¿Quién quiere renunciar?

Muchos podrán pensar que se hablará de Maduro, Temer o Trump, pero no será así
En el menú de principales noticias surge de pronto una que me llama la atención: "No tengo intención de dimitir".

Tal como suele pasar en los portales informativos, en donde todo está junto como en los supermercados (aunque en estos ya nos hemos acostumbrado al orden por categorías de los productos y sabemos en qué lugar está cada góndola), el pensamiento asocia la noticia con los nombres de algunos personajes del momento y cree que uno de ellos fue quien emitió la declaración.

Pero no se trataba de Nicolás Maduro (presidente de Venezuela), Michel Temer (presidente de Brasil), ni de Donald Trump (presidente estadounidense), cuyas presidencias atraviesan pruebas de supervivencia y nada sorprendería que cualquiera de ellos cayera antes de lo previsto, sea por decisión propia, del congreso, o bien por presión de la gente.

Quien afirmó, "No tengo intención de dimitir", fue el presidente de FC Barcelona, Josep Maria Bartomeu, descalificando rumores y comentarios que circularon en redes sociales y que referían a sus supuestas intenciones de renunciar.

Ha sido una semana extrañísima en asuntos de política y poder, realzada su condición por el hecho de que el mundo parece estar a la expectativa de algún cambio grande en la conducción de los tres países mencionados, empezando por la remoción del propio mandatario.

En las décadas de 1960, 1970 y 1980, con menos democracias establecidas en el horizonte mundial, era común ver caer al presidente de un país y ser sustituido enseguida por otro.

En estos días, en cambio, hasta los países africanos (en los cuales por cierto varios dictadores siguen inamovibles) se han acostumbrado a cierta estabilidad política y es raro que un mandatario renuncie o sea derrocado.

El extraño contexto actual destaca porque uno los presidentes en problemas es el de Estados Unidos y su caso aparece relacionado a la palabra "impeachment", la cual no tiene una traducción exacta al español, aunque acepte ser versionada como, "impugnación", "juicio político" o "proceso de destitución" directamente relacionado a un acto de prevaricación o incumplimiento de deberes.

El río suena, pero por el momento nadie dimite, ni siquiera el presidente del Barcelona.

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