Post mortem

Espero no tener que tragarme estas palabras en noviembre". Así comenzaba un artículo que escribí para El Observador en agosto

Por Nicasio del Castillo, especial para El Observador

Espero no tener que tragarme estas palabras en noviembre”. Así comenzaba un artículo que escribí para El Observador en agosto con el extravagantemente triunfalista título de “Hillary, por goleada”. La perspectiva de tener que vivir, por lo menos cuatro años, con Donald Trump como presidente no facilita para nada la digestión de estas insensatas palabras.

En otro artículo, con el también poco feliz título de “Gracias, Donald!”, argumenté que Trump era el único posible candidato republicano que podría permitirle a Hillary Clinton ganar las elecciones. En particular pensaba en una fórmula con John Kasich y Jeb Bush o Marco Rubio la que hubiera prácticamente asegurado triunfos republicanos en Florida y Ohio, los dos “swing states” más importantes. En este punto también me equivoqué ya que estos tres candidatos, Bush en particular como miembro de una dinastía, son, al igual que Hillary, parte intrínseca de la clase política.

Las causas del triunfo de Trump se han analizado y se seguirán analizando durante mucho tiempo. Ya parece claro, sin embargo, que la más importante fue el intenso resentimiento hacia la clase política por parte de los grupos del electorado que apoyaron su candidatura. Conscientemente o no, Trump fue quien captó y canalizó ese resentimiento con mayor efectividad. Al no pertenecer a esa clase, quien parecía ser el competidor más fácil para Hillary terminó siendo el más duro.

Este resentimiento neutralizó completamente las tremendas fallas de Trump como persona y como potencial presidente. La gran mayoría de los más de 60 millones que votaron por Trump son seres humanos decentes con los valores familiares, sociales y religiosos que definen a los americanos como una sociedad particularmente puritana. Dado esos valores, quizá lo más sorprendente de esta elección fue la aceptación por parte de los votantes del racismo, sexismo, ignorancia y deshonestidad de Trump. Una y otra vez, cuando surgía una nueva revelación que parecía que liquidaría su candidatura, al poco tiempo se asimilaba, perdonaba y aceptaba.

Mientras que las propuestas de Hillary fueron tomadas en serio pero no resonaron, las de Trump sí resonaron pero no fueron tomadas en serio. A partir de ahora tendrán que serlo.

La reducción de impuestos mencionada en la campaña para empresas y para individuos con altos ingresos seguramente contará con el necesario apoyo parlamentario y será de las primeras medidas que probablemente se adopte. Es posible que también se apruebe un ambicioso estímulo fiscal con importantes gastos en infraestructura. Se espera que la combinación de estas medidas resulte en aumentos en el déficit fiscal, la deuda pública, las tasas de interés y la inflación.

El tiempo dirá si este programa realmente generará crecimiento del producto y mejores empleos y si mitigará los problemas de desigualdad. En el corto plazo, sin embargo, al proverbial “hombre blanco de escasa educación” que apoyó a Trump no lo beneficiará esa reducción de impuestos y el aumento en la tasa de inflación disminuirá el poder adquisitivo de sus ingresos. Irónicamente en lugares como Manhattan, donde Hillary obtuvo el 87 por ciento de los votos, existe una concentración de personas con altos ingresos a quienes ella les hubiera aumentado los impuestos. Con Trump, en lugar de subir, bajarán.

Es aun más preocupante la situación de los aproximadamente 11 millones de extranjeros no documentados y de los 20 millones que pueden perder su seguro de salud si se deroga Obamacare. Para dirigir la transición del Environmental Protection Agency se ha nombrado a Myron Ebell, uno de los líderes de un influyente grupo abocado a disipar “el mito” del calentamiento del planeta. Aún no es claro quiénes estarán a cargo de implementar las descabelladas y peligrosas propuestas sobre el comercio y la política internacional.

Afortunadamente el gobierno americano cuenta con un sistemas de frenos y contrapesos que deberían, en buena medida, limitar el daño que Trump podría llegar a causar. Varios ejemplos recientes muestran la fuerza e independencia de las instituciones. A pocas semanas de la elección, el HHS (el ministerio a cargo de la salud pública) anunció un aumento del 20% para 2016 en el costo de los seguros médicos bajo Obamacare. Por más que este anuncio fue claramente perjudicial para Hillary, no existe ningún indicio que se haya tratado de demorar hasta después de las elecciones. El Departamento de Justicia se limitó a expresar sus graves reservas a James Comey, Director del FBI, con respecto a la carta que envió al congreso relacionada con los mails de Hillary. Es ya claro que la transición a la nueva administración se llevará a cabo con total profesionalismo.

Es triste que la oportunidad histórica de que una mujer eminentemente calificada accediera a la presidencia de los Estados Unidos no se haya concretado. Hillary sin duda llegó a esta elección con el lastre que naturalmente se acumula a través de una larga carrera política. Irónicamente, su voto a favor de la nefasta invasión a Irak no tuvo el mismo impacto negativo que en la campaña del 2008. Por otro lado, la gravedad del problema de su servidor privado se magnificó debido a su incapacidad para encararlo frontalmente.

Los virulentos ataques a sus finanzas fueron desproporcionados. Es inimaginable que los Clinton hayan recibido fondos, tanto a título personal como en su fundación, que no hayan sido declarados. En los últimos ocho años tuvieron ingresos personales por un total de US$ 139 millones sobre los que pagaron 44 millones en impuestos federales. Resulta lógico asumir que su gestión como Secretaria de Estado durante el primer período de Obama fue intensamente analizada. Si se hubiera identificado alguna situación de quid pro quo relacionada con la fundación, sin duda se hubiera utilizado en su contra durante la campaña. Esto no sucedió.

Para usar un adjetivo que le resultó tan costoso a Hillary durante la campaña, en lugar de ella terminamos con un deplorable ser humano como presidente. l

Contador uruguayo que completó el International Tax Program en la Escuela de Leyes de la Universidad de Harvard y ejerció su profesión desde Nueva York.