¿Qué se necesita para montar una ópera en Uruguay?

Cientos de personas y toneladas de material son el punto de partida para producciones como Capuletos y Montescos y La Traviata
¿Qué se necesita para montar una ópera en Uruguay?

El escenario del Teatro Solís es, en este momento, un campo de batalla. Así se lo percibe desde la platea oscura y vacía. Entre las piezas de escenografía que allí se encuentran hay una especie de muro que se extiende de una punta a la otra del escenario. De repente, una luz amarillenta y otra verde se encienden y comienzan a recorrer parte de la fachada, mostrando que sobre el muro hay enredaderas. Al borde del escenario se ubica un gran escombro gris, entre un tumulto de paja. Cerca de esa estructura, grandes postes de madera atados en forma de cruz y mezclados con follaje terminan de componer una atmósfera de abandono y caos que, en un par de horas, será escenario de la ópera Capuletos y Montescos, una tragedia lírica con música de Vincenzo Bellini y libreto de Felice Romani.

Es lunes de tarde y parte del equipo técnico del Solís se encuentra ultimando detalles de iluminación antes del primer ensayo general con público. Una pequeña rampa sobre el foso de la orquesta une el escenario con la platea. Y para cualquiera que se ubique en la mitad del campo de batalla (el castillo destruido del padre de Julieta Capuleto) el hechizo se rompe. Lo que desde la platea parecía el escombro de una torre, sobre el escenario no es más que un trozo de madera pintado con mucha precisión y realismo. Desde esa perspectiva es posible descubrir que el muro del castillo no está hecho de roca y mármol, sino que es un gran telón bien iluminado.

El proceso por el cual una tela se convierte en la pared de un palacio es logro de la producción técnica y artística del Teatro Solís.

Lo que los espectadores podrán ver es el resultado del montaje de una ópera que involucra a unas 250 personas, cuyo trabajo se luce en cada función.
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En simultáneo, a unas pocas cuadras de ese escenario, los talleres del Auditorio Nacional del Sodre no dan abasto. Hace algunos días llegó desde el Teatro Municipal de Santiago de Chile la escenografía y el vestuario de la ópera La Traviata para un re-montaje en la sala Eduardo Fabini. Carpinteros, herreros, pintores, vestuaristas y otros técnicos trabajan a diario en el armado de las piezas chilenas; el objetivo es llegar a tiempo para el estreno a fin de mes.

Las operas Capuletos y Montescos y La Traviata están en dos momentos bien distintos del montaje, pero los técnicos de ambos escenarios han atravesado un proceso similar que nace con la idea de presentar grandes obras líricas en sus teatros y termina con el aplauso del público.

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¿Qué pasa entre el primer día de trabajo y ese esperado estreno?, ¿quiénes son los involucrados?, ¿qué hacen? La ópera siempre implica una importante puesta en escena y eso conlleva un desafío diferente para cada uno de los conjuntos técnicos.

El largo camino hacia el escenario

El equipo de dirección de una ópera está compuesto, en la mayoría de los casos, por dos directores: el de escena y el musical. Ya desde el momento en el que se definen los equipos y se designan estos roles, cada director comienza a trabajar en sus tareas de forma paralela.

Por su lado, el director musical se concentra en estudiar la lírica y la partitura original. Luego comienzan los ensayos con los solistas, primero a piano y luego con toda la orquesta.

"En general, la dirección musical de una ópera es la más abarcativa de todas las direcciones porque implica concertar una gran cantidad de elementos y variables que ocurren tanto en el foso de orquesta como sobre el escenario. Esto es distinto a la dirección sinfónica que solo dirige a los músicos o la dirección de ballet, que no tiene prácticamente incidencia sobre lo que ocurre en el escenario porque lo que allí manda es el movimiento de los bailarines", explicó Martín García, director musical de La Traviata, a El Observador.

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La gran diferencia entre la dirección musical y la escénica es que la primera "es una dirección de muchas dimensiones" que "lleva adelante el timing de la obra", dijo García. En el caso de La Traviata, el director musical tiene el desafío de dirigir a 75 músicos y 70 integrantes del coro, sin contar a los solistas.

En paralelo a ese trabajo, el director musical, en conjunto con otros asesores artísticos, decide si el mismo teatro se encargará de la producción o si la rentará a uno del exterior. Para La Traviata todo fue alquilado en Chile.

Esto significa que la escenografía, el vestuario y el diseño general de la obra fueron tomados de una versión que se montó en el Teatro Municipal de Santiago en agosto y que, apenas se desarmó, viajó a Montevideo.

Aquí es donde entra el director escénico. Florencia Sanguinetti es la directora escénica de Capuletos y Montescos; su equipo –compuesto por escenógrafos, vestuaristas e iluminadores– es el encargado, en resumen, de armar el aspecto visual del espectáculo. El director de escena se reúne con su personal, presenta la idea y el concepto de la obra y a partir de entonces "cada uno enriquece el espectáculo con su especialidad".

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Semanas o meses después (dependiendo de cada producción) se reúnen ambas partes sobre el escenario junto a sus respectivos directores, y en la etapa final se incorpora el vestuario y las luces. Eso ya representa el ensayo general y, a continuación, la función de estreno.

En los talleres del Sodre

Los pasillos del Auditorio Nacional del Sodre pueden ser un verdadero laberinto para aquellos que no los conocen bien. Más allá de sus escenarios también están las escuelas, los talleres técnicos, las salas de ensayo, las oficinas y los depósitos.

Algunos de esos pasillos están ahora copados por grandes mesas redondas con ornamentos barrocos, sillones recubiertos por tela de felpa estampada y largos apliques dorados, además de otra cantidad de objetos que todavía están envueltos en nailon o guardados en sus cajas.

Tres contenedores de 18 metros de largo cruzaron la Cordillera hace algunos días con toda la escenografía, la utilería y el vestuario de La Traviata; los técnicos del Sodre ya están trabajando en el montaje y la adaptación para que todo quepa en el escenario.
Esto representa un desafío para el equipo técnico, porque las escenografías se piensan para ser montadas en su teatro de origen y la posibilidad de alquilarlas surge después de que ya están hechas.

Andrea Peveroni es la coordinadora de escenografía y utilería del Sodre. Su trabajo consiste en recibir el proyecto, estudiar la obra y, en conjunto con Santiago Larracharte –jefe de talleres de realización del Sodre– estudiar los planos de las puestas en escena, definir los materiales con los cuales se va a trabajar, llevarlos al taller y dividir las tareas entre el resto de los realizadores que son dos personas dedicadas a la pintura artística de telones, patas y pintura de escenografía.

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Tres personas que trabajan en utilería confeccionan todo lo referente a elementos de mano, sillas, bancos, tapicería y carpintería. En el área de herrería trabaja una sola persona. Caracterización, maquillaje y vestuario son otros talleres en los que se hacen tocados, coronas y apliques.

En el caso de La Traviata, la producción fue de alquiler, por lo que los talleres no tuvieron que realizar ninguna pieza de utilería, escenografía ni vestuario. Distinto fue en Capuletos y Montescos, que es una producción propia del Teatro Solís. Sin embargo, el Solís no cuenta con talleres propios, por lo que debieron, como es usual, contratar realizadores de escenografía independientes.

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Peveroni explicó a El Observador que lo que recibió desde Chile antes de la escenografía fue lo que ellos llaman "la biblia" del proyecto. Esta contiene toda la información necesaria sobre la producción de la obra, indispensable para que los técnicos puedan evaluar si se trata de una puesta replicable en el escenario del Sodre. Medidas, pesos, colores, cantidades: todo está en esa gran carpeta. Los documentos vienen acompañados por un video de la obra y a veces por instrucciones de montaje.
En total, una ópera necesita más de 250 profesionales –entre músicos, artistas, directores, productores y técnicos– para ser montada en Montevideo. Tanto el Sodre como el Solís tienen equipos multidisciplinares para esto, y el trabajo que hacen no tiene nada que envidiarle a los teatros del exterior.

Escenografía de alquiler

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Cuando llega la escenografía alquilada, lo primero que se hace es desempacarla y comprobar que no falte ninguna pieza. Ahí el equipo técnico ve qué hay que refaccionar o agregar. Luego, toda la producción se reúne para ver el video de la obra a fin de tomar conciencia de las dimensiones espaciales de cada uno de los elementos. "Muchas veces las cosas llegan y no tenés ni idea de por dónde empezar, entonces hay que armarlas a pura maña y video", explicó Andrea Peveroni, coordinadora de escenografía y utilería del Sodre.

La escenografía de La Traviata es sumamente pesada en comparación con otras producciones que han llegado al Auditorio Adela Reta. Los trastos del fondo pesan entre 900 y 700 kilos cada uno y son cuatro; las patas pesan 300 kilos cada una y son seis; y las mesas y otros ornamentos pesan 70 kilos cada uno, y hay varios.

"En temas económicos el alquiler no es barato", agregó Peveroni, aunque dijo no conocer el presupuesto total. El Sodre ya ha alquilado producciones a teatros de Argentina, Brasil y Chile; también auditorios de la región han rentado escenografía uruguaya, como la de El corsario y Romeo y Julieta.




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