¿Quién? ¿Quién? ¿Quién?

Sanguinetti y Batlle buscan un líder capaz de reunir los restos del naufragio
¿Quién?

Esta pregunta se ha tornado obsesiva en el ala batllista del Partido Colorado, cuya dirigencia histórica busca un líder capaz de romper los muros del encierro al que han sido condenados por las urnas.

Y en esa búsqueda están los expresidentes Julio Sanguinetti y Jorge Batlle, quienes hace rato que renunciaron a sus rencillas y trapisondas del pasado. Ahora se reúnen cada tanto y hablan de política. Con distintos estilos, los expresidentes se sienten custodias de una llama sagrada que creen necesario avivar con el objetivo de hacer factible una victoria del Partido Nacional y volver, de su mano, al gobierno.

Los dos saben que no pueden perder a nadie y mucho menos a Pedro Bordaberry, a pesar de los errores cometidos en la última campaña: el hostigamiento a Luis Lacalle Pou y la nominación de un candidato a vice de su propio sector en desmedro del ala batllista. En una de las asambleas coloradas que celebraron el 180 aniversario de esa colectividad, Batlle le dijo públicamente a Bordaberry que no puede irse para la casa. Lo que no dijo es que tiene la misión de contener las fugas de centro derecha hacia la formación del por ahora minifrente opositor de Edgardo Novick

¿Quién?

Entonces, la vieja guardia colorada procura encontrar un líder capaz de reunir los restos del naufragio y poner a navegar una corriente batllista de forma de plantar cara a Bordaberry en una interna atractiva y, a la postre, revitalizadora. En esta tarea hay quien con cautela orejea la baraja buscando un "puede ser". Otros testean nombres. Batlle promueve al director de Ceres, Ernesto Talvi, que viene organizando reuniones para difundir las ideas de su think tank. Sin embargo, él dijo públicamente que su actividad procura promover propuestas de cambio desde un lugar distinto al partidario. Talvi se vio obligado a ponerse el traje de amianto.

Los colorados ven que los blancos están en mejor posición de disputar la elección al Frente Amplio, pero entienden que necesitan la ayuda del resto de la oposición en la primera vuelta para consolidar apoyos en el balotaje.

El desafío colorado es grande, tanto como su pasado. La crisis de 2002 y la imposición por parte de Batlle de la candidatura de Guillermo Stirling en 2004 precipitaron la peor votación de la historia: 10,6%. El surgimiento de Bordaberry en la elección para la intendencia montevideana significó un repunte, pero en las dos elecciones subsiguientes el partido estuvo lejos del 20%. En 2009 repuntó hasta 17,5%, pero en 2014 volvió a caer, obtuvo el 13,3%.

El descalabro financiero no fue el único factor que explica la caída colorada. Según interpretación propia, el Frente Amplio logró adueñarse de buena parte del imaginario social batllista, lo cual permitió captar una parte de su electorado. La pérdida de peso del sector industrial hizo otro tanto.

Pero esto es historia.

Los colorados buscan recuperarse y hay movimientos y nuevos sectores, uno de ellos encabezado por el diputado Tabaré Viera y otro por el diputado Fernando Amado, crítico inmisericorde hacia la conducción partidaria de los últimos años.

En tiempos de dominio político colorado, la dirigencia intermedia solía protestar y pedir por lo bajo un paso al costado de los dos expresidentes. Sin embargo, fue lo poco que se salvó después del huracán.
Las dos columnas están en pie y parece lógico que el candidato batllista se apoye en ellas.

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