Reacción tardía pero eficaz

Tras la acusación de Nicolás Maduro, el gobierno lo conminó a presentar pruebas

La ineptitud gobernante de Nicolás Maduro se refleja no solo en sus burdos arrestos dictatoriales y en haber arruinado a un país rico, sino también en su deslenguada capacidad para perder los pocos amigos que le van quedando en el continente. Solo Bolivia y Nicaragua lo defienden en la Organización de Estados Americanos (OEA), en tanto está en la balanza el restante país “bolivariano”, Ecuador, luego del cuestionado resultado electoral del domingo en ese país. Y ya no cuenta con el respaldo conciliatorio del Frente Amplio, cuyo gobierno había navegado hasta ahora entre dos aguas ante el desplome democrático en Venezuela.

El disparador fue la ridícula acusación de Maduro al canciller Rodolfo Nin Novoa de conspirar con el Departamento de Estado de Estados Unidos y con su embajadora en Montevideo para agredir a Venezuela, actuando a espaldas del presidente Tabaré Vázquez. La diplomacia uruguaya no se ha distinguido últimamente por su eficiencia en el manejo de la situación en Venezuela y Brasil, casos en los que ha oscilado entre errores y vacilaciones. Pero ciertamente no cayó en el extremo de tener un canciller que sea agente subversivo de Estados Unidos, como le endilgó Maduro en otra de sus frecuentes explosiones irracionales.

Vázquez, que hace pocas semanas había afirmado en Alemania que en Venezuela existía democracia y división de poderes bajo el chavismo, finalmente se hartó con el último desplante, lo rechazó “tajante y categóricamente” y conminó a Maduro a presentar pruebas de la complicidad de Nin Novoa con Washington o, como no existen, a retractarse públicamente. Completó su elogiable giro realista dando, junto con todos sus ministros, formal respaldo a Nin Novoa, en tanto también rebobinó la conducción del Frente Amplio. Y hasta el PIT-CNT, acendrado defensor de la dictadura venezolana, se ha dividido en el tema. Mientras su secretario general Marcelo Abdala afirmara desde Caracas a El Espectador que no había habido golpe de Estado, otro integrante del secretariado de la central sindical, Fernando Ferreira, le aseguró a El País lo contrario.

Se han derrumbado beneficiosamente los años de feliz romance frenteamplista con el chavismo, basado en el enamoramiento de la izquierda criolla con la ficción del “socialismo del siglo XXI” que prometía Hugo Chávez. Se había afirmado cuando Venezuela compraba a manos llenas productos uruguayos, que todavía no ha terminado de pagar, y cuando Chávez puso millones de dólares para paliar los efectos del cierre de Cofac y prometía poco menos que regalarnos todo el petróleo que necesitáramos durante el siglo XXI. Ahora el gobierno, reaccionando a los dislates de Maduro, ha pasado a integrar el bloque mayoritario de naciones latinoamericanas propensas a sacar al régimen chavista de la OEA, la Unasur y el Mercosur a menos que enmiende sus desvíos dictatoriales.

El Mercosur acaba de presentarle un virtual ultimátum y 17 miembros de la OEA iniciaron el lunes el camino formal para excluir al chavismo. La única forma de evitar ser radiado es que Maduro acepte poner a Venezuela en la senda democrática que ha violado sistemáticamente. Esto supone respetar la división de poderes y los derechos humanos, liberar a los presos políticos y aceptar las elecciones que ha venido frenando. Pero nada indica disposición chavista a dar vuelta drásticamente la estructura con que ha hundido a su país.


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