¿Qué anima a un autor uruguayo a escribir?

Cuatro nombres locales que se abren paso lo consideran en esta nota

*Por Rodolfo Santullo

En estos días mucho se ha hablado de derechos de autor a partir de la polémica propuesta de ley que pasó de senadores a diputados. Uno de los temas que surge de esta misma polémica es el 10% que los escritores perciben como derechos de autor y que en todos los casos parece resultar como bajo, poco atractivo o por lo menos no precisamente un motivo para animarse a escribir. Pensando entonces en motivos para hacerlo, El Observador entrevistó a cuatro escritores -actualmente muy visibles por publicaciones y premios- para hablar al respecto de escribir y publicar en Uruguay.

El punto de partida es obvio: qué los hace sentarse delante de una computadora, máquina de escribir o un cuaderno. Qué los lleva a escribir. Martín Bentancor reflexiona: "Supongo que el impulso hacia la escritura parte de una serie de conexiones mentales que se realizan ante la observación del entorno, que puede ir desde la contemplación de un pájaro sobre un poste de alambrado –su vínculo con los factores adversos que le ofrece la naturaleza, su propio estar en el mundo– a la estupidez inherente a la condición humana: nuestro modo de relacionarnos, las trampas de la sociabilidad diaria, la idea de creernos una forma avanzada de vida en el universo." Carolina Cynovich, por su parte, es más terrenal: "Escribir fue el primer medio que utilicé de niña para comunicar, contar y reproducir estímulos, imágenes y narrativas. Sigue siendo el medio que más disfruto."

Horacio Cavallo coincide con el concepto del disfrute: "A veces siento que el móvil es el placer, que la escritura es algo que puedo hacer medianamente bien y que en eso está la satisfacción: la posibilidad de armar un pequeño mundo a mi antojo, e intentar ponerlo en funcionamiento. Otras veces creo que es como sumergirse en el río a buscar algo que se nos cayó y que está en el fondo. No sé qué es, lo veo apenas, pero el deseo de encontrarlo me hace seguir buscando". Agustín Acevedo Kanopa matiza este concepto: "En algún momento escribía para pasarla bien, con el tiempo ha ocupado un lugar en el que es una actividad que evita que me sienta mal. Es algo que sólo puedo responder cuando no estoy escribiendo, que es cuando noto la falta de esa actividad. Creo que escribir es, para mí, un dispositivo organizador del mundo, específicamente de mis recuerdos y de cómo yo me veo a mí mismo. Recién me doy cuenta de lo importante que es cuando paso unas semanas sin escribir, todo se me empieza a desordenar y los recuerdos, pensamientos e imágenes de mí mismo se empiezan a superponer."

El lugar de los textos

Y a la hora de escribir desde Uruguay, no es este un lugar dónde los entrevistados coincidan plenamente tampoco. Cynovich, para comenzar, se muestra convencida "Soy uruguaya, nacida y criada, ¿por qué mi obra no lo sería también? Se parezca más o se parezca menos a lo que se espera de una típica narrativa local, ningún país tiene un solo tipo de voz. Y entre donde entre la mía, es uruguaya.".

En las antípodas, se ubica Bentancor: "No siento mi obra uruguaya en absoluto; entre otras cosas porque no sé a ciencia cierta qué es lo "uruguayo" y porque me genera un profundo desprecio cualquier forma de nacionalismo, desde el revisionismo histórico de la Suiza de América al espectáculo infame, cuasi pornográfico, de la máxima representación de la nacionalidad de este país: la selección uruguaya de fútbol. Mis historias transcurren en Uruguay, sí, pero en un Uruguay atravesado por mis recuerdos, por mi pasado y por mi descreimiento no de la Historia sino de su relato, que es en sí mismo una ficción.". Las palabras de Bentancor parecen resonar en la respuesta de Acevedo Kanopa: "Generalmente hay un poco de tirria en mi generación hacia lo uruguayo, pero en general ese malestar se da alrededor de obras azucaradas que presentan lo uruguayo como una serie de marcas ligadas a un costumbrismo lleno de lugares comunes. Uruguay puede ser muchas más cosas que eso. Repasando un poco lo que he venido escribiendo desde los dieciséis años, nunca pude imaginarme un cuento que no fuera en Uruguay." Cavallo por su parte, parece coincidir con esta idea: "No me propongo una geografía para mi obra. Sin embargo, las temáticas que abordo, las diferentes problemáticas que tiene el individuo como tal en cualquier lugar del mundo: el amor, la soledad, la muerte, aparecen con un enfoque y en un contexto local. La manera de decir también es la de este lugar del mundo."

De diezmos y por cientos

¿Y vivir de la escritura? Pues ahí sí todos van igualmente encaminados: "De los derechos de autor, escribiendo ficción, o poesía, como es mi caso, de ninguna manera. Recordemos que para el autor solo corresponde el 10% del precio de venta de un ejemplar, sobre el que además, se aplica un impuesto. Diríamos que es un 7 % real lo que obtiene el autor, del precio de tapa de cada libro vendido. Dado que nuestro mercado es muy chico, termina siendo prácticamente imposible." explica Cavallo. El alternar la tarea de escribir con similares es un concepto compartido por Acevedo y Cynovich. "Entiendo el "vivir de escribir" como el vivir de cosas que también se pueden hacer alrededor de ese escribir: trabajar en docencia, en periodismo, en industria editorial, en bibliotecas o librerías, entre otros.

El enriquecimiento que esas cosas le dan a la escritura es directo y hace que, combinado, entonces sí se pueda "vivir de escribir" explica la segunda. "Creo que se puede llegar a rascar una mínima posibilidad de solvencia económica integrando actividades satélite a la labor literaria, como escribir para medios, participar en congresos, dar clases, organizar talleres, integrar publicaciones arbitradas y similares." agrega Acevedo.

Para cerrar, Bentancor es nuevamente el más caústico: "Con la limosna que el sistema de marcado nos arroja a los escritores, por supuesto que no se puede vivir de escribir. Ese diezmo a la inversa que nos cae en cada liquidación de derechos de autor puede dar para tapar ciertos agujeros en la economía doméstica, siempre y cuando no sean muy grandes. Pero no mucho más."

Carolina Cynovich (Montevideo,1991)

Estudiante de Comunicación Audiovisual. Bibliófila. En 2014 publicó El hombre que da cuerda al mundo, ganador del Premio Sigmar-Mosca de Literatura infantil-juvenil. En 2015 publicó la novela El síndrome de las ciudades hermosas, ganadora del Premio Gutenberg de la Unión Europea y la Editorial Fin de Siglo. Imparte talleres de escritura creativa a niños y adultos.

Agustín Acevedo Kanopa (Montevideo, 1985)

Psicólogo, periodista y escritor. En 2009 publica su novela Antes del crepúsculo ganadora de los Fondos Concursables del MEC. En 2013 Estuario editora publica Eucaliptus, Mención de Honor tanto en categoría édita como inédita en los Premios Nacionales de Literatura/ MEC, 2015 y 2012. Recientemente la misma editorial publicó Historia de nuestros perros, ganadora del Premio Nacional de Literatura del MEC, 2015.

Horacio Cavallo (Montevideo 1977)

Es narrador y poeta. Ha publicado más de una decena de libros de poesía, narrativa y literatura infantil, entre ellos Oso de trapo, Trilce, Premio Municipal de narrativa 2007, Fabril, Premio Fondos Concursables, MEC, 2009, El silencio de los pájaros, Alter, 2013, Premio Nacional de Literatura Ministerio de Educación y Cultura 2015 e Invención Tardía, Estuario Editora, 2015. Por su obra narrativa, en 2014 recibió el Premio Morosoli de Bronce.

Martín bentancor (Canelones, 1979)

Es escritor y periodista. Es autor de los libros Procesión (2009), El despenador (2010), La redacción (2010), El aire de Sodoma (2012), Montevideo (Premio Espacio Mixtura/Casa de los Escritores, 2012), Muerte y vida del sargento poeta (Premio Narradores de la Banda Oriental, 2013), El Inglés (Premio Anual de Literatura del MEC, 2015) y La materia chirle del mundo (2015).




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