Reflejos de la niñez

Historia de nuestros perros, del uruguayo Agustín Acevedo Kanopa, reúne cinco relatos que, sin renunciar a la fantasía, reflexionan con seriedad sobre las relaciones familiares ubicándose al costado de la persona
Con independencia del asunto que traten, los libros vienen siempre predefinidos por la voz del autor, que es el que decide qué relación va a establecer con el lector ya desde el título mismo de la obra. En este sentido hay dos corrientes bien nítidas: aquellos escritores que se sitúan en un pedestal y desde allí lanzan su discurso, y los que prefieren pedir permiso para sentarse al costado de la persona y contarle una historia.

Agustín Acevedo Kanopa (Montevideo, 1985) pertenece al segundo grupo. Lo demostró en Eucaliptus y lo confirma en éste Historia de nuestros perros, un libro que reúne cinco relatos de calidad que merecieron el Premio Nacional de Literatura 2015.

Para acercarse a su lector Kanopa no recurre al estilo, a una prosa determinada, sino que lo hace a través del tono particular con que sus personajes hablan para afuera y reflexionan hacia adentro. Y sobre todo por la absoluta honestidad del narrador que ya desde la primera línea deja claro que está dispuesto a contarlo todo, aún las partes más oscuras.

Si bien los personajes no se repiten en los relatos (algunos nombres sí), hay un hilo conductor que une las cinco historias y es que giran todas en torno al tema de las relaciones familiares, especialmente entre padres e hijos. El otro punto en común son los reiterados saltos temporales que se producen en cada uno de los cuentos, donde el protagonista suele referirse a su infancia mientras narra lo que está sucediendo en tiempo real.

Este último punto no es menor ya que Kanopa le saca mucho jugo a ese juego de espejos que construye de manera consciente. Esto le permite, entre otras cosas, reflejar al niño en el hombre y viceversa. También, dejar constancia de cómo lo visto y vivido en la niñez permanece inalterado a pesar del tiempo transcurrido hasta llegar a la adultez.

Todos los pájaros, el mejor cuento del libro, abarca una vida entera que se inicia en una infancia complicada, en parte, debida a un padre que resulta ser un jugador empedernido. El hijo deviene también en habitué del casino y exitoso hombre de negocios que, sin embargo, intuye que algo va muy mal en su vida.

Pero lo fundamental es que, desde chico, el protagonista tiene alucinaciones sobre pájaros que aparecen, frecuentemente, cuando juega póker por dinero. Le dan una pista del carácter de los contrarios y esto le permite descubrir qué cartas se esconden tras los rostros inexpresivos, una metáfora genial acerca de la imposibilidad de saber qué le pasa realmente a los demás por dentro.
La memoria de los peces es un sobrio alegato contra la violencia que muestra como un niño que es cruel con las hormigas termina siendo un padre que maltrata a su hija pequeña, a la que deja incluso una cicatriz. El relato cuenta el principio y el final de la historia, y deja en penumbra el interludio, ese tránsito vital que de alguna forma no alteró la maldad irracional de la niñez del protagonista.

El béisbol criollo y 18 y Tacuarembó se centran más en mostrar comportamientos irracionales. Dejan patente la propia incredulidad del autor ante determinados métodos de crianza como dejar atrapados en la azotea a dos niños durante horas bajo el sol inclemente del verano, o inundar de cloro una piscina para ver a las criaturas con los ojos enrojecidos.

Cierra el volumen Acapulco, un relato estupendo que se regodea en mostrar las entrañas nauseabundas de un geriátrico y la relación trágica de un hijo con un padre que comienza a sufrir demencia.

Historia de nuestros perros muestra a Agustín Acevedo Kanopa en plena forma, más seguro de sus posibilidades expresivas y arriesgando un poco más en cada párrafo que escribe.

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Acerca del autor

Andrés Ricciardulli