Premiada obra argentina se estrena en el Solís

El actor y director argentino Sergio Boris presentará hoy Viejo, solo y puto, que se desenvuelve en una farmacia del conourbano bonaerense

obre el escenario principal del Teatro Solís, un laberinto de estanterías repletas de remedios configurará una trastienda particular. Una en la que los conflictos se tejen al tiempo que los cuerpos se entrelazan y se ocultan entre las repisas.

De la mano del actor y director argentino Sergio Boris, la premiada Viejo, solo y puto (2010) se presentará hoy y mañana en Montevideo enarbolando la adicción como su eje principal.

Ambientada en una farmacia del conurbano bonaerense, la obra se desarrolla poco antes de que sus cinco personajes -dos travestis, dos hermanos encargados del local y un visitador médico- salgan a celebrar a una bailanta, El Mágico Tropical.

El motivo del festejo, explica Boris a El Observador, es la graduación de Daniel, el hermano más joven, recién separado de su esposa. Sin embargo, es esa misma instancia la que le permite al personaje, ahora farmacéutico, adentrarse en un mundo que le era ajeno y sobre el cual pretende ejercer su control, aunque termina sucumbiendo.

En ese entorno, su hermano mayor, Evaristo, siempre se ha hecho cargo del costado más ilícito del local, las inyecciones hormonales a travestis con el visitador médico como su cómplice. Las víctimas y partícipes, en tanto, son las dos travestis, que se someten a las jeringas y a las pastillas para alcanzar los cuerpos que desean. En las situaciones que se desarrollan, "el humor aparece en la combinación entre lo trágico y lo ridículo", explica Boris.


Trabajo fundacional

Los conflictos entre los personajes, guiados por el vicio, el amor y la lucha de saberes y poder, fueron gestados durante dos años de improvisaciones y de trabajo de campo entre el director y sus cinco actores, Patricio Aramburu, Marcelo Ferrari, Darío Guersenzvaig, Federico Liss y David Rubinstein.

"Es una forma de trabajo que vengo empleando desde que empecé con la dirección, y tiene que ver con una concepción de lo teatral: cómo construir un relato teatral donde el texto no sea el único procedimiento para acumular dramáticamente", comenta Boris, para lograr intensidades, colores y musicalidades en las actuciones.

En esa intención, la primera hipótesis de trabajo fue el planteo de la farmacia, aledaña a una "villa miseria", y sus cinco personajes. "En ese cruce apareció el tema de la hormona como eje en relación a la adicción", tanto de quienes la reciben como de quienes la suministran.

El rol del vicio, explica Boris, surgió de la presencia misma de los travestis y sus demandas dramáticas. "Ellas necesitaban una situación dramática para que incorporarlas no fuese solo una decisión de color, algo ocurrente. Podrían haber sido prostitutas, pero ahí decidimos crear algo relacionado a la medicación, a lo amoroso entre el farmacéutico, el visitador médico y el travesti, a lo que está siempre ligada la hormona".

En ese sentido, Boris reniega de la etiqueta "realismo social", ya que su historia prefiere ubicarse en un lugar poético, "impregnado de algo forzado, falso, construido". Asimismo, ambos personajes, Sandra y Yulia, no funcionaron solo desde sus roles particulares, sino que también aportaron a la configuración misma del relato, sus temáticas y sus dinámicas.

"Intentamos no ir a la burla o a la parodia, sino a la complejidad humana. En ese sentido nos estimuló lo afirmativo de la condición de los travestis". Con un promedio de vida de 35 años, prostitución, enfermedades y drogas, "hay algo afirmativo en ellas, que van más allá de saber su destino final. Van alegre y afirmativamente a cumplir la naturaleza de sus deseos", explica. "Eso llevó a la obra a intentar alejarse de lo melancólico. Más allá de que haya zonas melancólicas, los personajes son todos afirmativos. Ellas tiñeron a todos los demás con ese espíritu".

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