Premio al pasado ¿y al futuro?

El pasado sábado 26 el presidente Tabaré Vázquez recibió en la ONU el Premio Mundial al Desarrollo Digital Sostenible.

El reconocimiento a nuestro país se basa en los avances que Uruguay registró en los últimos años en el área de la tecnología de la información y de la comunicación (TIC). Y básicamente el reconocimiento de la ONU atiende a la importancia del Plan Ceibal (implementado en la primera administración Vázquez) y, en especial, al Proyecto de Fibra Optica al Hogar implementado por Antel en la presidencia de José Mujica. El proyecto de fibra óptica se complementa con la red nacional LTE de cuarta generación de telefonía móvil, donde compiten ANTEl, Movistar y CLARO, todo lo cual que permite posicionar a Uruguay en los primeros lugares en el mundo en conectividad de internet fija y móvil.

De hecho, Uruguay ocupa en 5º lugar en el mundo en porcentaje de hogares conectados con Fibra Optica e Internet en relación al total de conexiones de banda ancha. Uruguay también es el país con precio de internet más bajo de América Latina y es líder en inclusión tecnológica en el continente por quintil de ingreso. Se lo mire por donde se lo mire, ya sea cantidad de hogares, calidad del servicio y precio del servicio, Uruguay ha mejorado notablemente en los últimos años y se sitúa a la cabeza en América Latina y en muchos indicadores también a nivel mundial. Es algo para celebrar sí, especialmente por el esfuerzo estratégico y financiero que realizó ANTEl en la implementación de estos proyectos, pero es algo que sobre lo que hay que reflexionar.

¿Recuerda el lector los tiempos no tan lejanos de inicios de 2010, en que un director de Antel objetó demandas de una conexión a internet más rápida y barata que la existente en ese momento? Yo lo recuerdo bien pues fue en enero de 2010 en respuesta a la queja de un destacado empresario argentino del área digital que estaba de vacaciones en La Barra y tenía enormes problemas con la lentitud de la conexión a internet. Tanto que realizó un estudio y a Uruguay le dio muy mal incluso comparado con América Latina. Y recuerdo que ese director respondió algo así: ¿para qué quieren internet rápido? ¿para mirar el mail, chatear y bajar películas? Y así descartó la necesidad de agilizar nuestra infraestructura tecnológica. Afortunadamente la ONU no nos miró en aquella época porque nos hubiera dado un premio a la falta de visión como país.

Ese directorio cambió, y vino uno nuevo presidido por la Ing. Carolina Cosse que tenía una visión diametralmente opuesta. Diseñó el Programa de Fibra Optica al Hogar, la red de LTE, y varias innovaciones más. Y 5 años más tarde, el presidente Vázquez recibe un premio en la ONU, pero los uruguayos tenemos un premio mayor al alcance de la mano con internet de alta velocidad, a precios competitivos y ello nos permite si, mirar el mail más rápido pero sobre todo trabajar entre nosotros y con el mundo, exportando trabajo uruguayo y aprovechando las ventajas de la tecnología.

Ahora bien, ¿cómo fue posible esto? El rápido desarrollo tecnológico no estaba escrito en las políticas del programa del FA. Y si se hubiera consultado al Plenario del FA que elabora ese programa, dudo mucho que se hubiera aprobado una inversión de US$ 500 millones con ese fin. Hubiera prevalecido la postura del director: ¿para que queremos internet rápido? Algunos hubieran querido el dinero en la caja del gobierno; otros lo hubieran puesto en planes sociales de asistencialismo, pero pocos hubieran apostado a invertir y a crecer. Afortunadamente hoy los US$ 500 millones están invertidos y con capacidad de producir y ayudar al trabajo de los uruguayos, algo que no va con el asistencialismo permanente ni con la ayuda a las arcas del gobierno central. Con las visiones reduccionistas de “la caja” y del “asistencialismo” no tendríamos algo que es orgullo de los uruguayos y envidia de muchos países latinoamericanos y un atractivo a inversores que necesitan buenas comunicaciones y no solo para mirar el mail cada mañana.

Bienvenido el premio de la ONU. Pero miremos con cuidado para adelante y no permitamos que la visión de la “caja” ni la visión “asistencialista” hagan detener un proyecto que seguirá necesitando inversión, visión y energía para ir contra el statu quo del “no se puede” o del “no podemos”.  


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