Relatos que van desde la murga a la literatura

Té de benteveo, del reconocido músico uruguayo Guillermo Lamolle, reúne 19 relatos breves que van del realismo más estricto a la fantasía más salvaje
Uruguay es uno de esos países donde se augura constantemente la muerte del libro, momento dramático, triste y esperado que, por suerte, nunca llega. Los argumentos siempre son los mismos: que se lee poco, que las nuevas tecnologías están arrasando con todo, que a los jóvenes no les interesa la literatura, que los números no dan.

Lo cierto es que en el país se editan cada vez más libros y, contra todo pronóstico, la oferta de autores nacionales crece día a día. En parte se debe a que el libro, como objeto casi vintage en la era digital, ha recuperado parte del glamour perdido. También, a que cada vez son más las personas que deciden dar el salto a la literatura para liberarse, al menos por un rato, del yugo y las reglas estrictas de otras profesiones.

Tal es el caso del músico uruguayo Guillermo Lamolle, integrante de los grupos Asamblea Ordinaria y Los Mareados, también muy conocido por ser el letrista, arreglador y director de la popular murga La Gran Siete. A pesar de haber publicado dos libros sobre el carnaval, con Té de benteveo da el salto a la literatura fantástica, ya que presenta 19 relatos que nada tienen que ver con su profesión.

Lo primero que salta a la vista es que Lamolle escribe bien independientemente del registro que elija. La prosa funciona en el cuento realista y también en el surrealista, en el relato breve o en el más extenso. En los diálogos, por ejemplo, siempre logra despertar el interés del lector gracias a un estilo naturalista, nada rebuscado.

Los textos pueden dividirse en dos grandes grupos: aquellos en los que prima el absurdo, la situación imposible y la fantasía; y los que se atienen a las normas del realismo más tradicional.

Lo curioso es que son muchos más los primeros que los segundos y, sin embargo, son estos últimos donde Lamolle logra los mejores resultados. El cuento más logrado del libro, Juan y las olas, es un claro ejemplo. Realista de principio a fin, el relato narra el drama del protagonista que sufre el embate de una inundación que lo lleva del living de su casa al techo, a medida que las aguas suben inexorablemente minuto a minuto.

Igual de efectivo es Los chorros, una miniatura que funciona como una parábola donde la víctima de un robo dialoga con el ladrón, a quien convence de revenderle a él mismo el celular que le acaba de hurtar. Que el cuento tenga solo dos páginas no deja de ser una hazaña.

También hay que destacar Réquiem para un dinosaurio, un cuento largo con una primera mitad sumamente original donde un delincuente dialoga con un juez al que ha secuestrado. Lamolle logra evidenciar la enorme distancia que separa a los dos arquetipos, pero también lo que los une. Lo más notable es el contraste entre las leyes "humanas" y las leyes del "hampa", que chocan y se entremezclan.

El resto de los textos tiene en mayor o menor medida la fantasía o el humor como punto de partida. Algunos funcionan, como La crisis, donde el protagonista comienza a diluirse y a provocar cambios en su entorno hasta hacerse irreconocible para los demás. Y otros no, como el que da el título al libro, Té de benteveo, una larga alucinación que llega a cansar por la acumulación de disparates.

Un párrafo aparte merece Violetas para Zaq, uno de los pocos relatos donde la emotividad y no la psicología es el hilo conductor. Aunque se hable de fantasmas, es el amor y la insalvable distancia entre las personas el centro del asunto. El final del relato, tremendamente romántico y poético, es memorable.
A pesar de que el conjunto es algo irregular, Té de benteveo tiene más de una pieza que justifica su lectura.

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Acerca del autor

Andrés Ricciardulli