Pragmáticos en el comercio

Columna de opinión publicada en El Observador Agropecuario
La última semana se abrió una incertidumbre ante el cambio de gobierno en Estados Unidos, razonable dudas desde el momento en que el propio nuevo presidente Donald Trump anunció una política más proteccionista para favorecer a los ciudadanos de su país.

Es así que la administración estadounidense suspendió o detuvo por 60 días –le dicen stay–todas las reglamentaciones en trámite para revisarlas. Hablamos de las autorizaciones en trámite para ingresar con nuevos productos al mercado de EEUU, por ejemplo. Sin embargo, esa resolución es habitual en el cambio de gobierno y también la había adoptado ex presidente Barack Obama.

Con esa resolución quedó también dilatado el proceso de ingreso de la carne ovina con hueso Con esa resolución quedó también dilatado el proceso de ingreso de la carne ovina con hueso

No hay ninguna suspensión de procesos, sino una revisión. Le pasó a los limones de Argentina, cuya autorización de ingreso había sido aprobada el 23 de diciembre pasado para ser ejecutada un mes después, pero tres días antes llegó la medida avalada por Trump.

Con esa resolución quedó también dilatado el proceso de ingreso de la carne ovina con hueso uruguaya, que ya había sorteado la última etapa de la consulta pública (en agosto de 2016) y faltaba la firma de la autorización.

Lo que este episodio no puede poner en duda es la excelente relación comercial entre ambos países, que ha sabido de importantes logros para los intereses de Uruguay.

Basta recordar la aprobación del reingreso de la carne bovina uruguaya al mercado estadounidense en 2003, luego de la debacle provocada por la aparición de la fiebre aftosa.

Luego sucesivamente EEUU autorizó –mediante negociaciones, algunas de ellas más prolongadas de lo esperado– el ingreso de los arándanos en 2007 y de la fruta cítrica y la carne ovina sin hueso en 2013. A cambio, Uruguay hizo sus concesiones, como la carne de pollo y de pavo, más una adecuación para las semillas de papa, entre otras cosas.

Siempre recordamos las palabras de Luis Alberto Lacalle cuando, luego de la puesta en marcha del Mercado Común del Sur (Mercosur), que prometía 200 millones de consumidores al firmarse el 26 de marzo de 1991, y siendo presidente de la República, dijo que Uruguay le vendería "a todo el que nos quiera comprar". Fue una señal clara de que el acuerdo con los vecinos no impide comerciar con el resto del mundo.

Uruguay tiene más de 140 mercados abiertos en el mundo para colocar la carne vacuna, el principal rubro de exportación del país. Y espera con cierta expectativa reabrir Japón, el último mercado importante que resta luego de superar la fiebre aftosa.

La moraleja es que Uruguay debe seguir negociando sus productos con aquellos mercados que le quieran comprar

Como bien recuerda cada vez que puede el ministro de Ganadería, Agricultura y Pesca (MGAP), Tabaré Aguerre, el 75% de las exportaciones uruguayas provienen del sector agropecuario y de la agroindustria. Pero, además, no vende lo que le sobra, sino la mayor parte de lo que produce en carne, granos, lácteos, fruta cítrica, arroz.

Por eso la moraleja es que Uruguay debe seguir negociando sus productos con aquellos mercados que le quieran comprar. No hay por qué temer un retroceso comercial en EEUU. Y hay que seguir adelante en las negociaciones con China, donde una visita oficial reforzó en octubre pasado las bases para incrementar el intercambio con el gigante asiático.

Ojalá que la carne ovina con hueso ingrese este año a EEUU, pero tampoco hay que perder de vista que la meta es más amplia y hay que tratar de mejorar el acceso a los mercados. Y para todo ello hay que ser pragmáticos.


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