Precios "exorbitantes" en balnearios: ¿cuándo son un problema?

La suba de precios es parte del juego entre oferta y demanda, pero en algunos casos puede dañar a todo el mercado

Como cada año cuando empieza a acercarse el calor, el remarque de precios en el este del país se instala en la discusión pública. Voces tanto del gobierno como de operadores privados se han expresado acerca de algunos incrementos llamativos en las últimas semanas. En concreto, la ministra de Turismo, Liliam Kechichian, se mostró preocupada por los $ 100 que pedían por un café en un comercio del este.

La jerarca también llamó a que haya un "control social" de parte de la gremial del sector, la Cámara Uruguaya de Turismo (Camtur), para evitar que este tipo de situaciones desalienten la llegada de visitantes al país.

El presidente de la Camtur, Juan Martínez, indicó que se trata de "descarrilamientos", pero precisó que se trata de "uno en miles".

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Además, en los últimos días circularon por redes sociales algunas fotos de facturas de establecimientos esteños. En una de ellas –de una pizzería de Punta del Este– se indicaba que por dos refrescos, dos cervezas de un litro y dos pizzetas grandes se había abonado un total de $ 2.480.

La misma pizzeta se paga 28% más cara en el principal balneario que en un establecimiento de esa franquicia en Montevideo.

Fundamentos

Más allá de estos casos puntuales, hay fundamentos económicos que explican por qué un mismo producto puede tener precios bien diferentes en un lugar o en otro. El Observador consultó a dos economistas expertos en el análisis de mercados y competencia.

El economista Sebastián Fleitas dijo que durante la temporada, los destinos turísticos reciben un "shock de demanda", frente a la cual, en general, las empresas suben los precios. "Eso atenta contra la cantidad que venden, podrían vender más si el precio no fuera tan alto, pero probablemente hagan mucho beneficio vendiendo la cantidad que venden", dijo.

Además, ejemplificó que, poniéndose en los zapatos de un comerciante que se dedica a vender Coca Cola en una playa de Punta del Este, si la ofrece a $ 200 y la gente la compra, "¿por qué la tendría que vender más barata?".

Continuando con este ejemplo, el economista dijo que si se asume que el costo de obtener este refresco por parte del comerciante es el mismo en cualquier lado, de todas formas "el tema es que en Punta del Este vas a tener una demanda muy fuerte durante este periodo que no la vas a tener en Montevideo".

La explicación última por la cual los precios suben, sintetizó Fleitas, es que "la gente los paga".

Por su parte, el también economista Leandro Zipitría distinguió que acerca de algunos precios –por ejemplo, artículos de supermercado– el consumidor en general está informado. Pero acerca de otros, no tanto, dijo. "Un café que tomás en el puerto mirando las ballenas... sabés que lo que vas a pagar más caro", indicó, y agregó que "cuánto es el problema y en general es la sorpresa".

Sostuvo que cuando algunos empresarios deciden cobrar "precios exorbitantes" por algún producto o servicio -muy por fuera de lo que el mercado está dispuesto a pagar- "generan una externalidad negativa" sobre el destino en su conjunto.

En este sentido, agregó que si el turista no puede individualizar al establecimiento en cuestión "sanciona al destino y no al comercio".

Por su parte, el economista Rafael Mantero opinó al respecto en su cuenta de Twitter. "Si un boliche cobra 900 mangos una pizza y se llena en forma regular, ¿cuál es el problema?", se preguntó.

"Después leemos el case study de Starbucks para cobrarte US$ 150 un café y nos parecen unos genios. Ojalá en Uruguay aprendamos a poder cobrar US$ 1.000 por un pancho y llenar boliches, en lugar de establecer márgenes de rentabilidad 'morales'", concluyó.


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