Replicar la diversión a toda costa

Bajo reclamos de la Dinama, se celebró en el balneario esteño Buenos Aires la fiesta Corona Sunsets, que repitió la fórmula de su primera edición
Replicar la diversión a toda costa

El festival Corona Sunsets, un evento musical creado por la marca de cerveza de origen mexicano, realizó su segunda edición en Uruguay entre la tarde y noche del sábado 6 de enero sobre el km 167 de la ruta Nº 10, en el balneario esteño Buenos Aires.

En el verano de 2016 la Corona Sunsets tuvo lugar sobre la playa de Manantiales pero más allá de cambiar su ubicación, la jornada centrada en una grilla de DJ de música electrónica presentó pocas renovaciones en su propuesta en comparación con su estreno en Uruguay.

Uno de los cambios más notorios en 2017 fue que la celebración se realizó pese a la constatación de la Dirección Nacional de Medio Ambiente (Dinama) de que las empresas privadas a cargo del evento realizaron una intervención en la faja costera del lugar sin la autorización correspondiente, según informó el sábado La República.

De acuerdo a lo informado por ese medio, la Intendencia de Maldonado autorizó el viernes la realización de la Corona Sunsets pese a que un informe técnico del organismo concluyó que el armado de la fiesta provocaría "un efecto perjudicial a la configuración y estructura de la costa, y que por tanto, corresponde denegar la autorización solicitada, previniendo al interesado que la realización de dichas actividades lo harán pasible de las sanciones previstas en la normativa aplicable".

Sobre los restos de tres cuadras de dunas, la fiesta atrajo entonces más de 3.500 de espectadores entre las 16.00 del sábado y la medianoche del domingo. Con la excusa de aprovechar la puesta del sol como el detonante celebratorio del festival, se repitió nuevamente una ambientación que combina la estética utilizada por la cerveza Corona con símbolos inspirados en la cultura indígena mexicana.

La fiesta Corona Sunsets tuvo tres tipos de público. Uno integrado por veraneantes locales y de Argentina, Brasil, Chile y otros países como Estados Unidos, y en el que predominó la presencia de los jóvenes. Y otro que, aprovechando el elevado volumen de la música sobre los dos escenarios del evento, se posicionó desde la playa para disfrutar de reojo de la fiesta.

También se hicieron presentes los vecinos del balneario Buenos Aires, quienes desde el frente de sus hogares y pertrechados con su propia música y comida, fueron testigos del evento logístico que rodeó a la entrada del evento, así como la multitud de menores, adolescentes y adultos, que sin una entrada oficial intentó con anhelo encontrar la forma de ingresar al predio a como diera lugar.

Una vez dentro de la fiesta, la organización se encargó de repetir algunas de las atracciones que hicieron a la Corona Sunsets de 2016 una de las fiestas embanderadas del verano pasado. Con un armado escénico menor al del año pasado, el evento tuvo varias barras para beber y comer, una cabina de masajes, un mirador y una estación de maquillaje con el objetivo de adornar al público con pinturas cuyo diseño acompañaba el decorado.

A nivel musical, la estrella más esperada de la noche para el público fanático de la música electrónica fue Thomas Jack, un DJ, músico y productor australiano quien define su estilo como tropical house. Antes de la presencia de Jack, otros encargados en hacer bailar al público esteño a puro aumento y variación de los BMP (los beats que cada canción tiene por minuto) en el escenario Griffin (que refiere al grifo, una bestia mitológica) fueron el dúo de dance pop y house Benoit & Sergio, así como los DJs The Him y Richard Dorfmeister. El escenario secundario, bautizado como Crown (Corona), contó con una grilla integrada por los artistas Tensnake, Acid Pauli, Chancha Via Circuito y Mr. Grimaldi y atrajo principalmente a un público adulto que, a su manera, decidió disfrutar del evento lejos de la muchedumbre más juvenil congregada en torno al escenario principal.

Las fotos, dirigidas a Instagram y Snapchat, las redes sociales predominantes entre el público, fueron tomadas más o de igual manera que la cerveza y los tragos presentes. Mientras la arena de la playa del balneario Buenos Aires fue tornándose en un cementerio de envases amarillos y azules, colillas de cigarros y vasos de plástico, el público se permitió disfrutar de un atardecer puramente electrónico de un festival cuya propuesta remitió a su primera edición, así como a un dicho en inglés que afirma que si algo no está roto, no hay por qué arreglarlo.

Populares de la sección