¿Qué hacer con la educación? La coalición necesaria para cambiar

El problema educativo es político y es necesario cambiar a quienes gobiernan

Por Daniel Corbo

Después del bochorno de las autoridades educativas que presentaron unos resultados de las pruebas PISA que no se correspondían con la realidad,era de esperar que el gobierno se esmerara en morigerar la desdichada caricatura con que cerró el año. Pero no, encantado con su performance decidió hacer más mérito, con la carnavalesca conversión de Wilson Netto en el reformador Pedro Varela y con la gafe de Tabaré Vázquez sobre el espejo educativo de Finlandia. Los uruguayos hemos esperado pacientemente por más de una década que el gobierno del Frente Amplio hiciera los cambios educativos prometidos. Hoy es evidente que no puede esperarse nada de la fuerza que gobierna. Veamos algunas pinceladas de lo que pasó en estos años.

El primer gobierno de Vázquez tuvo una pretensión fundacional, pero sus empeños dañaron la educación pública. El primer mal, que reitera en este período, fue despojar a la educación de su carácter nacional. De ser un ámbito de políticas de Estado, la educación fue partidizada, anulando todo pluralismo en su conducción. La voz de medio país que no está en el gobierno fue excluida de las decisiones educativas. El segundo mal es haber exorbitado en la ley de educación del 2008 el peso de los representantes docentes en la conducción educativa. Tienen siete cargos de Consejeros, pero el medio país que no está en el gobierno, con 1 millón de votos, ninguno. Con ello volvió imposible la transformación educativa al darle a los gremios una capacidad aumentada de bloquear, desde adentro e institucionalmente, todo cambio y política de largo aliento. El tercer mal, de fuertes implicancias en los procesos de formación, fueron las nefastas reformas curriculares del 2006 en Secundaria y de 2008 en Formación Docente. La primera fue una improvisación, donde la malla curricular se formuló sin que existiera un marco teórico y una filosofía pedagógica que articulara su sentido. Derivó en un exceso de asignaturas, abrumador para el adolescente y en un esquema decimonónico que fragmenta todo conocimiento y desarticula la transmisión de una cultura integrada. El resultado fue más repetición y más desvinculación. El plan 2008 de Formación Docente tiene una carga horaria tan pesada que determinó un descenso brusco de los egresos docentes. El plan está matrizado a base de materias con fuerte carga ideológica y un debilitamiento de las formaciones pedagógicas específicas, lo que ha vaciado dramáticamente de sustento formativo y metodológico a los futuros docentes.

Durante el segundo mandato frenteamplista pareció abrirse la oportunidad para una reforma de fondo. Dos factores alentaron esa impresión. Por un lado, se abrió un lugar en el Codicen a la oposición. Otras voces se podían escuchar. Por más que era muy tímida la apertura, un solo consejero en 19 cargos en la estructura de gobierno de la ANEP, ese consejero podía hacer dos cosas: controlar y objetar decisiones que juzgara equivocadas y proponer iniciativas pedagógicas para empujar el cambio. A ello se sumó la tramitación de un acuerdo nacional educativo para hacer un blindaje de la transformación educativa. Esos entendimientos, tramitados institucionalmente en sesiones del Senado y suscritos solemnemente por gobierno, autoridades educativas y partidos políticos, abrían una gran oportunidad. A ello se agregaba un plan técnico de reformas emanado de ese entendimiento, con rumbo definido y una serie de medidas exigentes. Esto estaba enmarcado en un debate público que colocaba en un primer plano la cuestión educativa y el aporte de proyectos innovadores puestos en práctica experimentalmente. Todo parecía dado para un cambio de rumbo. Pero no pasó nada. El presidente José Mujica no estuvo a la altura del desafío, arrugó frente a la presión de un grupo sindical y sectores reaccionarios de su partido, y reculó. Faltó a la cita con la historia. Convirtió la consigna de “educación, educación, educación” en algo hueco, e incumplió su palabra y compromiso, que se los llevó el viento. Al señor Mujica le enojó que el consejero de la oposición tuviera ideas e iniciativas y juzgó un error haber habilitado su ingreso al Codicen. Pero el error era él y su inconsecuencia. De ahí en más el Nirvana, la nada. El presidente del Codicen pasó a ser como el perro que persigue su propia cola, dando vueltas en círculo.

Vino por segunda vez Vázquez y con él retornó la política de partido que el país dejó atrás en 1917. La partidización de la enseñanza, que anula toda autonomía de los entes, fue reforzada. Se entregó la conducción del Codicen a quien aseguraba que nada pasaría, que la cosa iría y volvería, subiría o bajaría, y al fin lo único claro es que no se va para ningún lado. Para asegurar la coherencia de la nada, se sacrificó a las dos personas del ministerio que habían propuesto unas tímidas reformas (marco curricular común y poco más), pero que alentaban a cumplir una milésima parte del “cambio de ADN” de la educación, desnudando que no era otra cosa que un cliché publicitario, sin contenido ni esencia. En ese contexto de vacío de propuesta y ausencia de rumbo, Vázquez declaró la esencialidad de la educación para embozalar a los maestros. Y así estamos: en discursos vacíos y ambiguos desde el poder, porque solo administran la crisis y no tienen ni idea de lo que hay que hacer con la enseñanza, por eso arman congresos educativos para la tribuna, de los que nada resulta como ya vimos antes.

Este pantallazo nos dice que, transcurridos tres gobiernos frenteamplistas, si los uruguayos queremos una transformación modernizadora de la educación pública que le devuelva su efectividad formativa, no nos queda otra que cambiar el partido que gobierna. Para cambiar la educación hay que cambiar a los que gobiernan hace tres períodos sin vocación ni resultados. Es inadmisible que alguien venga a decir que la responsabilidad es de los partidos políticos, emparejando a los que tienen el poder de gobernar con los que, como oposición, estamos excluidos de todo ámbito de decisión. No, la responsabilidad es toda del partido que gobierna con mayorías parlamentarias y tiene el poder de hacer el cambio pero no lo hace. Ya se hicieron acuerdos interpartidarios para cambiar la educación. Ya se hicieron entendimientos técnicos para la transformación educativa, pero luego no se llevaron a cabo. La cuestión no es hacer un plan de reformas, que los técnicos de todos los partidos ya hicieron en 2010 y 2013. Lo que falta es voluntad política para hacer las transformaciones. La coalición necesaria para lograr el cambio es la coalición política de fuerzas que permitan una alternancia de partidos en el poder. La coalición que se viene no es una coalición de técnicos porque el problema no es técnico, el problema es político y los problemas políticos requieren soluciones políticas. Y aquí no hay otra que sacar del gobierno a los que nos desgobiernan hace más de una década, para encarar una profunda transformación educativa que salve el destino del país, nos devuelva una sociedad de cercanías y abra las oportunidades de nuestros muchachos.


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