Rebelde sin causa

Se reeditan en un solo tomo En el camino, Los subterráneos y Los Vagabundos del Dharma, tres novelas de Jack Kerouac, ícono de la generación beat
Lo común, lo que enseña la historia, es que una revolución o un movimiento libertario surge siempre de una situación previa de opresión. Como excepción notable a esa regla no escrita, puede citarse a la generación beat estadounidense de 1950, cuyos pilares fueron los escritores Jack Kerouac, William S. Burroughs y Allen Ginsberg.

Todos ellos, seguidos por decenas de miles de jóvenes en todo el país, se rebelaron inesperadamente contra el sueño americano, contra la prosperidad y el camino seguro al éxito. En la década de mayor expansión económica del país, donde en cada casa había un jardín, un coche, una bandera, y varios electrodomésticos novedosos, los hijos abandonaban a sus padres para lanzarse a la carretera y vivir bajo sus propias reglas.

Vagabundos voluntarios, los beats leían poesía, preferían el jazz a Elvis Presley y veían en las drogas y el sexo un camino hacia el verdadero conocimiento personal. Sin saberlo, estaban sentando las bases de lo que en 1960 sería el movimiento hippie.

El manifiesto de esa generación que fue perseguida y denostada por el poder lo escribió, en tres semanas, Kerouac: En el camino. Aunque apareció recién en 1957, el libro resume, más que la filosofía de los beats, su espíritu y por eso es hoy un clásico de las letras estadounidenses.

Con una prosa dinámica pero escueta, que se limita simplemente a contar los hechos, Kerouac presenta una serie de personajes que se cruzan en los espacios inmensos de Estados Unidos, unidos por la carretera, el azar y las ansias de libertad.

Es el retrato multicolor de una generación concreta, a la que Kerouac pertenece con orgullo y reivindica. "Porque la única gente que me interesa es la que está loca, la gente que está loca por vivir, loca por hablar, loca por salvarse, con ganas de todo al mismo tiempo, la gente que nunca bosteza ni habla de lugares comunes, sino que arde".

Y ese fuego sagrado está en el corazón de En el camino, en cada uno de los días que narra como si fuera el último y no hubiera mañana. Una sola jornada en la carretera de Sal Paradise, alter ego de Kerouac, equivale a una vida entera normal, tantas son las experiencias y la intensidad con que las vive el protagonista.

Lo mismo puede decirse de las otras dos novelas que se agregan a esta edición especial. Los subterráneos, que relata las aventuras amorosas y sociales de un escritor que vive una vida de excesos con una muchacha negra. Y Los Vagabundos del Dharma, que narra el descubrimiento del budismo por parte del protagonista, como le sucedió a Kerouac, que de una formación católica derivo luego hacia las religiones orientales.

Pero son dos libros donde ya se pierde algo de la espontaneidad de En el camino, en pos de una postura más intelectual, llena de referencias culturales. Es como si Kerouac hubiera querido rizar el rizo, y no le hubiera salido del todo bien.

Pero En el camino vale su peso en oro. Lo vale gracias a la geografía de un país inmenso que se transforma en personaje, al igual que la carretera. Lo vale por las decenas de conductores pintorescos que recogen a Pat al borde del camino y lo acercan a la siguiente ciudad. Lo vale por las muchachas salvajes que la habitan.

La vida medida en minutos y no en años, eso es En el camino. Es Sal recogiendo algodón de sol a sol por un dólar y medio, suficiente para comprar la comida para él, su novia ocasional y el hijo de ella. Es Sal cruzando la frontera y mimetizándose con México como un ciudadano del mundo que no debe dar explicaciones a nadie.

Juntas, las tres novelas permiten comprender cabalmente el universo de un autor irrepetible, que captó un momento singular de la historia y lo retrato con maestría.

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Acerca del autor

Andrés Ricciardulli