¿Quién es realmente Luis Almagro?

El político uruguayo con el cargo más alto en el exterior también es de los más criticados: él se dice "coherente", "justo", "ecuánime" y que no cambió sus posiciones "ni medio milímetro"


¿Es todo parte de una estrategia o es lo que tenía que hacer? ¿Es un "panqueque" que ahora "trabaja para la CIA" o actúa con coherencia? ¿Es alguien que pone la ideología por encima o actúa con ecuanimidad al evaluar a los países de la región?

No es fácil "sacarle la ficha" a Luis Almagro.

Esas preguntas tienen diferentes respuestas según a quién se consulte. En Uruguay, gran parte del establishment político critica al secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA). Pero también algunos lo defienden.

Él dice ser "coherente", "justo", de "convicciones muy fuertes" y que no ha cambiado su posición política y filosófica "ni medio milímetro". Pero asegura que las críticas no le molestan. "A veces sí me puede mortificar que haya compañeros que si el tema les resulta más cercano ideológicamente están más dispuestos a defenderlo", dijo a El Observador en Washington (ver recuadro). Cuando fue canciller uruguayo dice que nunca hizo lo que ahora le "mortifica", por más que en varias oportunidades pareció lo contrario.

Nadie es profeta en su tierra. Hace un año y cuatro meses que asumió y reposicionó a la OEA, un organismo intrascendente en las últimas décadas, que ahora tiene una visibilidad sorprendente en medios de América Latina pero también en los mayores diarios de EEUU. Ganó dos premios internacionales por "promover la democracia y los derechos humanos", es el uruguayo con el cargo más alto en el exterior y tiene intenciones de seguir vinculado a la política ¿uruguaya? una vez cumpla su período.

Pero sus decisiones de los últimos años, desconcertaron a propios y extraños.

En el Frente Amplio -y sobre todo en el MPP, sector político al que dice seguir perteneciendo- generó un fuerte rechazo cuando desde la OEA empezó a "atacar" a Venezuela.

Hasta el presidente Tabaré Vázquez (que es moderado en política exterior y se lo podía imaginar más cercano a Almagro que al MPP), lo cuestionó. "No estamos de acuerdo con la actitud que ha tomado", dijo en junio.

En la oposición si bien coinciden con sus reclamos contra Nicolás Maduro, no creen en Almagro. Luis Lacalle Pou, que en febrero de 2015 ale había pedido a "plantear firmemente el tema de Venezuela" y que se terminaran con las "afinidades ideológicas" cuando asumiera en la OEA, ahora dice que "los cambios tan rápidos no son creíbles".


El estratega

"'El mostrador servirá de tablero", dijo con dos botellas de agua en la mano, minutos después que El Observador ingresó en la residencia oficial de la OEA donde vive, en el coqueto barrio Palisades, de Washington DC (Estados Unidos).

"En este caso el tablero servirá de mostrador". Así parafraseó a Jaime Roos mientras apoyaba las botellas sobre una tabla para ajedrez.

En la adolescencia practicaba ese juego y, según dijo sin ponerse colorado, era muy bueno. Mejor incluso que su hermano, que compitió a nivel nacional con Leonardo "Neco" Costa (prosecretario de la Presidencia durante el gobierno de Jorge Batlle).

La gran capacidad que genera el ajedrez es la de la estrategia. Y esa puede ser una virtud de Almagro, aunque en ese caso él no la mencione como tal.

¿Cómo llegó un funcionario diplomático, que nunca logró ascender al grado de embajador en la carrera funcional, a ser jefe político de todo el servicio exterior por cinco años?

Sea por estrategia, instinto o suerte, hizo un cambio profundo cuando se quitó el traje de blanco para ser muy afín a José Mujica.

Militó durante años en el Partido Nacional: en los grupos Divisa Blanca, en el Movimiento Nacional de Rocha y al final en Propuesta Nacional. "Una vez que el grupo desapareció las circunstancias y su sensibilidad lo llevaron a abandonar el Partido Nacional", dijo a El Observador el excanciller nacionalista Álvaro Ramos, que era el líder de ese sector y que se considera "amigo" de Almagro.

Eso fue en 1999, cuando se sumó al MPP. Durante varios años, mientras era funcionario diplomático, asesoró al sector de Mujica en asuntos de política exterior. Su carrera en la cancillería no tuvo grandes destaques. Cuando fue embajador (en 2007 en China) fue por una decisión política y no por haber concursado y avanzado en la carrera funcional, luego de trabajar dos años (2005-2006) como asesor de Mujica en el Ministerio de Ganadería. Cuando el líder tupamaro ganó la Presidencia, le ofreció ser ministro de Relaciones Exteriores.

Pero aún con tantos años dentro de la izquierda, en algunas cosas Almagro nunca dejó de ser blanco. No en lo orgánico ni en lo político, pero sí en algunos valores, que lo acercan mucho al nacionalismo principista: el liberalismo (político no económico) y el respeto de las leyes para reforzar la democracia.

"Yo soy Luis Almagro Lemes, para servir a usted, al Partido Nacional y al Club Nacional de Football". Esa frase se la enseñó a decir su padre y él se presentaba así de niño.

"Es verdad (que decía eso), pero había un error ahí en el medio (sobre el Partido Nacional) que corregí después", dijo entrevistado en el programa Sonríe de canal 12 hace tres años.

"En el Movimiento Nacional de Rocha había muchos conceptos que luego el FA los asimiló. Y me asimiló", dijo. De esa manera también justificó que en 1999 no fue él quien cambió, sino el entorno.


Almagro y Mujica en EEUU


Panqueque

"El Oso" le presta mucha atención a los comentarios de lectores de diferentes medios uruguayos, incluso desde Washington.

Allí muchos lo acusan de "panqueque" por los cambios en sus posiciones políticos. Por ejemplo, su acercamiento a Israel cuando terminaba el gobierno de Mujica y empezaba su campaña rumbo a la OEA, luego de años fuertes enfrentamientos y una relación muy estrecha de su parte con Irán.

Pero el cambio más fuerte de todos es Venezuela. "Almagro cambió de ideas más rápido de lo que se cocina un panqueque", escribió en El País el columnista Antonio Mercader. "El zigzagueo político es una constante en su carrera", agregó el militante nacionalista.

¿Cuándo hizo el "click"? "Como todo proceso es gradual. Lo que me impactó fue la visita que hicimos las dos misiones de cancilleres de la Unasur en marzo y abril del 2014. Estar en contacto con la sociedad civil, las denuncias de persecución política", dijo.

Pero enseguida aclara que él no cambió su posición por estar en la OEA, dado que como canciller uruguayo, sobre el final del período, también había criticado a Maduro. "Cuando fui en la misión de la Unasur de 2014 ya fui duro con Venezuela", dijo.

Pero poco antes -con Hugo Chávez vivo- había defendido al gobierno. En febrero de 2013 fue citado al Parlamento porque Mujica había concurrido a Caracas como presidente a un acto político y dio un discurso. Y allí Almagro defendió al presidente "La discusión era si la presencia de Mujica era un acto político o institucional. Esa fue la discusión no sobre el posicionamiento político que había tenido. Mujica estuvo muy ecuánime esa vez y llamó a la unidad. Tuvo una posición muy institucional y algo bastante fácil de defender", dijo. De nuevo: según él no cambió nada. Lo cambió en ese caso fue Venezuela

"Creo que desde la OEA fuimos justos. Hacerlo coherente no es tan dificil. Consideramos que hemos sido muy ecuánimes", dijo.

Además, aseguró que para cumplir con su función de secretario general, "no había opción de actuar de otra forma".


Culpa de Mujica

La lista de personas que han llegado a cargos de destaque solo por estar con Mujica es grande. ¿Pero se puede considerar que Almagro llegó a un cargo tan alto solo por Mujica? También él se hizo su lugar.

De todas formas no tiene empacho en admitir la influencia de Mujica en su llegada a la OEA.

"Esto surge en una Asamblea General en Paraguay. Con algunos cancilleres estuvimos hablando sobre quién podía ser el candidato y varios estuvimos de acuerdo en proponer a Alicia Bárcena, pero ella enseguida lo descartó. Ahí algunos países vinieron y me dijeron ¿y vos?", contó Almagro a El Observador

¿Y qué rol jugó Mujica ahí? "Fue muy importante en el sentido que yo integré el gobierno de Mujica y su impronta en la dimensión y visión hemisférica y regional era muy fuerte. Mujica fue la carta de presentación de la candidatura. Y después tuvo un papel decisivo cuando Venezuela no quería votar por mi y él revirtió eso. Ahí sí jugó un papel determinante", agregó.

Pero el final de esa relación no es feliz.

Cuando Almagro acusó a Maduro de "dictadorzuelo", Mujica le envió una carta. "Lamento el rumbo por el que enfilaste y lo sé irreversible, por eso ahora formalmente te digo adiós y me despido", le escribió.

Según contaron a El Observador fuentes cercanas a Mujica, desde ese momento no hablaron más. Almagro lo confirmó. "No. Yo contesté esa carta y quedó en eso", dijo.

Cuando habla se le nota que es un tema delicado para él, porque el líder del MPP lo marcó. El traje de "mujiquista" no se lo piensa quitar. "Es una referencia muy directa en mi vida política. Yo no puedo sacar o poner lo que me dejó Mujica políticamente como si fuera un saco", agregó Almagro.

"Son cosas que están internalizadas y forman parte de mi manera de ver el mundo, la sociedad y la política. Eso va a seguir el resto de mi vida. Si alguna vez colaboramos políticamente, quien sabe, puede ser que sí o que no, pero esa dimensión de haber trabajado con él y haber aprendido tantas cosas las voy a llevar puestas el resto de mi vida", dijo.


Luis Almagro Paraguay
Luis Almagro y el canciller paraguayo, Eladio Loizaga
Luis Almagro y el canciller paraguayo, Eladio Loizaga

La nueva vida

Por más formal o informal que fuese la actividad, mientras fue canciller Almagro siempre iba con una mochila colgada al hombro.

En Washington la vida le cambió bastante. Pero la mochila no la abandona. Solamente está más pesada.

"Es lo más práctico para llevar las cosas que se inventó en este mundo", señaló.

Otra costumbre que mantiene es comer -una tras otra- pastillas de menta.

Mientras hablaba con El Observador sobre Venezuela, la OEA o Mujica, en otros lugares de la casa se escucharon voces y movimientos, a los que siempre les prestó atención. Su familia es numerosa. Tiene siete hijos: tres nacieron en Montevideo, uno en Teherán, otro en Pretoria, una en Berlín y otro en Beijing.

Y ahora, conviven en DC. Como padre no tiene todo el tiempo que quisiera para destinarles, según dice.

"El cargo te saca la vida. No tenés fines de semana, no tenés noche", dijo.

Pero más allá de eso, sus hijos en general están pasando bien. "Los niveles de adaptación han sido diferentes y los niveles de extrañar la vida que tuvieron en los cinco años anteriores también es diferente", señaló.

"Tenés que seguir a cada uno. Les tenés que cambiar la cantidad de tiempo por la calidad".

Los que conocen más de cerca a Almagro aseguran -igual que él- que su forma de ser no cambió en Washington.

Un excompañero de gabinete durante la administración Mujica, que pidió no ser identificado, aseguró que era igual cuando vivía en Montevideo.

Álvaro Ramos está de acuerdo. "Fue siempre igual, en cuanto a personalidad, forma de ser. Buen profesional, más creativo e intuitivo que sistemático, pero un colaborador leal y eficiente", contestó el excanciller blanco vía correo electrónico desde Europa.

¿Y si Almagro no cambió, por qué de afuera se lo ve tan distinto? Él no lo dice, pero la hipótesis más realista es que ahora se siente libre de hacer y decir lo que realmente piensa. No responde a nadie (ni a Mujica como es evidente) y por eso parece "otro" Almagro.

¿Hasta dónde llegará? Nadie lo sabe. "Vamos a ver como me despierto mañana", respondió a la pregunta de cómo se imagina a sí mismo en cinco años. ¿Se ve volviendo a Uruguay o vinculado a la política? "Siempre. Los secretarios generales de la OEA todos siguen vinculados a la política y a la dinámica regional por el resto de la vida. Es como una condena perpetua".







Populares de la sección

Acerca del autor