Pueblos perdidos: una recorrida medieval

Con mucho menos marketing que las grandes ciudades, pero dueños de un gran encanto, hay pequeños pueblitos en España a los que vale la pena tener en agenda
Las atracciones de las grandes ciudades de Europa pueden llegar a desvelar a los amantes de los viajes. Gracias a sus museos repletos de famosas obras de arte, a sus emblemáticos edificios y a sus reconocidos parques, cualquiera que repase por un minuto el mapa europeo caerá inevitablemente en la tentación de visitar sus capitales y centros urbanos, más aún teniendo en cuenta que en aquel pequeño continente todo está relativamente cerca.

Sin embargo, una buena idea a la hora de planificar un viaje es quitarle algunas horas a esas ciudades y dedicarlas a pequeños pueblitos perdidos, dueños de un encanto difícil de igualar.
España cuenta con varios sitios destacados en ese sentido. Tienen una estética medieval tan marcada que lograrán que hasta el menos creativo de los mortales imagine cómo era la vida hace varios siglos.

Ubicado al norte de la península ibérica, Laguardia es uno de los más pintorescos. Su muralla y sus estrechas calles son la excusa perfecta para caminar sin rumbo y dejar que pase el tiempo, con la única preocupación de disfrutar de una de las localidades más lindas de toda España. Laguardia es, además, una visita muy disfrutable para los amantes del vino debido a que está rodeada por decenas de bodegas y viñedos que aportan una vista disfrutable, difícil de olvidar.

Laguardia y Santillana del mar

El pueblo queda a 18 kilómetros de Logroño, la capital de La Rioja, una comunidad autónoma conocida en todo el mundo por la excelente calidad de sus vinos. La expansión de las bodegas en la zona tiene una interesantísima historia por detrás. En el siglo XIX, una epidemia llamada filoxera afectó a los viñedos franceses y obligó a buscar nuevas regiones para abastecer los mercados. La Rioja fue una de las zonas que no sufrió las consecuencias de ese insecto y, por lo tanto, ayudó a cubrir la saciedad de la población de seguir disfrutando de buenos vinos.

Otro de los tantos pueblos que vale la pena recorrer es Santillana del Mar, un sitio escondido cerca de Santander que, de no ser por su extraño nombre, sería perfecto. La llaman la villa de las tres mentiras, por que ni es santa ni es llana ni tiene mar. Rodeada de un paisaje rural heredado de su tradición ganadera , Santillana del Mar tiene en sus faroles y calles empedradas un ambiente medieval muy marcado. Lo típico en la zona es disfrutar de un café con leche con bizcochos o churros.

Estos pueblos, que suelen tener mucho menos marketing y recomendaciones en TripAdvisor que las grandes capitales, son una buena alternativa para dejar por un rato el ruido de las ciudades y disfrutar de otros paisajes que aún sobreviven y recuerdan el pasado de la vieja Europa.

Claves
  • Transporte. Esos pequeños pueblos suelen estar escondidos en las carreteras españolas. Por ese motivo, un buen consejo para quienes deseen recorrer esas calles empedradas es alquilar un auto. Además de facilitar la llegada, la libertad que otorga contar con un medio de transporte propio invita a visitar más sitios de este estilo, porque parar por algunas horas de pasada hacia otra ciudad no cuesta nada y puede ser una grata sorpresa.
  • Hospedaje. Santillana del Mar cuenta con interesantes hospedajes de estilo rural; pequeñas casas donde predomina la madera. Una noche allí puede rondar los 40 euros.
  • Bodega. En Laguardia hay una pintoresca bodega diseñada por el arquitecto Santiago Calatrava. Se trata de las Bodegas Ysios. Sus formas buscan acompañar el paisaje montañoso de la zona y sobresalen en la vista desde las alturas del pueblo.
  • Visitas. Los amantes del vino tendrán en Laguardia la posibilidad de hacer visitas guiadas por numerosas bodegas. Una de las más famosas es Marqués de Riscal. Dentro del predio la empresa cuenta con un exclusivo hotel donde se han quedado grandes estrellas internacionales como Angelina Jolie.



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