¿Qué se le puede pedir hoy a la inflación?

Los precios y el margen de política
Tres meses consecutivos de inflación dentro del rango meta y sus niveles más bajos de los últimos 12 años, son datos para celebrar. Sin embargo, más allá de darle un pequeño respiro a los bolsillos de los asalariados, el actual ritmo de aumento de precios no altera el diagnóstico más amplio de la economía uruguaya y, sobre todo, no ensancha el margen de acción de la política económica.

Lo primero a tener en cuenta es el carácter temporal de esta moderación inflacionaria. En los 12 meses finalizados en mayo, los precios al consumo subieron 5,6%, una cifra muy alineada con las expectativas que tenían los analistas que contestaron a fines del mes pasado la encuesta de El Observador.

Sin embargo, la mediana de expertos prevé que los precios terminen el año con una suba de 7,4%, nuevamente por encima del rango objetivo, pero no muy lejos de las perspectivas de 7,9% para el horizonte más lejano de proyección, a dos años.

Esto quiere decir que el diagnóstico de inflación se ha moderado –en mayo del año pasado esperaban una inflación de 9% a dos años–, pero hay un consenso entre los expertos y los técnicos dentro del gobierno de que estos registros actuales, dentro del rango meta, no llegaron para quedarse.

De todas maneras, no es poca cosa. Tal es la moderación de la dinámica de precios, que la inflación dejó de ser un problema del cual ocuparse, pero está lejos de ser un frente que dé un margen adicional de política para lidiar con otros problemas más acuciantes.

Hubo episodios en los últimos años en los cuales un incremento circunstancial del déficit, en un escenario de inflación bajo control, era contrarrestado con un incremento de las tarifas públicas. Sin embargo, esa herramienta hoy no está sobre la mesa.

Si solo se consideran los servicios públicos en la canasta de consumo de los uruguayos, ese componente sube a una tasa de 8%, más de dos puntos por encima del costo de vida. Esto implica que las tarifas de los entes ya de por sí están echando leña a la suba de precios, incluso en un contexto de estabilidad del precio del petróleo, baja del dólar y reducción de los costos de generación energética.

Mientras que en el resto del mundo están dadas las condiciones para que los servicios energéticos bajen de precio, en Uruguay se encarecen y a tasas por encima de la inflación. Esto hace que un aumento adicional de tarifas tenga un costo en materia de competitividad difícil de absorber por una economía ya golpeada por un dólar demasiado bajo.

Tampoco por el lado cambiario parece haber voluntad política de utilizar la inflación para potenciar la competitividad. El Banco Central ha mantenido su ritmo de emisiones de letras. Con la visión puesta en el horizonte más largo de tiempo, no hay margen para frenar el proceso de ingreso de capitales y cambio de portafolios, más que cuando el dólar traspasa alguna barrera como lo hizo a mediados de abril y llegó a valer menos de $ 28. Si realmente quisiera forzar un dólar más bajo y estuviera dispuesta a pagar el costo de una mayor inflación, la autoridad monetaria podría dejar vencer letras de regulación, inyectando pesos a la economía y renovando el atractivo de las opciones en dólares.

La inflación baja es una buena noticia que potencia el poder de compra de los consumidores y un frente menos que atender para la política económica, pero es difícil pedirle más que eso.

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