Quentin Tarantino: Hijo del cine

“Claro que Kill Bill es una película violenta, es que es una película de Tarantino. Uno no va a ver a Metallica y les pide que bajen el volumen”

Desde niño, Quentin Tarantino asistió continuamente a ver películas, con su madre otorgándole absoluta libertad en cuanto a los contenidos que contemplaba en la pantalla. Este gusto se extendió gracias a cinco años de trabajo en un videoclub, que le permitieron acceder a una biblioteca interminable de filmes clásicos, de culto y extranjeros, los que conformaron un catálogo de referencias que se reflejan en su obra.

Su filmografía inicia con Perros de la calle, estrenada en 1992 en el circuito independiente, desde el cual Tarantino dio el salto al ámbito comercial, aunque sin perder nunca su estilo y su marca, logrando algo que muy pocos directores pueden hacer en Hollywood, que es volverse masivos con un cine de autor.

Con Tiempos violentos, de 1994, se consolidó como uno de los nombres a seguir dentro del mundo cinematográfico, reiterando algunos elementos de su película debut, que con el tiempo se convertirían en sus inconfundibles señas de identidad: los guiones no lineales; monólogos memorables combinados con charlas triviales con alusiones a la cultura popular; una mezcla de comedia negra y drama conducida por personajes criminales o marginales y generalmente movidos por la venganza, y una estilización de la violencia que ha sido también uno de los aspectos de sus trabajos por el que más ha sido cuestionado. "Para mí la violencia es solo una de las muchas cosas que se pueden hacer en una película", ha dicho el director y guionista, comparándola con las secuencias de baile, o incluso la comedia física.

Estos ingredientes también son parte de la receta de sus siguientes seis creaciones, en las que siempre trabajó como director, guionista y actor, e incluso en ocasiones también asumiendo el rol de productor. Dentro de su filmografía destacan trabajos como Kill Bill, Bastardos sin gloria o Django sin cadenas, siendo Los odiosos ocho, lanzada en 2015, su obra más reciente.

Todas sus películas cuentan con el favor de la crítica y de sus colegas, quienes le han otorgado dos premios Óscar como mejor guionista, y solamente A prueba de muerte es considerada un fracaso en la taquilla. Desde ese lanzamiento, sus filmes recaudan cada vez más dinero, confirmando el hecho de que la obra del director nacido en Knoxville, Tennessee, hace 53 años, se ha integrado al cine para un público masivo y general.

Pero a pesar de haber ingresado desde hace años a los circuitos comerciales, el cine de Tarantino no deja de ser la obra de un cinéfilo obsesivo que refiere continuamente en sus filmes a las creaciones del pasado. Planos, diálogos, situaciones y elementos de la escenografía remiten a cintas que Tarantino decidió homenajear o parodiar, a veces combinando ambos tipos de referencia. Con influencia particular de diversos géneros populares entre las décadas de 1950 y 1980, que desde entonces han caído en desuso, como el wéstern, o el llamado "cine de explotación", el cineasta les ha dado sus giros particulares y los ha adaptado a la contemporaneidad.

A Tarantino no le faltan críticos, más allá de las acusaciones de sexismo, racismo o violencia excesiva en sus filmes. Las referencias, guiños y homenajes son calificados por sus detractores como plagio, que el público consume como algo innovador ante la falta del conocimiento enciclopédico de Tarantino sobre el cine.

Sin embargo, el uso del cine de antaño por parte del realizador va más allá de eso, y allí está su genialidad. Tarantino ha logrado a lo largo de sus ocho películas reconvertir y reformular clichés y elementos narrativos tradicionales, mezclándolos y girándolos en una combinación posmoderna.

En los 24 años que han pasado desde el estreno de su primer largometraje, Tarantino se ha erigido como uno de los autores más relevantes del cine estadounidense y, tal como afirmó el director e historiador Peter Bogdanovich, es "el director más influyente de su generación". En la intertextualidad de sus obras, sus personajes refieren en su diálogo tanto a elementos de la cultura popular como a fuentes más oscuras, y de la misma manera el propio Tarantino ha logrado que eso suceda con sus películas, cuyas historias y escenas se han convertido en masivos clásicos de culto.

Esta nota forma parte de la publicación especial de El Observador por sus 25 años.


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