera vez, no tiene precio, aunque esto suene a publicidad de tarjeta de crédito. Esta semana en el programa En la Mira de VTV sale al aire una nota de los centros de apoyo social y estudiantil que el gremio de la bebida (la Foeb) construyó y financia en varias zonas del país. Y una parte de la nota trata del primer paseo organizado por uno de esos centros hasta la playa, porque la mayoría de los chiquilines a los que presta asistencia nunca había visto el mar. Podrán pasar mil años que esos nenes no se van a olvidar nunca de ese día. Entre tanto recuerdo con olor a pobreza, uno que huela a mar no está nada mal..

Pero esta vez, frente a unas caritas asombradas ante un mar tan grande como la desesperanza que las rodea cada día, elegí el elogio.

No utilicemos eufemismos: decir centros Foeb es decir los centros que con mano firme –a veces con estilo de mandamás- impuso el líder histórico del gremio de la bebida, Richard Read.

Estos lugares, como otros donde se hace obra social, Read logró incorporarlos dentro de los convenios de salarios que el gremio negocia con la patronal.

Hace un tiempo, en una entrevista que le hice a Read, recorrimos en su camioneta cuatro por cuatro -que lejos de ocultar exhibe ("porque sin haber terminado la escuela gano bien", dice)- el tramo que va de la Fábrica de Cervezas hasta el centro Los Pinos, en Casavalle, otra institución que da apoyo educativo a muchachos carenciados y a la que Read va cada tanto a dar charlas. En una visita de gente de la enseñanza a ese lugar y ante un elogio lanzado por alguien de la delegación, una de las autoridades educativas comentó por lo bajo: "Sí, pero esto lo banca el Opus Dei". "Un pobre tipo", dice Read cuando le cuento la anécdota. "¿Qué carajo me importa quién está detrás de esto? Si está el diablo pero logra sacar a un pibe de la calle y salvarlo de los narcos, que cuente con mi apoyo", agregó, con su verba barriobajera.

Podrán pasar mil años que esos nenes no se van a olvidar nunca de ese día. Entre tanto recuerdo con olor a pobreza, uno que huela a mar no está nada mal.

Durante aquel recorrido hasta Casavalle, Read me iba diciendo: "Acá a la vuelta bancamos un comedor"; "por esta para arriba financiamos una biblioteca"; "a este club lo ayudamos con una iniciativa estudiantil".

Read fue militante del Partido por la Victoria del Pueblo (PVP) hasta 1993 y si bien hoy es independiente sigue firmando sus mensajes con la consigna que caracteriza al grupo frenteamplista: "Arriba los que luchan". Dejó la dirigencia del PIT-CNT porque sus posiciones lo alejaban cada vez más de sus compañeros de los que, no obstante, habla con respeto y cariño. "El más radical de los moderados", lo calificó una vez el genial y recientemente fallecido Lincoln Maiztegui. Read logró niveles salariales increíbles en la bebida, redujo parte de la jornada a seis horas y le dobló el brazo a la patronal cuando pretendía envasar una marca en el exterior. Pero ante ciertas protestas gremiales reacciona, ¿cómo decirlo?, con el sentido común de la gente que no tiene más intereses que vivir su cotidianeidad con dignidad y simpleza: las clases no pueden parar y si los compañeros del transporte dejan a la gente de a pie o Adeom no levanta la basura que no pretendan que se los aplauda, dice.

¿Por qué escribo esto que puede ser un perfil o un panegírico de Read? Porque en mi trabajo como periodista me vive sobrevolando la desilusión, la desconfianza en los hombres públicos, ese nihilismo tan peligroso para este oficio. A los periodistas nos resulta fácil escribir notas críticas de los hombres públicos, a veces porque esa es parte de nuestra función, a veces porque se lo merecen, a veces porque se cae fácilmente en la demagogia de obtener algo parecido a una cuota de credibilidad escribiendo "en contra de", sabiendo que todos los que piensen así nos van a aplaudir.

Escribir sobre Read me aguijonea un poco la envidia por quien no solo dice, sino que hace; me alienta la esperanza de que se puede hacer sin buscar a cambio algún beneficio; me acerca a mis orígenes y al recuerdo de que una de los dramas de la pobreza es la soledad de esas madres libradas a su puro esfuerzo contra un mundo que le es adverso.

El gremialista, al que nada de lo humano le debe ser ajeno, seguro tiene mil defectos y ya le tocará el turno de la crítica. Pero esta vez, frente a unas caritas asombradas ante un mar tan grande como la desesperanza que las rodea cada día, elegí el elogio.

Con el paso de los años he renegado de casi todas las banderas y casi todas las consignas me parecen vacías. Pero cuando por imperio de la biología Read ya no esté para conducir con mano de hierro el gremio de la bebida, ojalá que esos centros solidarios puedan seguir abiertos, y que a los pibes que resulten beneficiados alguien les cuente la historia de este veterano sindicalista que mostró con hechos que se puede hacer realidad esa frase acerca de que los que luchan pueden estar arriba, aunque sean de abajo

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