Riesgos bancarios por marihuana

La legalización de la marihuana amenaza crearle serios problemas a todo el sistema bancario

La legalización de la marihuana amenaza crearle serios problemas a todo el sistema bancario y hasta fragmentar la inclusión financiera que promueve el gobierno. Las ilustradas figuras que ayudaron al entonces presidente José Mujica a armar el programa legalizador, dislate que sigue a los tumbos desde hace cuatro años, parecen no haber percibido las dificultades que tendrán los bancos, incluyendo el estatal BROU, en sus relaciones internacionales. Todos los bancos de plaza operan en forma constante con otros del exterior. Pero si instituciones instaladas en Estados donde la droga es ilegal mantienen negocios con bancos de Uruguay que manejen recursos provenientes de la marihuana, estarán violando leyes de sus países contra el narcotráfico. Adicionalmente los bancos locales que operen con comercios vinculados a la droga o sus empleados quedarán expuestos a sanciones bajo tratados internacionales vigentes.

Para evitar estos riesgos, al BROU y a los bancos privados que dependen de sus casas matrices solo les quedará la opción de negarse a transacciones de cualquier tipo con empresas o personas que participen de la producción y comercialización de cannabis, incluyendo abrirles cuentas a las firmas o sus empleados. El efecto será dejar a todo el sector vinculado de alguna forma a la marihuana fuera del sistema de inclusión financiera en que está empeñado el gobierno. Fuentes del BROU y de los bancos privados informaron a El Observador que recién ahora están estudiando las derivaciones de estos riesgos.

La obvia gravedad de este traspié se agrega al cúmulo de problemas generado por la desubicada iniciativa de Mujica. Trató de justificarla con la ingenua presunción de que la legalización de un estupefaciente menos nocivo induciría al abatimiento del consumo de pasta base y otras drogas más peligrosas. Pero el uso de la destructiva pasta base sigue igual, en tanto florece el recurso a las mortales pastillas de drogas sintéticas, especialmente en fiestas juveniles, como se comprobó en varios casos recientes. La marihuana ya la producen legalmente 5.332 cultivadores individuales, sin control de la limitación a seis plantas por hogar, funcionan 22 clubes de consumidores y dos empresas la cultivan para su venta en farmacias.

Pero esta operación sigue en el limbo. Apenas algunas decenas de estos establecimientos, de los 1.200 que hay en el país, han aceptado convertirse en expendedores de la droga. Sus razones son prácticas y conceptuales. Por un lado, temen convertirse en blanco de represalias de las bandas de narcotraficantes que verán amenazados sus negocios. Por otro, argumentan fundadamente que es absurdo que comercios centrados en expender productos para mejorar la salud de la gente empiecen a vender una droga que la perjudica. Además se anunció oficialmente que el mercado regulado solo cubrirá 25% de la demanda, o sea que tres cuartas partes seguirán en manos de los narcotraficantes.

Cuando Mujica lanzó la legalización, aseguró que daría marcha atrás si se comprobaba que no daba el resultado esperado. No cumplió su promesa pese a que hace tiempo que el fracaso es evidente. Le corresponde ahora al presidente Tabaré Vázquez zafar de este entuerto, uno de los muchos generados por su predecesor, que no solo afecta la salud pública sino que hasta expone al sistema financiero a serias dificultades.


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El Observador

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