Puntas de Manga tiene su liceo de lujo gestionado por privados

El centro educativo Espigas alberga a 76 estudiantes de la zona

El edificio del liceo Espigas resalta desde la avenida Instrucciones, donde lo que predominan son casas de construcción irregular y terrenos baldíos. Una vez adentro del perímetro del centro educativo, el local no tiene nada que envidiar a los colegios de más alto nivel en Montevideo. El local, de dos pisos y con forma de H, tiene en la entrada un ajedrez gigante hecho con piezas de madera con el cual los estudiantes aprenden a jugar en los tiempos de ocio.

Los corredores anchos, los baños con duchas, los camineros especiales para ciegos y los pizarrones táctiles hablan de un proyecto que fue pensado a lo grande.

El liceo Espigas es el cuarto liceo gratuito bajo gestión privada que se inauguró en Montevideo. Detrás del proyecto se encuentra la Fundación Retoño, que impulsó hace 12 años un centro CAIF y luego un club de jóvenes en la zona de Puntas de Manga. Su fundadora, la baronesa Nina von Maltzahn, vive en Nueva York y en Berlín, aunque desde hace varios años pasa todos sus veranos en Maldonado. A fines de 2014 decidió extender el apoyo educativo que brindaba en Uruguay y así fue que empezó a proyectarse el liceo, que hoy da clases a 76 estudiantes pero que tiene capacidad para 225.

"Cuando yo le comenté a Nina lo de los pizarrones táctiles, me preguntó por qué no me decidía. Yo le dije que era algo muy costoso y ella me contestó: 'Eso es algo en lo que no podemos ahorrar'". Con esas palabras el director del liceo, Ernesto Egaña, describió a El Observador el modo en que está pensado el proyecto, con fuerte énfasis en tecnología, robótica y ciencias.

Y eso se nota. El laboratorio, por ejemplo, tiene mesas con tomacorrientes a sus costados, mesas altas y bancos con cierta inclinación en su asiento, diseñados especialmente para que los estudiantes puedan ponerse de pie de apuro en caso de una emergencia. Además de un esqueleto, plantas y peces, el laboratorio también tiene un sistema para apagar el fuego en caso de que haya algún accidente. Si bien los alumnos utilizan lentes especiales para trabajar en la sala, el aparato de emergencia incluye un lavatorio de ojos. En caso de que trabajen con líquidos y gases, los estudiantes podrán usar una campana especial para maniobrar las sustancias.

En la sala de música los jóvenes tienen la posibilidad de entrar en contacto con todo tipo de instrumentos: guitarras, órganos, flautas y panderetas, son solo los más conocidos. El edificio tiene también una sala de comedor y una cocina a cargo de dos funcionarias, que elaboran el menú de acuerdo con las recomendaciones del Instituto Nacional de Alimentación.

Los requerimientos de la cocina luego se traducen en los vegetales que se sembrarán en la huerta del predio, a cargo de otro trabajador.

Los baños incluyen duchas para que los alumnos que no tienen sistemas sanitarios en sus hogares puedan usar los del centro educativo. El liceo también está pensado desde el punto de vista de la accesibilidad: pasillos anchos, baños especiales para discapacitados y senderos para ciegos.

El nivel de inversión es tal que todo el centro está rodeado de cámaras de vigilancia con monitoreo de una empresa que trabaja cuando los alumnos se van.

Por sorteo

Este primer año empezaron a estudiar allí 76 alumnos, que se eligieron por sorteo de los anotados de diferentes escuelas públicas de la zona. Los elegidos tuvieron un año de preparación previa con el proyecto Simiente, también de la Fundación Retoño, en donde se busca que fortalezcan los aprendizajes escolares. El próximo año se dejarán tres cupos para los alumnos de la escuela de tiempo completo de Toledo Chico.

"El foco del liceo es en el aprendizaje, que tengan herramientas de todas las áreas y descubrir en el alumno su potencial en algo en particular", señaló el director del liceo en diálogo con El Observador. A las 7.45 los estudiantes entran en el liceo y tienen clase hasta las 16 horas. El director del centro educativo explicó que, si bien las materias son las mismas que tienen los liceos públicos, en este caso se optó por aumentar la carga horaria de cada una de ellas. En total trabajan en el liceo 25 funcionarios, de los cuales 12 son profesores.

Los alumnos reciben en el local desayuno, almuerzo y merienda. Después del horario curricular tienen talleres optativos y pueden quedarse en la biblioteca hasta las 18 horas, donde reciben apoyo para hacer los deberes.

Este año las clases comenzaron en marzo pero la idea es que a partir del próximo los estudiantes empiecen a ir al liceo en febrero.

El quinto liceo gratuito y privado

El liceo Espigas se suma a otros cuatro centros educativos gratuitos pero de administración privada. El resto son el liceo Jubilar, ubicado en Casavalle y bajo gestión de la Iglesia católica; Impulso, liceo laico de Casavalle; Providencia, ubicado en el Cerro bajo el movimiento católico Schoensttat; y el liceo Francisco, también de la Iglesia católica y ubicado en el departamento de Paysandú.


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