¿Quieres un empleo formal? No, gracias

Algunos grupos de trabajadores tienen miedo al modo en que se hará la formalización, y a perder su fuente de ingresos

Por Manuel Urquidi y Invitado*


Para los que vivimos en América Latina, la gran cantidad de trabajadores informales que existe en nuestra región no es una novedad: comerciantes en la calle, conductores de buses, pequeños emprendimientos de subsistencia… Todos son parte de lo que le da color a nuestras ciudades e incluso parece atraer a los turistas. Los programas y promesas para apoyar a estos trabajadores e intentar darles acceso a pensiones en su vejez y salud a lo largo de su vida son cuestiones que todo gobierno incluye en su plan de trabajo. Y eso tiene sentido porque todo trabajador informal quiere mejorar. ¿Correcto? Pues a veces parece que no…

Varios estudios en la región han intentado entender por qué los procesos de transformación laboral de sectores como el transporte público urbano han tenido tan mala acogida e incluso oposición por parte de los trabajadores del sector. Uno pensaría que proponerle a alguien trabajar menos horas, tener un ingreso fijo y contar con acceso a salud y pensiones es una oferta difícil de rechazar. Sin embargo, los encargados de llevar a cabo estos programas han descubierto en muchos casos que el nivel de oposición y conflicto social que generan puede incluso detener su puesta en marcha.

Por eso vale la pena detenernos a analizar los factores que afectan la voluntad de estos trabajadores de incorporarse a un nuevo modelo modernizado de transporte y al nuevo esquema de trabajo. Al hacerlo encontramos varios factores que juegan en contra de estos programas.

Tenemos que recordar que hablamos de personas que llevan mucho tiempo haciendo las cosas de un determinado modo y que tienen naturalmente una resistencia al cambio que aumenta cuando la propuesta de modernización no garantiza que ellos podrán participar de los nuevos modelos. Aquellos programas que no han concertado el proceso de transformación laboral con los actores, no han garantizado espacios para los trabajadores y han propuesto en cambio modelos de libre competencia donde toda persona pueda presentarse a las nuevas vacantes, se han enfrentado con mayores problemas sociales.

Especialmente de los grupos que por su edad tienen miedo de perder su actual fuente de ingresos y no poder aprender las habilidades necesarias para conseguir una nueva.

El dicho “más vale pájaro en mano, que cien volando” se aplica a muchos trabajadores que saben que su fuente de ingresos es mala, pero que temen acabar peor. Las encuestas que se realizan a los trabajadores de sectores como el transporte público urbano señalan que no están contentos con su calidad de vida, pero extrañamente muestran una altísima resistencia a cambiar el modo en que se hacen las cosas, en especial cuando los modelos de modernización de los sectores no están consensuados con ellos.

Para los simples peatones que vemos estos procesos, muchas veces nos surge la pregunta de por qué estos cambios que benefician a todos son tan difíciles. Las lecciones aprendidas nos hablan de la necesidad de procesos de consenso, donde los trabajadores de un sector reciben alternativas reales para mejorar su calidad de vida. La confianza que deberá ganarse la autoridad encargada de llevar a cabo procesos de reforma como estos, se basa en justamente la participación de los actores.

No es que no quieran ser formales, es que tienen miedo al modo en que eso se hará. Y eso debería guiar la forma en que ponemos en práctica procesos de modernización y transformación laboral, recordando siempre su veta social y la importancia de considerar a las personas con las que trabajamos.

*El coautor de este artículo es Alexandre Bagolle, consultor en la Unidad de Mercados Laborales y Seguridad Social del Banco Interamericano de Desarrollo (BID).

Este post fue publicado en el blog Factor trabajo del Banco Interamericano de Desarrollo (BID)


Comentarios

Acerca del autor

BID

BID

Blogs del BID