Primo, un vino para conquistar infieles

Crónica de una cata vertical del ícono de bodega Pizzorno

En 1983, siendo muy joven y ya recibido de enólogo, Carlos Pizzorno se hizo cargo de la bodega de su familia. Cinco años más tarde viajó a Europa para conocer la realidad vitivinícola de países pioneros. A la vuelta decidió empezar a cambiar el viñedo que, como la mayoría en Uruguay, estaban cubiertos de uva Frutilla, híbridos y variedades de baja calidad enológica. Esa tarea le llevó 12 años, porque en vez de tomar crédito decidió invertir de a poco cuando tuviera dinero. Con esa decisión fundamental de la reconversión a lo largo de los 90, esta bodega de Canelón Chico se asentó y encontró un estilo propio. El 22 de diciembre del 2000, cuando la familia pensaba en Navidad y en cómo iba a estar el clima de la vendimia próxima, le llegó un llamado de Londres que cambiaría el rumbo de la empresa. Desde ese país confirmaron la primera compra de vinos Pizzorno al exterior. Hoy, más de 15 años después, 60% de su producción se va de Uruguay, a destinos como Australia y Singapur.

Para festejar los 100 años de la bodega (fundada en 1910), Carlos Pizzorno pensó en elaborar un gran vino. Esos vinos que generan orgullo en los enólogos, y que generalmente no son redituables económicamente. Así nació Primo, el primer vino de alta gama de Pizzorno. Un blend tinto que se elabora sólo en las cosechas excelentes en sus viñedos, y que fue presentado días atrás en una cata vertical organizada por el hotel Conrad de Punta del Este.

Emocionado, orgulloso y agradecido, el director de la bodega repasó con los asistentes tres vinos de la misma línea, pero de distintos años: 2006, 2008 y 2011. Todas, según relató Carlos Pizzorno, fueron cosechas excelente para ellos. Faltó la 2004, de la cual no queda ninguna botella en la bodega, y la 2013, que es la más reciente elaborada.

En la degustación guiada se pudo apreciar la evolución de ese gran vino. Aromas terciarios (los que se generan en la crianza) predominan en la 2006. Ese olor a cuero exquisito que se encuentra en vinos con años encima, y el color ya opaco y con tonos a teja que muestran a las claras su edad. También se aprecian aromas a café y tierra.

El 2008 fue elaborado con uvas de un segundo viñedo que Pizzorno tiene a pocos kilómetros de la bodega, y donde el suelo es distinto al campo del casco del establecimiento. En este momento, esa cosecha parece estar en su momento justo para degustar, ya que los aromas de evolución se combinan con la fruta bien presente.

Finalmente el 2011 muestra que aún tiene potencial de guarda. La acidez y frescura están a flor de piel. Es un vino rabioso, intenso, y a diferencia de los dos anteriores, donde la base es de Tannat con el aporte de Cabernet Sauvignon, Merlot y Petit Verdot, agrega Malbec en lugar de Merlot.

En el evento Carlos Pizzorno estuvo acompañado de su familia. Francisco, su hijo (encargado de exportaciones y turismo), dejó uno de los mensajes más atractivos de la noche. Él repitió algo que dice su padre a menudo: la bodega -como todas- debe pelear contra la infidelidad de los consumidores.

En definitiva todos queremos probar cosas distintas, mientras que las bodegas intentan que siempre le compren sus vinos. Uno puede tener vinos preferidos, pero si realmente le gusta el vino deberá abonar esa avidez por descubrir cosas nuevas.

Pero claro, cuando estamos frente a vinos como Primo, esa regla se puede romper, aunque sea por una noche

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