Presos encararon a adolescentes infractores con una obra de teatro

Reclusos de Punta de Rieles se presentaron ante internos de la Colonia Berro
Un banda de presos se enfrentó a un grupo de adolescentes internados en la Colonia Berro. Nunca antes hubo un duelo similar. Frente a frente, cara a cara, los mayores desenvainaron sus historias de encierros y pérdidas. "Es una vida de mierda; llevo la mitad de mi vida preso", le dijo uno de los hombres a los muchachos, que podrían ser sus hijos, sus sobrinos o él mismo dos décadas atrás.

El taller de teatro de la cárcel de Punta de Rieles presentó el jueves pasado "El día después", una obra que relata la historia de un preso que al recuperar la libertad busca trabajo y encuentra el rechazo social. Fue la primera vez que se concretó un intercambio cultural de este tipo, la primera vez que reclusos entraron a la Colonia Berro para presentar su trabajo. Algunos privados de libertad, como Junior Morales, de 23 años, habían estado internados en Berro cuando eran adolescentes. Volver implicó enfrentarse a su pasado pero, al mismo tiempo, cerrar una etapa. "El primer objetivo que teníamos hace un año atrás era traer este mensaje acá a la Berro", comentó Adrián Baraldo, el autor de la obra.

Antes de comenzar, los presos recordaron su pasado y dejaron algunos consejos. "Estuvimos encerrados, peleándonos con todo el mundo", dijo uno. "No pude criar a mi hija. Me pasaron un montón de cosas malas para darme cuenta que el camino que elegí fue el equivocado. Me hubiese gustado tener otra vida", comentó otro. "Eso de 'vamo arriba los chorros, vamo arriba la delincuencia', no existe. Hablando mal y pronto esto es una vida de mierda. Esto es una vida de mierda", insistía.

Los 16 adolescentes que están internados en el hogar Cerrito de la Colonia Berro los miraban y escuchaban. "Laburar, tener hijos, preocuparse por las cuentas, eso es vivir", aconsejaba uno.
"Prefiero estar pelado pero libre. Hay mucha gente que está libre y está pasando mal, pero son felices. Se levantan y tienen a la familia. Comparten un mate. Comen un plato de guiso. Eso es lindo. La vida es una sola y es corta. Y la libertad es lo más grande que hay".

Nadie está libre
Los presos hablaron con los adolescentes antes de la presentación
Los presos hablaron con los adolescentes antes de la presentación

La conversación se fue desgajando pronto de idealismos. "Están recontra a tiempo de hacer un cambio en sus vidas, igual que nosotros. Los tiempos procesales son totalmente diferentes cuando sos menor que cuando sos mayor. Se te va yendo la vida y decís 'tas loco, soy tremendo pelotudo, mira dónde sigo, mirá dónde estoy'".

Uno de los más veteranos tomó la posta. "Todo lo que nos decían ya lo sabíamos. Todos fuimos gurises. Todo esto ya lo saben. Está en ustedes, gurises. Ustedes tienen la oportunidad de salir de vuelta y rehacer sus vidas". Los adolescentes los miraban mudos. "Guapo el que labura", sentenció el hombre. Entonces, Baraldo dio por cerrado el asunto y puso en marcha su sueño, la obra que escribió para presentar junto a otros 12 reclusos en la Berro.

Guapo el que labura

"El día después" es una pieza costumbrista que cuenta la historia de Jerónimo, un preso que al recuperar su libertad se presenta en el Patronato de Liberados y se encuentra luego con un canillita que también estuvo preso y que lo invita al bar de Manolo, donde suele encontrarse con un grupo de amigos. Isaac, el armenio, y Manolo, el gallego, se enervan al enterarse que llegará un expreso al bar.
"El pibe que les conté sabe de albañilería", les dice el canillita. "Sí, sabe hacer boquetes", retruca desencantado Manolo. Finalmente, Isaac afloja y le da trabajo. La obra, musicalizada por tres guitarristas, termina con los reclusos entonando una canción que lamenta errores y con el aplauso de adolescentes, educadores y policías.

"Nadie está libre" es uno de los leimotiv de la obra. Nadie está libre de caer preso, nadie está libre de años de encierro, casi nadie estaba libre en esa pieza de la Colonia Berro, donde todos estaban contentos, aunque afuera la lluvia se convirtiera en granizo.

Adrián Hernández nunca pensó que el teatro iba a darle la oportunidad que tuvo el 31 de agosto, cuando la obra fue presentada en la Intendencia de Montevideo. Nunca lo pensó porque nunca había visto una obra de teatro ni se había imaginado actor. Ese día, mientras interpretaba al funcionario del Patronato de Liberados, encontró entre el público a su padre. Hacía siete años que no lo veía. "Viajé cuando lo vi", comentó a El Observador, mientras almorzaba piza y masitas elaboradas por los adolescentes del Cerrito. La actividad fue organizada por Proderechos, el Instituto Nacional de Inclusión Social Adolescente (Inisa) y la cárcel de Punta de Rieles.

Después de la obra y de muchos años lejos de las buchacas, algunos presos volvieron a jugar al pool esta vez, desafiados por adolescentes. "Parecen buena gente. Si fueran otros, no venían. Se ve que ellos quieren salir adelante", comentó uno de los menores que vio la obra junto a su madre y su hermana. La mujer, que viaja desde Salto una vez al mes para encontrarse con su hijo, también quedó sorprendida. "Me pareció fantástica la obra. Una lección de vida para los gurises, para que aprendan lo que ellos pasaron, para que les sirva como un espejo, que puedan verse y no repetir", dijo. Los educadores y el director del centro también destacaron la importancia del encuentro.

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"Está bueno; son un ejemplo", comentó un adolescente sobre las inusuales visitas de ese día. Justo ese día, el joven se despidió de sus compañeros después de pasar un año recluido. Le había llegado la hora, la libertad. "Portate bien, gil", le aconsejó uno de los muchachos. Él se despidió de cada uno de sus compañeros y de los educadores. Cruzó la reja del centro y de la colonia acompañado de su abuela. Se fue sabiendo que nunca más volvería. Con 18 años, lo que más le preocupa es conseguir trabajo.

Rapeando llegaron al Solís

En la Colonia Berro hay unos 215 adolescentes distribuidos en diferentes centros, mientras que en los lugares de reclusión para adolescentes de Montevideo, otros 280 menores de edad. El centro Cerrito, de baja seguridad, brinda una atención personalizada a los adolescentes. En este momento hay 16 jóvenes allí, que hacen talleres de panadería, carpintería, informática, futbol, huerta, radio y hip hop. En el marco del programa Nada crece a la sombra, de Proderechos, nueve adolescentes fueron al teatro Solís el 9 de setiembre a ver un espectáculo del grupo Contra las cuerdas. En acuerdo con la banda, los adolescentes rapearon en uno de las canciones. El video se puede ver en la página web de El Observador. Al día siguiente de la visita de los presos, los adolescentes hablaron sobre la obra de teatro en su taller de radio. El audio también puede escucharse en el portal. El programa Proderechos, que da cuatro talleres en este centro, surge en el marco de la campaña No a la baja y pretende impulsar procesos de alejamiento del delito a través de herramientas socioeducativas que transformen las formas de expresión de los adolescentes para romper así los círculos de violencia.

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