Reivindicados los tallarines y los tricampeones mundiales

Los médicos deportivos consideran a la pasta como el alimento ideal para los atletas

Gracias al nadador plurimedallista olímpico Michael Phelps, fotografiado antes de una competición en Río de Janeiro cuando engullía una gran fuente de tallarines (o similares), esta pasta alimenticia de vieja mala fama difundida por a menudo apresuradas afirmaciones de supuestos expertos fue reivindicada públicamente y su honor malherido quedó a salvo.

Y, más vale tarde que nunca, resultaron desagraviados los futbolistas celestes tricampeones mundiales (los del 24, 28 y 30), a quienes durante años se les atribuyó haber profanado presuntos axiomas dietéticos vinculantes para deportistas pues antes de los partidos comían abundantes porciones de tallarines caseros con tuco, esa versión rioplatense de un plato piamontés (el tajiarin) que entonces era infaltable en la mayoría de los hogares uruguayos.

Porque dietistas y médicos deportivos aseguran ahora, con fundamento científico, que los tallarines, espaguetis y macarrones de todas las formas y diversos tipos, sobre todo los hechos con trigo candeal, no hacen engordar –por supuesto si se siguen determinadas reglas, en particular con las salsas que los condimentan- y son el alimento ideal para quien hace deportes o necesita energías para un exigente trabajo físico. Sin perjuicio de acompañarlos con verduras y pequeñas porciones de carnes.

Según un estudio sobre más de 23 mil personas, el alimento central de la dieta italiana, hace tiempo universalizado (incluyendo Uruguay), no se asocia a un aumento del índice del peso corporal. Al contrario, indica ese estudio publicado por la Italian Nutrition &Health Survey, mejora la circunferencia abdominal y la proporción entre cintura y caderas.

Asimismo, los médicos deportivos consideran a la pasta como el alimento ideal para los atletas y en los Juegos Olímpicos de Río, por su consejo y el de los dietistas, se sirvieron en los comedores para los competidores más de 2.700 toneladas de pasta, lo que equivalió a bastante más de 1.000 platos de espaguetis y macarrones varios al día durante las tres semanas de la competición. Sin contar los consumidos fuera de la Villa Olímpica.

Las principales organizaciones científicas especializadas en la nutrición humana, así como el AmericanCollege of Sport Medicine, indican desde hace algunos años –desechando así viejas prevenciones- lo indispensable que resulta para la dieta de los deportistas una cantidad adecuada de carbohidratos simples y complejos a consumir antes y después de los entrenamientos y las competiciones.

Al respecto, el médico deportivo y nutricionista Michelangelo Giampietro, varias veces responsable sanitario de diversas selecciones olímpicas italianas declaró al diario romano La Repubblica, que la necesidad de carbohidratos aumenta proporcionalmente al crecer la intensidad de los entrenamientos y que para un atleta es tres veces superior a la de la población en general, mientras que para un maratonista, un ciclista, un nadador de fondo o un triatleta es mayor aún en los días previos a una competición.

Y pensar que allá por los años 50 y aún después, nos reíamos (me declaro culpable yo también) y decíamos "¡qué bárbaros, por qué no comían churrascos en lugar de pasta!", cuando leíamos o nos contaban nuestros padres que los jugadores del 24-28-30, integrantes del que bien se podría calificar -de seguirse la discutible moda actual- de "mejor equipo de fútbol de todos los tiempos", se mandaban unas grandes tallarinadas antes de los partidos.

Es que por lo menos hasta los Juegos Olímpicos de 1972 (según La Repubblica) regía la dictadura del churrasco, ya que los médicos deportivos de entonces y de antes de esa fecha opinaban que la alimentación del deportista debía basarse fundamentalmente en las proteínas nobles, o sea con la carne en el centro del menú, la llamada "Dieta de los marines".

En el Uruguay, aunque desde la época colonial la carne vacuna tuvo siempre una gran importancia, las pastas alimenticias, popularizadas fundamentalmente por la numerosa inmigración italiana de mediados del siglo XIX e inicios del XX, fueron protagonistas en las mesas hogareñas.

Pero la creación en los años 60 del siglo pasado del Mercado Común Europeo, hoy Unión Europea, y sus medidas de protección a su producción agro-ganadera y de restricciones a las importaciones de países como el nuestro llevó aquí a un aumento local de la oferta de carne y a una "dictadura" del asado, que modificó en algo la dieta popular, con una relativa reducción del consumo de pastas alimenticias.

Según el "Consenso Científico Healthy Pasta Meals" (Italia, 2015), "la pasta, que proporciona carbohidratos y también proteínas, es ideal para los deportistas, mientras que una dieta con alto contenido proteico y pocos carbohidratos es desaconsejada para una persona activa."

Ahora resulta que tenían razón aquellos que asombraron en París en 1924 al ganar el primer campeonato mundial jugado simultáneamente con los Juegos Olímpicos y luego el de en 1928 en Ámsterdam, así como la primera Copa del Mundo de fútbol en Montevideo.

Porque los incomparables Nasazzi, Scarone, Petrone, más José Leandro Andrade y otros notables jugadores como Mazali, el Vasco Cea, el Manco Castro, Lorenzo Fernández y Gestido, entre muchos otros, hacían hace casi un siglo lo mismo que ahora hacen el estadounidense Phelps y otros deportistas de primera línea mundial. Comer pasta en abundancia (sin abandonar la carne y otros alimentos, lógicamente).

No es aventurado deducir que el consumo habitual de pasta en los hogares uruguayos de aquella época jugó, aparte de la enorme calidad futbolística de aquellos grandes jugadores, un papel nada desdeñable en sus inolvidables conquistas.

¿Qué otra cosa podemos decir? ¡Viva los tallarines! Claro que los que ya no hacemos deporte ni tenemos un trabajo que requiera esfuerzo físico no debemos tampoco abusar y menos comerlos con salsas muy morrocotudas. Pero son tan ricos...


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