Radiohead desaparece de las redes sociales: ¿Es solo una estrategia de marketing?

¿Qué es lo que puede decirle hoy al mundo una banda de rock?
Ese que está ahí / ese no soy yo / yo voy adonde quiero". Así dicen las primeras líneas de How to disappear completely, una canción que es más una declaración de principios que un manual sobre cómo uno puede desaparecer del mapa sin dejar rastro.

El pasado domingo, alguien en un foro de Reddit dio la alerta: ¿está desapareciendo Radiohead de internet? El texto de su web oficial comenzó a ponerse opaco hasta hacerse invisible y la página radiohead.com se convirtió en un epitafio en blanco sin letra alguna. Al mismo tiempo, la banda de Oxford borró todo rastro de sus posteos en redes sociales. Desde ayer, millones de personas siguen a Radiohead en cuentas que "no han tuiteado aún".

Semanas antes, la banda abrió una nueva sociedad anónima, señal que fue interpretada como presagio de la llegada inminente de un nuevo disco, el primero desde 2011. Sin embargo, escuchar canciones de Radiohead que no pertenezcan al catálogo ya colocado en servicios como Spotify es un poco más difícil conforme sus derechos acaban de pasar de manos, de la multinacional Warner al sello XL, una casa musical grande en las islas pero con una relativa credibilidad artística. El domingo, además, una postal llegó a casa de algunos fanáticos en Inglaterra: "Quemá a la bruja. Sabemos dónde vivís", decía el texto. ¿De qué va, esta vez, esta desaparición y posterior llamado a la inquisición de parte de una de las bandas con más peso específico de su tiempo?

Veamos los mensajes visibles de esta movida críptica que seguro David Bowie aplaudiría: hay una desaparición –simbólica, seamos sinceros– de una parte importante de internet. En concreto, de los mensajes en redes sociales. Hay también un aviso especial, personalizado –y análogo– exclusivo para los fanáticos. ¿La bruja es internet?

Esa podría ser una de las lecturas. Internet fue antes el lienzo para la proclama antiindustria de la banda. Sucedió en 2007, cuando editaron allí el disco In rainbows sin fabricar CD para vender en tienda alguna y con precio a voluntad, sentando así un precedente dentro de la industria y obligando al público a plantearse cómo pagar por el arte en la era contemporánea. Ahora el mensaje es el borrado total de su actividad en redes sociales, algo que hoy es casi como borrar una parte decisiva de la personalidad. El desprecio de la memoria archivada, del recordatorio de la foto que pusiste hace un año para que vuelvas a mostrarla en Facebook, de la selección selectiva y caprichosa de la memoria que se quiere conservar, el absurdo del logro de tener un tuit compartido por varios y digno de atesorarse. Todo eso, afuera. "Sabemos dónde vivís" puede ser más que una advertencia: es un aviso de hasta dónde puede llegar el tráfico de información en un espacio así, donde hoy hasta la ubicación de tu cuarto en la casa paterna es fácilmente verificable. ¿La bruja, entonces, son las redes sociales? ¿Se puede, entonces, quemar a la bruja definitivamente? ¿Son las redes sociales el nuevo objetivo de Radiohead para comentar sobre el estado de ánimo global, tal como la alienación de la vida moderna inspiró el esencial –y comparado con el mejor Pink Floyd– OK Computer de 1997?

Desaparezca aquí

Radiohead

Hay una razón por la cual cada vez que Radiohead edita un disco gran parte del mundo de la música pop se pone a la expectativa. Como ningún artista de su tiempo, los liderados vocal e intelectualmente por Thom Yorke le han puesto el cuerpo a ideas conversadas y sugeridas pero nunca acometidas por otros. Antes de vender por completo un disco en internet, presentaron en el año 2000 el disco Kid A prescindiendo de cortes de difusión y videoclips. Aquella fue una movida que en su momento muchos calificaron más de estupidez que de arrojo artístico; no fue la única (ver recuadro). Se dice siempre que cuando un grupo tiene el tamaño de Radiohead todo es posible; sin embargo ningún artista capaz de llenar estadios donde sea que toque lo intenta. Hay una diferencia en prescindir de ciertas formas predecibles de la distribución musical y regalar tu disco vía Apple –como en su momento hizo U2– o sacar tus discos de Spotify para ponerlos en otro servicio, algo con lo que Taylor Swift pretendió sacar chapa de rupturista.

El "marketing del bien" siempre le ha funcionado a Radiohead, en parte por la carga no superficial que tiene cada mensaje. Y en este caso, no hay movida marketinera más válida que borrarse. El juego de aparecer y desaparecer es una constante en Radiohead y siempre lleva un mensaje que demanda a cualquier seguidor de la cultura pop a ir un poco más allá de la música. En este caso, la invitación impresa, táctil y no virtual, quizá propone un tipo de encuentro que no debería asustarnos tanto: matemos a la bruja, borrémonos un rato para encontrarnos de nuevo. Vayamos adonde queramos.
No puede asegurarse que este sea el mensaje; sí que en los tiempos que corren son pocas las bandas de un género atomizado como el rock capaces de provocar una mínima intriga, fascinación y posterior discusión sobre el arte y lo que puede llegar a proponerse desde sus difusos límites.

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