Provechosa presencia militar

Los pagos de la ONU ayudan tanto a los magros presupuestos de las tres armas como a los miles de efectivos

Los militares uruguayos cumplen múltiples tareas sociales y de ayuda humanitaria, tan útiles como necesarias. Pero su función específica no es el rescate de inundados u otra formas de asistencia a víctimas de desastres naturales, ni pintar escuelas deterioradas o recoger la basura acumulada en las calles de Montevideo. El soldado es entrenado para actuar en conflictos armados y asegurar la paz. Este cometido, con los riesgos personales que conlleva, y su cumplimiento dentro de normas de derecho descalifican la oposición de algunos legisladores del Frente Amplio y del solitario diputado de Unidad Popular, Eduardo Rubio, a que efectivos uruguayos sigan integrando las misiones de paz de Naciones Unidas en diferentes partes del mundo.

El argumento de que su participación contraría la política de no intervención en los asuntos internos de otros países carece de fundamento. Lo tendría si Uruguay actuara por su cuenta o en alianza con otras naciones. Pero no se sustenta al operar bajo mandato del organismo mundial supranacional, creado después de la segunda guerra mundial justamente con la meta, aún elusiva pero prioritaria, de pacificar el planeta. Por otra parte, no pueden soslayarse los beneficios que recibe el país. Los pagos de la ONU ayudan tanto a los magros presupuestos de las tres armas como a los miles de efectivos que han integrado las misiones de paz, que logran mejorar las paupérrimas condiciones de vida que le permiten sus bajos salarios. La experiencia en zonas conflictivas en el exterior fortalece además su formación profesional.

Más importante aun es el prestigio ganado por el país con décadas de presencia en fuerzas dirigidas a la pacificación. Viene desde antes de que existiera la ONU, cuando una misión uruguaya medió hace 82 años en la guerra entre Paraguay y Bolivia. Desde entonces efectivos uruguayos integran unidades de paz de la ONU en diferentes partes del mundo. El principal contingente actual está en el Congo, con 1.160 oficiales y soldados, a los que se agregan 253 en Haití, 57 en la península de Sinaí y observadores en el conflicto entre India y Pakistán, en Costa de Marfil y en Colombia. La ONU reconoce la importancia de la presencia militar uruguaya en sus misiones de paz y actualmente quiere incorporarla a las unidades del organismo que operan en la convulsionada República Centroafricana.

La situación del contingente en Haití ha revivido los embates de algunos sectores de la izquierda contra su continuidad. La reciente decisión del Parlamento de que los efectivos retornen en abril fue votada por la bancada del Frente Amplio por disciplina partidaria, ya que hay legisladores de la alianza de izquierda que han expresado su apoyo a que Uruguay siga integrando las misiones de la ONU. El debate generado por quienes se oponen surge de desvíos ideológicos sin sustento y de errores conceptuales sobre la pertinencia de que efectivos militares uruguayos se incorporen a acciones de pacificación dispuestas por la ONU en zonas de conflicto. Sujeto a que las condiciones para integrar las misiones del organismo sigan atendiendo los intereses del país y a su estructura jurídica, nada debe obstar a que se mantenga la participación uruguaya donde la ONU la solicite.


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