¿Qué le pasa a Robert De Niro?

A sus 72 años, uno de los actores más influyentes de la historia del cine ha participado en varios filmes mediocres porque los disfruta y desea experimentar, ¿pero cuánto dañan su legado?

Robert De Niro construyó a lo largo de su carrera un rico patrimonio que en los últimos años ha afectado a costa de participar en películas mediocres. El artista, que logró actuaciones tan notables como la de Travis Bickle en Taxi Driver (1976), el boxeador Jake LaMotta en Toro salvaje (1980) o la de un joven Vito Corleone en El padrino. Parte II (1974), se ha dedicado últimamente a intervenir en comedias irregulares o en filmes de acción de clase B como Bus 657, que se estrena esta semana en los cines locales. En ese lanzamiento, por enésima vez, interpreta a un mafioso estereotípico, cargado de anillos y cadenas de oro.

Su giro a la comedia surgió de su miedo a ser visto como un actor que únicamente podía interpretar a gánsteres. A lo largo de su carrera aseguró que el género siempre le atrajo, y que considera que en todas sus películas (incluso aquellas más serias) siempre hay elementos de humor.

Es así que inició su andadura en el rubro cómico con películas destacadas como Analízame (1999) o La familia de mi novia (2000), pero al transcurrir los años comenzaron los pasos en falso, como Showtime (2002) o su estreno más reciente (aún sin fecha de llegada a Uruguay), Dirty Grandpa, en el que interpreta al abuelo pervertido y maleducado de un joven a punto de casarse (Zac Efron).

De hecho, uno de los pósteres de la película muestra a De Niro en un sillón, junto a un paquete de servilletas y un frasco de lubricante, con la frase "Uno de los actores más respetados y legendarios de nuestra generación. Y ahora, esto...", lo que resume perfectamente su carrera reciente.

Los últimos altibajos

En defensa de De Niro, hay que señalar que no todos sus trabajos del 2000 a esta parte han sido malos. Su filmografía incluye películas como El lado luminoso de la vida (2012), por la que estuvo nominado al Oscar como Mejor actor de reparto en 2013; o el drama de acción y suspenso Sin límites (2011). Sin embargo, los éxitos son más difíciles de encontrar que los fracasos.

Si bien el actor de 72 años ha dado a entender que disfruta mucho de trabajar en estos filmes (sin preocuparse por lo buenos o malos que puedan ser), lo cierto es que parece haber tomado una actitud de "no complicarse". De Niro fue uno de los máximos exponentes de la "actuación de método": transformó su cuerpo y aprendió a boxear para Toro Salvaje; condujo un taxi en Nueva York para Taxi Driver; y le pagó US$ 20 mil a un dentista para que le destrozara los dientes para filmar Cabo de Miedo (1991).

En cambio, para sus últimas películas no ha requerido casi preparación, interpretando la mayoría de las veces el papel de criminal retirado, jefe de la mafia o veterano simpático (como en Último viaje a Las Vegas o Pasante de moda), y encasillándose en ciertos roles, justamente lo que intentó evitar en una primera instancia.

Lo que no se puede negar es que De Niro ha explorado. Además de las comedias mencionadas, participó en dramas independientes y películas experimentales e incluso integró el gigantesco elenco de la comedia romántica Año nuevo (2011).

Además, gestiona otros proyectos como la organización del festival de cine de Tribeca, en Nueva York, y es propietario de varios restaurantes en esa ciudad. Pero su interés principal sigue siendo la actuación, sin pensar en el retiro, algo similar a lo que sucede con otros artistas de su generación como Al Pacino, quien a los 75 años también ha tenido una serie de películas irregulares que le han valido frecuentes nominaciones a los premios Razzie a lo peor de Hollywood. Anthony Hopkins es otro de esos nombres, que a sus 78 años ha intercalado filmes nefastos, como El rito (2011), con una decente incursión en el mundo de los superhéroes, cumpliendo el rol de Odín en la saga Thor.

Proyectos futuros

El 2016 incluye varios proyectos a priori interesantes para De Niro, que manifiestan su diversificación de papeles y predilecciones. Por una parte, tiene previsto una incursión en televisión con el estreno de la película The wizard of lies, de la cadena HBO, en la que interpretará al financista Bernie Madoff, condenado en 2009 a 150 años de prisión por fraude.

En cuanto al cine, participará en Hands of stone, un filme biográfico sobre el boxeador panameño Roberto "Mano de piedra" Durán, orientado al público latino que reside en Estados Unidos. En ella, De Niro interpretará a Ray Arcel, entrenador del púgil, quien a su vez será encarnado por el venezolano Édgar Ramírez.

En primera instancia, parecen ser dos proyectos atractivos y diferentes para De Niro, aunque otros trabajos anteriores del actor que también daban la misma impresión acabaron resultando en fracasos y agregando aun más manchas a su labor previa.

De todas formas, más que una manera de arruinar su legado, lo de De Niro parece ser un genuino amor por el cine y la actuación que le lleva a hacer proyectos de lo más variopintos sin importar lo que pueda opinar la crítica o las audiencias. "Tendrás tiempo de descansar cuando estés muerto", manifestó alguna vez, y esta parece ser la filosofía que lo guía en su trabajo cinematográfico.

Su reputación y su prestigio ya están más que establecidos en el mundo del séptimo arte, y el día de mañana será recordado por sus buenos trabajos más que por todo lo malo que pueda haber hecho. A veces es doloroso verlo destruir lo construido con talento y trabajo durante décadas, pero si él lo disfruta, se ha ganado el derecho a poder hacerlo.

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