Problemas con el mail de Clinton exceden la investigación del FBI

Director de la agencia descartó delitos, pero dijo que fue "extremadamente descuidada"
Por Chris Cillizza
The Washington Post

Aquí están las buenas noticias para Hillary Clinton: el FBI recomendó no demandarla tras la investigación al servidor de correo electrónico privado de la ex secretaria de Estado.
Aquí está la mala noticia: casi todo lo demás.

El director del FBI James Comey desmanteló gran parte de la historia largamente contada por Clinton acerca de su servidor privado y lo que ella había enviado o recibido durante una agitada declaración ante la prensa de 15 minutos en que no aceptó preguntas. Mientras Comey exoneró a Clinton desde el punto de vista legal, proporcionó gran cantidad de insumos que la podrían debilitar fuertemente en el tribunal de la opinión pública.

Lo más importante, Comey dijo que el FBI encontró 110 correos electrónicos en el servidor de Clinton que en el momento en que fueron enviados o recibidos eran clasificados. Eso está en contradicción directa con la repetida insistencia de Clinton de que nunca había enviado o recibido ningún correo electrónico clasificado. E incluso contrasta con su declaración enmendada de que nunca había enviado o recibido información clasificada alguna a sabiendas.

Comey condenó a Clinton y a sus principales colaboradores como "extremadamente negligentes" en la forma en que manejaron la información clasificada durante su tiempo como jefa del Departamento de Estado, y agregó: "Cualquier persona razonable (...) debería haber sabido que en un sistema no clasificado no había lugar" para ese tipo de información.

Había más, mucho más. Comey dijo que Clinton había utilizado no uno, sino varios servidores de correo electrónico privado durante su tiempo en el Departamento de Estado. Dijo que Clinton utilizó múltiples dispositivos de correo electrónico durante ese tiempo. (Ella había expuesto su deseo de utilizar un solo dispositivo para su "conveniencia" como la razón principal por la que había configurado el servidor privado). Comey observó que los abogados encargados por Clinton para la separación de sus correos electrónicos privados de los profesionales en realidad nunca leyeron todos los correos electrónicos (como el FBI hizo en el curso de su investigación). Y dijo que aunque el FBI no encontró ninguna evidencia de que el servidor privado de Clinton hubiese sido hackeado por gobiernos extranjeros, era posible que lo hubiese sido. Sostuvo que los abogados de Clinton habían eliminado los mails que habían marcado como personales y que contenían contenido profesional, y que mientras el FBI encontró algunos de los mensajes en su investigación, sin duda era posible que existieran otros que fueron incapaces de localizar.

Vale la pena recordar en este punto que Clinton y su equipo eliminaron más correos electrónicos que los que luego entregaron al Departamento de Estado.

Es difícil de leer la declaración de Comey como otra cosa que no sea un reproche al por mayor de la historia que Clinton y su equipo de campaña han estado contando desde que la existencia de su servidor de correo electrónico privado salió a la luz en la primavera boreal de 2015. Ella sí envió y recibió mails clasificados. Esa configuración sí la dejó a ella y a la información clasificada en el servidor sujetos a un posible hackeo extranjero. Ella y su equipo sí borraron correos electrónicos tan personales que contenían información profesional.

Esos son los hechos, datos entregados por el Departamento de Justicia de una administración demócrata. Y esos hechos corren absolutamente en contra de la narración planteada por la operación de Clinton: que todo esto era una caza de brujas republicana empujada por medios de comunicación adversarios.

Ahora la pregunta clave: ¿Cuánto de las conclusiones del FBI perjudican su campaña?

Clinton evitó la acusación judicial, un dictamen que hubiera terminado de manera efectiva su campaña o que la hubiera dejado tan debilitada al punto tal de generar un importante movimiento en los círculos demócratas para reemplazarla como candidata.

Dicho esto, las campañas no se rigen por la legalidad última de lo que Clinton hizo o no hizo. Así, mientras que esquivar un procesamiento es una buena cosa –no está bajo investigación penal y sigue siendo candidata– es algo muy diferente a que esté limpia (o incluso cerca de estarlo) en el tribunal de la opinión pública.

Para una candidata que ya estaba luchando mucho ante preguntas de si es honesta y suficientemente confiable como para ejercer el cargo al que aspira, los comentarios de Comey son devastadores. Al verlos, pude cerrar los ojos e imaginar que empalman en un grupo de anuncios de 30 segundos, todos los cuales terminan con el director del FBI retando a Clinton como "extremadamente descuidada".

Lo mejor que puede haber a favor de Clinton en este momento es que los republicanos están a dos semanas de nombrar formalmente a Donald Trump como candidato presidencial de su partido. Trump demostró una capacidad única para acaparar la atención nacional y realizar comentarios que hacen que la gente se pregunte si está en condiciones de ser presidente. Si bien los números de aprobación de Clinton son malos, los de Trump son peores.

He aquí cómo Trump respondió a la rueda de prensa de Comey, al tuitear: "El director del FBI dijo que la deshonesta de Hillary comprometió nuestra seguridad nacional. No hay delitos. Wow! #SistemaAmañado".

"¡Wow!" no es precisamente la más presidencial de las respuestas.

De todas formas, a fin de cuentas, este es un día muy malo para la campaña de Clinton. No es el peor resultado (como un procesamiento), pero desbarata fuertemente sus intentos de dejar atrás la historia del servidor de correo electrónico mientras busca unir al partido antes de la convención demócrata a finales de este mes. Y esto sugiere que el tema del mail la perseguirá en todo el camino hasta las elecciones del 8 de noviembre.

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