Qué hay detrás de los precios altos en la temporada turística

Cuánto se cobra por los diferentes bienes y servicios en la costa es una discusión que se reedita todos los años, y 2017 no fue la excepción
Algunos eligen las redes sociales para mostrar cómo pasan parte de su descanso de verano. Entre fotos de sombrillas, atardeceres y asados, se cuelan otras imágenes o anécdotas que buscan "denunciar" lo que muchos ven como precios "excesivos" en determinados comercios de los diferentes puntos turísticos del país.

Así se multiplica la indignación online de sus contactos al leer que algún comerciante cobró $ 100 pesos por una botella chica de agua mineral en un boliche de Cabo Polonio, o cómo otro turista se encontró con una pizza a precio de lujo asiático en un restorán de Punta del Este. Lo cierto es que, más allá del enojo que puedan despertar estas historias personales cuando se vuelven públicas, encontrar en los puntos turísticos algunos precios por encima de los de la capital tiene sus fundamentos, aunque no deja de ser un desafío para las autoridades por el daño que puede generar a la imagen de un destino turístico.

Los economistas atribuyen parte de ese fenómeno al viejo juego de oferta y demanda. Cuando un punto del mapa recibe una inyección de visistantes, los empresarios deciden cobrar más por los bienes y servicios que ofrecen. ¿Cuánto más? En una economía libre, el límite lo pone la competencia. Si un comerciante se excede en los precios, siempre habrá otro dispuesto a poner un establecimiento al lado con precios más competitivos.

Si todo un balneario cobra por sus productos y servicios por encima de lo que su público está dispuesto a desembolsar, sus visitantes podrían optar por el balneario más próximo. En definitiva, no remarca precios el que comerciante que quiere, sino el que tiene un público que se lo tolere. En algunos balnearios, incluso, los precios altos actúan como una barrera para la segmentación del público.
El economista Sebastián Fleitas, experto en competencia y mercados, usó el siguiente ejemplo meses atrás: si un comerciante que se dedica a vender refrescos en una playa de Punta del Este los ofrece a $ 200 y la gente los compra, "¿por qué los tendría que vender más baratos?".

El subsecretario del Ministerio de Turismo, Benjamín Liberoff, se había referido al tema de los precios tonificados de los balnearios en diálogo con El Observador en diciembre. "Si uno va a la plaza San Marcos de Venecia en carnaval, le van a cobrar € 14 un café; el tema es si viene frío, sin un amaretto y sin música alrededor. Alguien que come mejillones con champán frente a la isla Gorriti no esperará que le cueste € 10", dijo.

A esto se suman otros factores como, por ejemplo, cuánto cuesta hacer llegar a algunos balnearios los productos cuyas fábricas o centros de distribución se encuentran a varios kilómetros. O cómo influye en el precio final del plato el costo del alojamiento del personal que asume durante la temporada un empresario gastronómico. Más allá de eso –y que en Uruguay no existe el control de precios– tanto desde filas del gobierno como de los operadores privados se ha puesto la lupa en los valores que los diferentes establecimientos fijan.

La ministra de Turismo, Liliam Kechichian, sostuvo meses atrás que debería haber un "control social" de parte de la gremial del sector para impedir que estas situaciones tomen estado público y perjudiquen la llegada de visitantes extranjeros o desalienten a los propios uruguayos a vacacionar dentro de su país.

De hecho, en octubre el Ministerio de Turismo lanzó un comunicado junto a la Cámara Uruguaya de Turismo (Camtur) y el Centro de Almaceneros Minoristas, Baristas, Autoservicistas y Afines del Uruguay (Cambadu) por este tema. "Se convoca a todos los actores del sector a mantener una política de precios cauta y prudente de buena recepción al turista", indicaba el texto.

Llamado a la prudencia

Días atrás, con la temporada de verano ya en plena marcha, la ministra Kechichian dijo a El País que notaba "bastante prudencia" de los diferentes actores en este terreno. De todas maneras, la jerarca señaló que "todos los días" tenían "alguna denuncia de alguien que se sale un poquito de la raya".
"Finalmente nos perjudica a todos", complementó. El presidente de la Camtur, Juan Martínez, dijo a El Observador que "en general la conducta de todos ha sido muy prudente en el manejo de precios".

La gremial, agregó, hace un "llamado de atención" para que haya "cautela". Igualmente, apuntó que se trata de un mercado "libre de oferta y demanda y cada uno fija"lo que pide. Para Martínez, las redes sociales son los mejores jueces en este terreno. "Cuando uno va a un lugar y se siente robado, lo sube a las redes y ya queda marcado ese lugar; no hay mejor juez que el propio usuario", dijo.

De acuerdo al dirigente gremial, las quejas de los clientes encuentran terreno fértil cuando se sienten "estafados" al no recibir un producto o servicio a la altura de lo que –entienden– pagaron. "No es un tema de precios de forma absoluta. Puedo ir a un lado y pagar US$ 150 por una cena y me parece que está acorde, y voy a otro y pago US$ 50 y digo 'me están robando'. Lo que hay cuidar es la relación calidad-precio", subrayó. Los operadores aseguran que han mantenido los mismos precios del año pasado.

Este año, además, las condiciones económicas argentinas –país de donde llega el grueso de los visitantes extranjeros que copan las playas uruguayas– le sonrieron a la industria turística nacional.
Los pesos de la nación vecina "rinden" más esta temporada que en las anteriores lo que, sumado al levantamiento de algunas medidas que en las últimas zafras habían desalentado el desembarco de turistas de esa nacionalidad, generó que en los primeros ocho días del año creciera 25% su cantidad frente a igual periodo del 2016, según datos de la Dirección Nacional de Migraciones.

De acuerdo a los cálculos realizados por la Unidad de Análisis Económico de El Observador, un turista argentino que viene a Uruguay aumentó en los últimos 12 meses 23% su capacidad de compra, considerando el salario medio en la vecino orilla.

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