Red Innova: los emprendedores en la hora del recambio generacional

Los “veteranos” de la fiebre punto.com buscan transmitir su experiencia

Su aspecto sigue siendo juvenil, más allá de que tengan algo menos de pelo o algunos kilos de más. Pero ellos se sienten verdaderos “veteranos”. Son los integrantes de la primera camada de tecno-emprendedores argentinos que nació con la “fiebre puntocom” a fines de los 90.

Para ser más precisos, son los escasos sobrevivientes de aquella generación, que, 15 años después de aquel boom, puede contar historias exitosas. Es que los fundadores de Bumeran, Pablo Larguía, de Despegar, RobySouviron, de MercadoLibre, Marcos Galperín, o Andy Freire y Santiago Bilinkis, que dieron inicio a Office Net, son los pocos nombres que pudieron abrirse paso y crear valor real, de un grupo inicial de cientos de aspirantes a jugar en las grandes ligas de Internet. En ese duro camino, cayeron grandes nombres, como El Sitio y Patagon, entre otros que hicieron ruido al levantarse y al derrumbarse.

Será por eso que hoy, rondando los 40 años (y algunos de ellos ya en su tercer o cuarto emprendimiento) sienten que tienen el mandato histórico de transmitir su experiencia a una nueva generación de entrepreneurs que está por los 20 y vuelve a sentir el entusiasmo de las oportunidades que se abren gracias a los dispositivos móviles y las redes sociales.

Aquellos “veteranos” están hoy del otro lado del mostrador, ofreciendo dinero, mentoreo y contactos. Larguía se puso al frente de esa movida, con la creación de la Red Innova, para generar un entorno de divulgación de nuevos proyectos y para el encuentro entre emprendedores e inversores.

Aprender de la realidad

La conferencia Red Innova, que se inició en 2007, recién ahora llegó a Buenos Aires, luego de haber recalado en Madrid, San Pablo y Nueva York. En la inauguración del encuentro, realizado en el auditorio del Buenos Aires Design el jueves 27 de junio, en el barrio porteño de Recoleta, Larguía explicó que la falta de gente dispuesta a iniciar un negocio no es el problema: Latinoamérica muestra una de las más altas estadísticas mundiales de emprendedurismo. Pero, cuando se evalúa el porcentaje de supervivencia de esos proyectos a los pocos años de iniciado, la región se encuentra al fondo de la tabla. Lo que sobra en ganas, falta en capacidad ejecutiva.

Por eso, el creador de Red Innova reconoció que no había que esperar mucha originalidad en la convocatoria de representantes de aquella camada anterior de entrepreneurs: no había muchos nombres a los que echar mano que hoy siguieran en actividad.

Eso, lejos de disminuir el interés del público, lo llevaba a un punto alto. A fin de cuentas, los consejos de Galperín o Souviron sobre qué recaudos hay que tomar para evitar errores dolorosos es una lección que difícilmente se aprenda en las facultades.

Así, todos tomaron cuidadosa nota cuando Galperín comentó cómo había sido un error gastar grandes sumas de dinero en publicidad televisiva en el estadío inicial, cuando Mercado Libre no buscaba un público masivo sino más enfocado a los “earlyusers” de un nuevo formato de comercio electrónico.

O aprendieron con Souviron,  de Despegar, cómo todo un plan de negocios debió dar un brusco viraje, porque en el año 2000 la gente no estaba preparada culturalmente para cliquear sobre el “botón” de compra online y digitar su número de tarjeta de crédito, pero en cambio llamaba por teléfono para solicitar información. Esto llevó a que el negocio originalmente concebido como plataforma de Internet debiera incorporar con urgencia un gran call center, que durante años fue la base del negocio.

O escucharon de parte de Bilinkis cómo no siempre los sectores “sexy” y de moda resultan las mejores oportunidades, sino que hay una gran veta para explotar en negocios “aburridos” como el B2B, focalizado en los servicios corporativos y la logística, donde hay amplio margen para innovar.

Nuevo perfil de emprendedor

En la platea de Red Innova, mayormente veinteañera , se veían pocas corbatas y muchos smartphones. Las charlas de los “veteranos” generaban interés, pero mucho más entusiasmo provocaba la posibilidad de cruzarse con los inversores, que estaban a tiro en los sectores donde se realizaban las “demo” de los nuevos emprendimientos.

Fueron presentadas en sociedad 37 nuevas empresas. Más de la mitad estaban vinculados con aplicaciones para dispositivos móviles.  Silvia Torres Carbonell, quien desde la Universidad Austral y el board de la fundación Endeavor ha sido una de las referentes en el sector de selección y mentoreo de proyectos, dijo que pese a que están surgiendo muchos proyectos ‘mobile’ y sus aplicaciones, no cree que se repita una burbuja de proyectos sin sustento como fue la de las ‘punto com’, ya que esta vez hay una conexión mayor “con el mundo real” y una conciencia del trabajo necesario para construir una empresa.

El nuevo ángel inversor

No solo cambiaron los emprendedores. Hoy hay un nuevo tipo de inversor, que tiene una selectividad mucho mayor y ya no se deja impresionar por una presentación de Powerpoint, un título MBA y un discurso bien armado que explique cómo el nuevo proyecto va a cambiar el mundo.

Además, hay un reconocimiento generalizado a la necesidad de que el inversor no limite su accionar a aportar dinero a cambio de acciones. Más bien, la idea imperante es que, tanto o más importante que el dinero es el mentoring y la facilitación de una red de contactos.
En ese contexto, muchos de los “veteranos” aparecen ahora como miembros de los comités de selección en iniciativas corporativas como Wayra o formando incubadoras de negocios, como NxtpLabs, de Ariel Arrieta, o QuasarVentures, de Bilinkis y Freire.

Para Freire, el rol del nuevo “angel investor” tiene que ser como el de un baqueano que le muestra el camino a un explorador. “Me fijo más en el potencial de la persona que en el proyecto. Lo acompaño en ese proceso, dejándole la mayoría accionaria, y si surge una divergencia entre nosotros, dejo que sea él quien tenga la última palabra”, describió Freire, quien durante los dos días del evento fue uno de los más asediados por jóvenes que le dejaban su tarjeta.

La obsesión de Freire por focalizarse más en el emprendedor que en el proyecto es todo un diagnóstico sobre cuál es la principal falla en el “ecosistema”: a pesar de que crece la cantidad de personas que quieren emprender, aún se notan obstáculos de tipo cultural.
“Lo que está faltando es que se arrime la gente más brillante. Hoy, los jóvenes de primer nivel prefieren ir a las grandes empresas. El desafío es estimularlos para que quieran tener su propio negocio”, explicó. Desde la autoridad que le da su “veteranía” de 41 años, Freire indicó que un reto pendiente es “trabajar para que sea tomado en serio un joven que quiere ser emprendedor”.


Fuente: Fernando Gutiérrez

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