Riesgoso atraso vial y ferroviario

Las explicaciones del gobierno no mitigan su omisión en las acciones prácticas que se requieren para sacar de su crítico atraso a la infraestructura vial y ferroviaria. El deterioro de las rutas pone en peligro vidas, el transporte de todo tipo de productos y el tránsito vehicular. Y de restablecer el postergado sistema ferroviario depende la concreción de la tercera planta de celulosa. Autoridades de por lo menos seis departamentos del interior se quejan justificadamente del estado de rutas semidestruidas por el tránsito pesado de camiones y de su incidencia en frecuentes accidentes, a veces con pérdida de vidas. Y un requisito ineludible para la instalación de una nueva planta de celulosa de UPM es que el gobierno mejore la infraestructura, incluyendo el sistema ferroviario, con una inversión pública y privada de US$ 1.000 millones, como complemento de los US$ 4.000 millones que aportará la empresa finlandesa, impulso decisivo para el crecimiento económico y la generación de empleos.

Un 20% del plan de obras por US$ 12.370 millones en el quinquenio, anunciado por el presidente Tabaré Vázquez, debió efectivizarse en el primer año. Esta meta no se ha cumplido, con el sistema vial mostrando los menores avances. El ministro de Transporte y Obras Públicas, Víctor Rossi, admitió que 2016 cerrará con una inversión vial de apenas US$ 95 millones, que incluyen un tercio de recursos fiscales y dos tercios en concesiones a privados. Rossi rechazó las protestas de municipios del interior, que aseguran que se siguen utilizando métodos antiguos, inadecuados por su escasa durabilidad, para remendar carreteras secundarias y caminería rural.

Detrás de todo este panorama preocupante está la escasez de fondos públicos y la lentitud en acordar inversiones privadas directas o a través de la ley de participación público privada (PPP). Hasta ahora solo se han adjudicado tres de ocho iniciativas previstas bajo esa modalidad de asociación de privados con el Estado. El Ministerio de Economía y Finanzas (MEF) adujo, en un documento incluido en la Rendición de Cuentas, que el “bajo nivel de ejecución” deriva de la complejidad de proyectos “que requieren de plazos más o menos extensos en su estructuración”. Esa complejidad debió preverse en la fijación de plazos en vez de apresurarse a asegurar obras que demandan más tiempo. Y Rossi anticipó que en las obras programadas bajo la PPP habrá “una pausa para ordenar todo el aprendizaje” y “tratar de que los procedimientos sean más ágiles”. Las admisiones del MEF y de Rossi evidencian falta de estudios técnicos precisos en la programación de las obras, tanto en plazos como en disponibilidad de recursos públicos y privados, así como pesadez burocrática.

Otro factor de incertidumbre es el futuro del sistema ferroviario. Desde que gobiernos anteriores a los del Frente Amplio lo dejaran caer, el primero de Vázquez y el de José Mujica fracasaron en sus planes para revivirlo por oposición del sindicato de AFE. De que ahora se logre depende que UPM establezca su segunda planta, con la mayor inversión en la historia del país. Si el gobierno no logra acelerar el ritmo de las atrasadas obras viales y ferroviarias, atrayendo con prontitud los indispensables capitales privados y programando mejor las cosas, sufrirán las perspectivas de sacar al país del estancamiento económico que lo ahoga desde hace casi dos años.


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