¿Qué puede salir mal?

No puedo controlar la ansiedad de conocer el futuro
Quisiera leer el futuro en un libro. Leer historia del siglo XXI. Leer el tiempo, como leía el último de los Buendía los pergaminos de Melquíades, en Cien años de soledad. Quiero enterarme.

Estos tiempos son dramáticos, como todos. Después de un siglo revolucionario, como el XX, ¿qué nos espera? Los signos son ominosos. La tolerancia, la participación ciudadana en las decisiones más importantes, la paz y el entendimiento entre las culturas: parecería que todo fuera muy frágil.

Cómo me gustaría saltear las páginas. No puedo esperar las semanas interminables que faltan para que asuma como presidente de Estados Unidos el candidato que promete cambiarle la cara a la historia.

Quiero pegar un salto de ocho días, por lo menos, para conocer el resultado del tramo final de las elecciones, que son indirectas. El voto popular en cada estado eligió a 538 electores, de los cuales 306 pertenecen (o deberían pertenecer) a Trump. Los de Clinton son 232.

El 19 de diciembre los electores se reunirán en cada estado y emitirán su voto, que debería resultar 306 a 232, pero ya hay un elector de Texas que anunció, en una carta abierta publicada por el New York Times, que no votará a Trump, a pesar de que el candidato republicano ganó el estado y, supuestamente, todos sus electores.

Entre los liberales se hacen ilusiones de que aparezcan 37 más como él y entonces Trump pierda la mayoría en el Colegio Electoral que ganó en las elecciones. El Washington Post sugirió que los electores de Hillary Clinton deberían ponerse de acuerdo en votar a Mitt Romney, por ejemplo, y convencer a 37 republicanos de que hagan lo mismo, y entonces negarle a Trump la Presidencia.

La candidata del partido demócrata obtuvo 2 millones de votos más en las elecciones, en un total de 127 millones, pero perdió en el Colegio Electoral, que otorga la totalidad de los electores al ganador en cada uno de los 50 estados.

Estados Unidos es la democracia más antigua del planeta. Durante dos siglos de elecciones ininterrumpidas nunca sucedió que los electores cambiaran su voto de tal manera que resultara presidente una persona distinta a la que había ganado el Colegio Electoral. Hubo un total de 157 electores que cambiaron su voto pero eso no afectó el resultado. Sería muy raro que sucediera en esta ocasión.

El solo hecho de que se esté postulando esa posibilidad, sin embargo, pinta a las claras un panorama muy oscuro. Yo no puedo esperar. Si el 19 de diciembre los electores ratifican a Donald Trump, entonces no puedo esperar a que asuma el 20 de enero y ver qué promesas cumple y qué consecuencias tiene.

En realidad, lo que quiero es adelantar unas cuántas páginas y ver el mundo en 2021. ¿Qué pasó? ¿Qué guerras hubo? ¿Alguna civil, dentro de algún país muy poderoso? ¿Alguna en la que se hayan vuelto a usar armas nucleares? ¿Existe el año 2021? ¿No pasó nada? ¿Trump fue reelecto, después de haber logrado que Estados Unidos fuera grande otra vez, tal como había prometido?

Estados Unidos cometió una buena cantidad de errores y excesos en nombre de la democracia. ¿Qué picardías cometerá en nombre del autoritarismo? ¿Cómo se dividirá el mundo si se produce una alianza Trump-Putin?

Tal vez mi problema es que leí demasiada prensa de Estados Unidos durante esta campaña interminable. No quedé bien. Me hice adicto a la tragedia futura. ¿Cómo reaccionaría –me digo– si el libro dijera que no pasó nada? ¿Sería una decepción? ¿Todo tan campante y yo leyendo un libro aburrido?

Por lo menos me gustaría llegar a 2030 y leer que se está disputando el Mundial en Uruguay y Argentina. Ahí sí, cierro el libro. Protejo mi ignorancia y dejo que el mundo siga andando.

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