Reorientada política exterior

Las convulsiones políticas y económicas en nuestra región y en Europa reorientan a la política exterior uruguaya a metas más lógicas

Las convulsiones políticas y económicas en nuestra región y en Europa reorientan a la fuerza la política exterior uruguaya hacia metas más lógicas en busca de aumentar oportunidades comerciales. Quedó en evidencia en la reciente comparecencia pública en Montevideo de los cancilleres rioplatenses, Rodolfo Nin Novoa y Susana Malcorra. En primer lugar, se reconoció el estado comatoso del Mercosur con su anuncio de que se suspendió la cumbre en la que Uruguay debía transferir la presidencia semestral del bloque a ese caos de absolutismo político y colapso económico que es la Venezuela de Nicolás Maduro. El cambio se hará pero a medias y a las calladas entre cancilleres, para disimular la vergüenza de seguir conviviendo con el chavismo. Adicionalmente se reafirmó nuestro renovado acoplamiento a Argentina en busca de aire económico.

Uruguay ha estado históricamente atado a los dos grandes vecinos. Cuando las relaciones con Argentina y las exportaciones a ese país se desplomaron bajo la hostilidad y el proteccionismo de los Kirchner, el entonces presidente José Mujica nos recostó a Brasil. Pero el gigante norteño se debate hoy en una profunda crisis. Su gobierno interino manotea para salir de una profunda recesión, al punto de que el ministro de Finanzas, Henrique Meirelles, ha planteado el insólito proyecto de congelar el presupuesto hasta por 20 años para abatir el gasto público. Y un informe técnico de una comisión del Senado exculpa a la presidenta Dilma Rousseff, poniendo en duda que su suspensión por seis meses se convierta en abandono definitivo del cargo.

Argentina, en cambio, ha iniciado el camino hacia una trabajosa recuperación bajo la administración del presidente Mauricio Macri. Entre otras muchas medidas, su política comercial se orienta hacia Estados Unidos y China, las dos mayores potencias económicas del mundo, ruta a la que también apunta Uruguay. Incluso el presidente Tabaré Vázquez se apresta a viajar a China para expandir intercambio e inversiones del gigante asiático. Ha quedado en el congelador, entre tanto, el tratado de libre comercio que, desde hace casi dos décadas, negocia cansinamente el Mercosur con la Unión Europea. La razón es que, a la inoperancia mercosureña, se agrega el vendaval que sacude a Europa por la salida de Gran Bretaña y que relega indefinidamente cerrar un TLC entre ambos bloques.

Nin Novoa y Malcorra dejaron en claro que sus gobiernos apuntan a negociar acuerdos comerciales con quienes les convenga, aunque sea por fuera del Mercosur, al que siguen dándole un respaldo puramente oral que no engaña a nadie. Brasil también se ha declarado partidario de seguir la misma ruta. Actuar de acuerdo al interés nacional por encima de ilusorios sueños frustrados de integración regional es el camino sensato que propugnan Vázquez, su canciller y el ministro de Economía, Danilo Astori. Pero enfrentan más dificultades que los gobiernos de Argentina y Brasil. Dentro de su Frente Amplio persisten sectores atrasados que siguen aferrados al fiasco integrador y las visiones ideológicas de las épocas de la guerra fría. Pero cuando la realidad golpea, como le ocurre a Uruguay en la dura coyuntura económica actual, las ideologías políticas tienen que pasar a segundo plano. Hay que priorizar, en cambio, lo que ayude a generar más actividad a través del comercio y la inversión externa, único camino para que haya más trabajo y bienestar. l


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