¿Qué está en juego en el tablero de Siria?

Trump recordó a Asad que no es Obama y no dudará en atacar, pero su acción genera más desestabilización en una sangrienta guerra que parece no tener fin
Siria se ha convertido en escenario del horror y la crueldad humana. Ni los más de 350 mil civiles muertos, ni los 13 millones de desplazados y refugiados han logrado sensibilizar a las partes en conflicto para detener la violencia y sin razón que desangra al país árabe. Tampoco parece que las imágenes lacerantes de niños asfixiados por repetidos ataques con armas químicas sirvan para detener la barbarie, si quiera para dar una tregua y fijar un calendario de negociaciones entre oposición, rebeldes y gobierno sirios.

Rusia es el valedor del gobierno y el clan Asad en el poder, pertenecientes a la minoría chiíta de los alawitas. Una baza que Al Asad ha sabido explotar para granjearse el apoyo y sostén de las autoridades iraníes, vale decir, del cuerpo de ulemas chiítas que dirige el país persa desde 1979. De esta forma, Rusia e Irán cierran filas en torno al gobierno sirio e intervienen en el terreno para garantizar que Bachar Al Asad siga al frente del Ejecutivo, cueste lo que cueste.

Esta opción no agrada a las monarquías petroleras árabes sunitas del golfo Pérsico, capitaneadas por el reino de Arabia Saudita, que desconfía de los planes iraníes para expandir sus tentáculos en la Península Arábiga. Sin embargo, el presidente Trump ya ha dado indicios de que no exigirá la partida de Bashar Al Asad, sino que la prioridad será combatir y erradicar la amenaza del Estado Islámico (EI)y otras formas de radicalismo, el cual fomenta el yihadismo.

La postura de Trump

El ataque del martes pasado con gas sarín a población indefensa en Idlib, cerca de Alepo, en el norte de Sria, uno de los pocos reductos que le quedan a la oposición y grupos de milicianos que combaten al régimen, propició un cambio en la estrategia de Washington. Trump lanza un órdago contra Al Asad para recordarle que él no es Obama y que de seguir así, está dispuesto a detenerlo, incluso por la fuerza.

Lo que no está claro es si Trump se enfrentará, para ello, a Putin. El presidente ruso ha dejado claro mediante su intervención decisiva en el conflicto sirio y sus repetidos vetos en el Consejo de Seguridad de la ONU que no desea dejar que Estados Unidos sea la única y primera potencia en dirigir los designios de Oriente Medio. El acceso al puerto mediterráneo de Tartus en Siria y la explotación futura de gas y petróleo en los yacimientos del Leviatán agregan el componente geoeconómico al interés geopolítico de Rusia.

El rol de Irán

A su vez, Irán no puede perder a un socio afín como es el gobierno chiíta de Al Asad, en especial desde que este se negó a permitir que Catar, segundo jugador mundial de gas de esquisto, construyera un gasoducto que atravesara Arabia Saudita, Jordania, Turquía y Siria. Irán aspira ahora a construir un oleoducto que atraviese Siria y Líbano para transportar su crudo a Europa, y de paso crispar los nervios de Arabia Saudita.

Turquía, más preocupada en la actualidad por concretar el sueño neootomano del presidente Tayep Erdogan y neutralizar tanto a opositores seculares como islamistas gulenistas, se acerca a Rusia e Irán al sentirse presionado y abandonado por una Unión Europea crítica de su deriva autoritaria y su actitud ambigua en el combate al EI.

La guerra en Siria ha desvelado la sumatoria de intereses y cálculos geopolíticos de las grandes potencias y sus peones en la región. A su vez esconde otra contienda poco comprendida en Occidente: la lucha sectaria entre sunitas y chiítas que se remonta a la puja por la sucesión del califato y el liderazgo de la comunidad musulmana mundial que suma ya 1.600 millones de fieles.

El rol de Israel

Israel observa atento los acontecimientos en Siria y no duda en asestar golpes de efecto al régimen de Al Asad para que se mantenga a raya. No obstante mantiene, al menos de cara al mundo, neutralidad a sabiendas que le conviene la permanencia de un régimen conocido antes que la llegada de islamistas, sean estos Hermanos Musulmanes, o locos integristas de Al Qaeda o con otro nombre, que pudieran dar alas a su archienemigo Hamas.

Este rompecabezas sirio pasará a la historia como el puzle que desencajó los planes de Estados Unidos para virar hacia Asia Pacífico, embretó a Rusia en un doble frente bélico: la guerra en Siria y el combate al terrorismo islamista que también amenaza la integridad territorial de Rusia. Y nos recuerda que los países exsoviéticos de Asia Central son de mayoría musulmana y, por lo tanto, caldo de cultivo de la ideología salafista e incluso extremista de grupos como Daesh.

Erradicar esta amenaza exige de las potencias desarrolladas alternativas a la contundencia y despliegue militar. Responder con bombardeos y exhibición de fuerza a los ataques terroristas de yihadistas en Europa o del gobierno sirio contra su pueblo solo reproduce la espiral de violencia. La ONU debe presionar a todas las partes involucradas para que se respete el alto al fuego negociado por Rusia, Irán y Turquía y exigir un calendario de negociaciones sostenidas en el tiempo para consensuar una transición política en la que se contemple la pluralidad de voces del crisol étnico y religioso sirio: desde chiíes y suníes, árabes y kurdos, islamistas y seculares.

*Coordinadora del Programa de Política Internacional, responsable de la Cátedra Permanente de Islam, Universidad Católica del Uruguay.

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Acerca del autor

Susana Mangana

Profesora e investigadora de estudios árabes e islámicos. Dirige la Cátedra del Islam y Mundo Árabe de la Universidad Católica del Uruguay