Rebeliones contra el sistema

Los resultados electorales son una advertencia de crecientes rebeliones populares por insatisfacción

Los resultados electorales que dejan en blanco a muchos analistas, encuestadores y medios de prensa son una advertencia de crecientes rebeliones populares por vía del voto por insatisfacción con gobiernos y estructuras políticas que no llenan las expectativas de la gente. Lo ocurrido en Estados Unidos con el triunfo de Donald Trump fue el ejemplo más reciente de una tendencia que puede llegar a reproducirse en Uruguay. Trump, peleado hasta con la dirigencia de su propio Partido Republicano, arrastró el descontento y los deseos de cambio de millones de votantes, ayudado además por el rechazo en el Partido Demócrata a su descolorida candidata por representar a la estructura política tradicional.

La sorpresa en la elección presidencial de Estados Unidos siguió a definiciones inesperadas en otros países, en los que las esperanzas y predilecciones de los votantes dieron vuelta pronósticos que se consideraban sólidos. Ocurrió con la salida británica de la Unión Europea porque la mayoría consideró que la permanencia golpeaba a la economía y la soberanía de su país. Lo mismo ocurrió con el acuerdo de paz del presidente Juan Manuel Santos y las FARC en Colombia, donde los votantes concluyeron que se otorgaban beneficios desmedidos a la fuerza guerrillera. Y en varios países europeos ha habido en los últimos meses sorpresas electorales por propensión popular hacia nacionalismos de derecha y rechazo a la ola inmigratoria desde África, Medio Oriente y Europa Oriental.

En Uruguay son frecuentes las quejas de muchas personas contra el sistema político, por disconformidad tanto con el gobierno y su Frente Amplio como con los partidos tradicionales. Se refleja incluso en las deserciones de dirigentes que se pasan a otra fuerza política y en los desgajamientos internos en sectores de la gobernante alianza de izquierda y de los partidos Nacional y Colorado y hasta el nacimiento de nuevos partidos. Los tres años que faltan para las elecciones nacionales impiden avizorar cómo incidirán las expresiones de protesta cuando la ciudadanía vaya a votar. Pero no puede descartarse que se dé también en Uruguay la tendencia popular a salirse de los moldes partidarios como expresión de descontento.

Los escasos logros de tres gobiernos consecutivos del Frente Amplio, como el abatimiento de la pobreza o el mejoramiento en materia de energía y comunicaciones, no contrapesan los muchos motivos de queja de buena parte de la población. Los encabeza la persistente inseguridad ciudadana en Montevideo y otros centros urbanos, a lo que se agregan otros muchos temas. La impericia en la conducción económica por descuidado exceso del gasto público ha generado una voracidad tributaria que empobrece a la clase media y complica a los sectores productivos a través de ajustes fiscales y tarifas de servicios públicos. La educación pública no sale del desastre. La atención de la salud sigue a los tumbos después de casi una década de una reforma mal estructurada y mal ejecutada. Montevideo sigue siendo una ciudad sucia y con un peligroso tránsito caótico por incompetencia de sucesivos gobiernos municipales. Y los blancos y los colorados muestran grietas internas que los debilitan, compartiendo con el Frente Amplio falta de visión sobre lo que la gente quiere y necesita en materia de estabilidad y vida más tranquila y segura. Es aconsejable que el sistema político se ponga las pilas si quiere evitar las sorpresas que la reacción popular ya ha generado en otras partes del mundo.


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El Observador

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