Qué calor hace en abril

El cambio climático: un mero cuento o un dato de la realidad
El calentamiento global no es perceptible a simple sensación térmica. Hay que depositar confianza en el consenso de la comunidad científica internacional. Desde la segunda mitad del siglo XX ha ganado terreno la idea de que tenemos que hacernos responsables del planeta, nosotros, cada uno de los seres de la especie superior que lo habita. En 1935, Arthur George Tansley, miembro fundador de la British Ecological Society, ya había impuesto el término "ecosistema" para designar a los organismos interdependientes que comparten un mismo hábitat.

En un principio, tanto el término como la propia Sociedad Ecológica Británica eran excentricidades de científicos. Con el tiempo, sin embargo, cobró fuerza la idea de que el "medioambiente" era un asunto que había que cuidar, cada uno en su conducta individual y todos juntos como forma de presionar a quienes toman las grandes decisiones.

Sobre todo en Europa, la moda de la ecología resultó una tendencia duradera. La conclusión de estos adelantados era muy difícil de digerir: el problema es el ser humano. No se trata de que la especie superior aparezca para resolver los problemas que siempre hubo, sino que su propia acción es la causa del desastre inminente.

Se empezó a generar conciencia de que la civilización humana se construía a expensas del ecosistema, sobre todo en lo que se refiere al uso de combustibles fósiles como fuente de energía. Nosotros somos la plaga, fue la triste conclusión.

Hoy está aceptado, por los que dicen que saben, que la acción humana es la causa del llamado "efecto invernadero" por el cual ciertos gases, en especial el dióxido de carbono, retienen parte de la energía refractada por la superficie de la Tierra, tras haber sido calentada por el Sol, con lo cual se produce un calentamiento similar al que ocurre en un invernadero.

Y entonces se llega a la terrible categoría de la que se habla en las últimas tres o cuatro décadas: el calentamiento global. No se trata del enojo de los biempensantes del mundo por las molestias del clima, sino de un aumento real de la temperatura en la superficie terrestre, que está medida desde 1880.

Hay años que hace más calor que otros pero la tendencia es firme y determina que la temperatura ha subido unas ocho décimas de grado centígrado en estos 137 años. El consenso científico es que no se hubiera producido una línea ascendente tan clara si no fuera por el daño causado por la actividad humana.

Para colmo, los últimos tres años relevados –2014, 2015 y 2016– fueron récords históricos de promedio de temperatura y entonces la alarma suena con más fuerza. Si prestáramos atención solo a este período, la conclusión sería terrible: nos vamos a morir de calor.

Hay una gran dificultad de comunicación en todo el tema. La militancia, la propaganda y el sensacionalismo complican el panorama.

Todos deberíamos saber que el fenómeno no es perceptible. No hace más calor que antes. Si es verdad que cuando era chico la temperatura era dos décimas de grado más baja, yo no me di cuenta.

Sin embargo, es común escuchar a la gente "darse cuenta". Para muchos uruguayos –para dar un ejemplo local– es obvio que los inviernos ya no son los de antes y los meteorólogos y aspirantes se llenan la boca cada vez que pasa algo, olvidando que no hay nada nuevo bajo el sol: siempre hubo inundaciones, olas de calor y de frío, inviernos cortos y largos, vientos fuertes y tormentas.
Seguramente 2017 resultará más frío que los tres años anteriores.

Creo que el problema de exagerar las cosas es que se provoca el efecto contrario. De forma intuitiva, aunque digamos que somos conscientes, sabemos que es cuento.

Y sin embargo no lo es, de acuerdo a los que dedican su vida a estudiar el tema. Y el 2% de los científicos que está en desacuerdo proviene de casas de estudio financiadas por quienes necesitan que el petróleo siga siendo la fuente del progreso.

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