Quién asesinó a Romero

La fiscalía de El Salvador, reabrió la investigación del asesinato del sacerdote
La Fiscalía General de El Salvador reabrió la semana pasada la investigación para intentar resolver el asesinato del arzobispo de ese país, Oscar Arnulfo Romero, hoy beato.

Los asesinos siguen libres y ni siquiera se ha podido saber quiénes planearon y llevaron a cabo la brutal ejecución. A Romero no lo asesinaron un domingo, sino al día siguiente, el 24 de marzo de 1980, mientras oficiaba misa.

Nadie hubiera pensado que justo ahí, cuando la gente se hallaba congregada alrededor de la palabra de Dios, entrarían los sicarios a terminar con la vida de quien va camino de la santidad. La pobreza moral de los homicidas pudo constatarse en las consecuencias de su acto: pudieron silenciar al mensajero pero no al mensaje.

Convirtieron a Romero (1917-1980) en mártir. Su imagen de hombre bueno, baleado y ensangrentado sobre el altar, despertó conciencias, y lo convirtió en figura de la cultura popular.

El mensaje cristiano de paz y esperanza llegó a todas partes; incluso a lugares donde ni siquiera el propio Romero hubiera imaginado. En 1989 se estrenó Romero, protagonizada por Raúl Julia, película que tuvo gran respuesta de público en todo el mundo.

Cinco años antes, en 1984, Rubén Blades grabó El Padre Antonio y el Monaguillo Andrés, posiblemente la mejor canción que se ha hecho sobre un cura, notable homenaje a Romero y a la causa noble por la cual luchaba. Es una obra maestra del arte testimonial.

En esa línea de grandeza estética a partir de un hecho histórico se encuentra asimismo la obra teatral The Fifth Sun, del estadounidense Nicholas Patricca, la cual nunca se tradujo al español, y que recrea en profundidad, esto es, busca al máximo respetar la objetividad de los acontecimientos ocurridos, entre ellos los desencuentros de Romero con las altas esferas de la institución católica, pero no con la gente que lo seguía en número cada vez mayor y que, según algunas interpretaciones, fue la detonante del acto de los asesinos, quienes no pudieron aceptar el triunfo del bien y la multiplicación de seguidores.

La figura ejemplar de Romero atraviesa el tiempo y enaltece la idea de que la violencia, así sea la más atroz, no podrá nunca detener la palabra redentora de los evangelios ni la lucha por la justicia.

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