¿Qué hubiera pasado sin Végh Villegas?

Como ministro lideró la recuperación económica después de la caída de la tablita y como presidente del Banco Central liberó el mercado de divisas

Por Alfonso Ramos Inthamoussu

Días atrás fueron escasas, en mi opinión, las referencias en los medios a lo que significó el exministro de Economía y Finanzas Alejandro Végh Villegas en la historia económica de nuestro país. Tampoco es la primera vez que salgo al rescate de su importancia decisiva para lo que con acierto se ha llamado en estos días su papel de “transformador” de la economía uruguaya. A nadie escapa tampoco que esa forma generalizada de hacer pública la valoración de su desempeño –se comparta o no el juicio que el silencio parece implicar– se deba a que fue un ministro de la “execrable dictadura”, como el mismo Végh la denominara porque sabía que no oiría aplausos por su aporte al país.

En toda actuación social, más aun política, el análisis de los males y los bienes que se derivan es inexorable cuando se es honrado. Su evaluación da origen a ideologías, partidos y conductas políticas en distintos momentos de la historia. Y cuando llega el debate sobre qué males no se pueden nunca compartir (o dar a entender que se aceptan) entramos en difíciles dilemas, como los enfrentados por los actores de las en otras épocas llamadas guerras justas, tal vez guerrillas justas.

En cualquier caso, uno de los bienes que pueden conseguir quienes se encuentran en esas difíciles encrucijadas es evitar males importantes o graves. En este sentido Végh Villegas fue ejemplar. Siendo ministro desde 1974, se fue en 1976 cuando no quiso acompañar el proyecto de democracia corporativista del presidente de la República y fueron muchas las comunicaciones que mantuvo entonces con los actores políticos de los partidos tradicionales. Integró luego el Consejo de Estado –donde derrochó sentido común– para irse del órgano en 1979 por no compartir el proyecto militar de reforma constitucional. Y más tarde, cuando todo parecía caerse luego del quiebre de la “tablita” en 1982, fue ministro nuevamente desde 1983 hasta 1985, para “entregarle a Ricardo los números en orden” (se refería a Ricardo Zerbino, quien asumió el Ministerio con el retorno a la Democracia). Puso en juego su prestigio personal para causas institucionales y políticas de envergadura. Y también para defender a sus amigos en causas justas. Cuando encarcelaron a Ramón Díaz, por su una vez más espléndido sentido de la libertad de expresión, Végh se trasladó a Buenos Aires y comunicó telefónicamente que volvería cuando ese tema se solucionara.

¿Qué hubiera pasado sin Végh Villegas?

El título de la nota se refiere a la transformación económica de la que fue responsable. Para poder afirmar que se debe todo a él, tendríamos que poder demostrar que si él no hubiera estado no habría tenido lugar esa poderosa transformación.

¿Qué hubiera pasado? Es un planteo hipotético, casi un futurible, sin respuesta sólida, pero sí cabe una aproximación si analizamos las circunstancias internacionales del momento y lo que ocurrió en la economía uruguaya y, simultáneamente, en la argentina.

Se ha dicho y con razón que una de las circunstancias que explican las transformaciones que inicia Végh con su carta al presidente del Banco Central en setiembre de 1974, liberalizando el comercio de divisas, es el difícil momento de la economía internacional. El año anterior se había producido el primer shock petrolero (pagamos mucho más por el petróleo) y había caído el precio de la carne que Uruguay exportaba. Liberalizar el dólar y el comercio era realmente muy osado. Pero lo más destacable de esa “revolución” es que esa forma de hacer las cosas se hizo lo habitual hasta hoy, aunque no hayan faltado coyunturas muy difíciles.

En el año 1979 se produce el segundo shock petrolero. Y en octubre de ese año, Paul Volcker, presidente de la Reserva Federal, anunció luego de una sesión secreta de su comité que subía la tasa de interés a 15,5%. Un año más tarde la subió a 20%. No es sorprendente que la década del 80 haya sido llamada la “década perdida de América Latina” y que Uruguay haya tenido, con la crisis de la tablita, una caída del PBI del 15% en el trienio 1982-83-84.

Una manera de evaluar, al menos tangencialmente, el aporte de la apertura económica iniciada por Végh en tan turbulentos tiempos es un enjundioso trabajo sobre la economía argentina que en algunos capítulos efectúa comparaciones con la evolución de los países vecinos.1 Citamos textualmente la página 44: “El Uruguay sufrió dieciocho años de estancamiento (1955-1973) que dieron como resultado que, en el trienio 1972-1974, el ingreso por habitante argentino superara en casi un 60% al de su vecino oriental. Pero entonces fue la Argentina la que se estancó e incluso declinó durante dieciséis años (1974-1990), con lo cual los PIB per cápita se volvieron a igualar”.

Resulta claro que el comportamiento de la economía uruguaya fue excepcionalmente bueno en un período difícil para la economía latinoamericana. Y el hecho es especialmente relevante cuando se puede hacer la afirmación respecto de Argentina, país al que tantos lazos nos ligan. La política de apertura económica iniciada por Alejando Végh Villegas no puede ser aislada o desvinculada de este buen desempeño. Opinamos que a veces resulta claro que algunas personas pueden más que las fuerzas de la historia.

1 Lagos y Lach. Fracchia y Marull. Claves del retraso y del progreso de la Argentina, Temas Grupo Editorial, Buenos Aires, 2011.