Río transformada

El epicentro de fiesta y playa en Sudamérica muestra su nueva cara después del Mundial de fútbol y los Juegos Olímpicos: una ciudad moderna que mira al futuro más que a su pasado
Río de Janeiro es una metrópoli pujante, en la que conviven residentes con visitantes y que se marcó listones muy altos en los últimos años. Los cumplió y, con algunos traspiés, salió con grandes aires. Hoy, la antigua capital brasileña apuesta a ofrecer vida sana, deporte, belleza y naturaleza. Y sigue siendo el principal destino turístico del hemisferio Sur.

Una de sus mayores atracciones es su clima tropical atlántico, que se mantiene en un promedio de 35 grados en verano –aunque puede llegar con facilidad a picos de 40– y que suele ser más agradable cuando es atenuado por la brisa fresca que nace en el Atlántico. Los meses más "fríos" son junio y julio, cuando la temperatura promedio ronda los 18 grados.

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Hay sitios que son referencia obligada. Quizás el primer puesto se lo lleven las hermosas playas de la ciudad, desde Copacabana a Ipanema, pasando por Leblon, Arpoador o Barra de Tijuca. O incluso la siempre convocante fiesta del Carnaval, que reúne en torno al Sambódromo a miles de turistas en días de desenfreno.

El ícono carioca

Pero, sin dudas, el mayor símbolo de la ciudad es el enorme Cristo Redentor que se alza, majestuoso, sobre el Cerro del Corcovado. Es una figura de 38 metros de alto, montada sobre un pedestal de ocho metros, de Jesús de Nazaret con los brazos abiertos. Se ubica 710 metros sobre el nivel del mar y fue inaugurado, después de cinco años de obras, el 12 de octubre de 1931. Es la estatua art decó más grande del mundo y ofrece una de las vistas más impactantes de la ciudad.

Aunque si de ascensos y vistas únicas se trata, el lugar a visitar es el Pan de Azúcar, uno de los más fascinantes morros monolíticos de granito de la zona que se eleva justo sobre el mar. Un teleférico de cristal (llamado popularmente bondinho), que tiene capacidad para 75 pasajeros, recorre cada cinco minutos la ruta colgante de 1.400 metros entre los morros de Babilonia y Urca.


Quizás como la consolidación de esa gran apuesta al deporte que la volvió sede del Mundial de fútbol 2014 y de los Juegos Olímpicos de este año, Río se ha transformado en una ciudad que apuesta a la vida saludable. No solo porque mantiene los campos de fútbol diseminados por toda su geografía, sino porque además se han hecho inversiones en infraestructura para potenciar la práctica de distintos deportes.

En ese marco, el proyecto "Río Playa Maravillosa" buscó en 2012 incentivar la actividad física a través de distintas actividades gratuitas a lo largo de la costa carioca. Así fue que varios grupos de docentes de educación física y recreación montaron un circuito de rutinas en los llamados gimnasios al aire libre –que incluyeron aparatos de acero inoxidable para hacer ejercicios– en distintas playas.

A eso se agregó la opción de hacer ciclismo, corridas y caminatas, natación en mar abierto e incluso triatlón.

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Otro de los proyectos que rápidamente ha multiplicado adeptos locales y extranjeros es el sistema de bicicletas públicas SAMBA. Se trata de una iniciativa de la Prefectura de la ciudad que tiene como objetivo ofrecer un transporte sustentable, que no contamina, además de reducir los embotellamientos en el tráfico y promover hábitos de vida saludable.

Se trata de un circuito con 60 estaciones –alimentadas por energía solar– y 600 bicicletas distribuidas en diversos barrios (desde Leblon hasta el Centro, pasando por Ipanema y Copacabana). Las estaciones están conectadas entre sí, por lo que el usuario puede retirar y devolver una bicicleta cuando lo desee en cualquiera de ellas.

El barrio de Lapa

Próximo al tan madrileño centro histórico de Río (lugar que vale la pena conocer para tener otra óptica de la ciudad) se encuentra el barrio de Lapa, el lugar obligado para divertirse cuando cae el sol.

Pero el vecindario también tiene atractivos diurnos como el Aqueduto da Carioca, construido para llevar agua al centro urbano desde el río da Carioca. El acueducto se transformó a fines del siglo XIX en un viaducto por el que circulaba el tranvía.

La forma más sencilla de llegar a Lapa es en metro, bajándose en la estación Cinelandia.
Uno de los puntos más visitados del barrio es la colorida Escalera de Selarón, que llega hasta el morro de Santa Teresa. Es de lo más fotografiado por los turistas.

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A pocos metros de la escalera se encuentra uno de los bares más tradicionales: Adega Flor de Coimbra, donde parar a probar los bolinhos de bacalau (croquetas de bacalao). Otro lugar donde degustar cocina de paso y rica es Boteco Belmonte.

En la Rua do Lavradio se encuentra el Rio Scenarium, un multiespacio donde bailar y tomar algo. El Circo Voador es el lugar donde se realizan conciertos, toques y espectáculos casi a diario. Y en todas partes, las caipirinhas y la cerveza helada están a la orden del día.

Las empinadas favelas

Se puede visitar Río de Janeiro en plan turista absoluto y dedicarse a disfrutar de sus playas y paseos típicos, o interesarse por la otra realidad de la ciudad.

Las favelas son una parte muy importante del paisaje de Río. Se estima que hay unas 750, que se pueden visitar por cuenta propia o contratar, incluso en el hotel, un paseo por alguna de ellas.
Una de las más famosas es La Rocinha, que ahora está pacificada.

Quienes proveen el servicio conocen por dónde llevar al visitante en sus estrechas y empinadísimas calles, y aprovechar el tiempo al máximo de manera segura.

Los paseos pagos visitan a un líder comunitario que cuenta sobre el trabajo que se está haciendo en la favela, y en algunos casos luego incluye una degustación de cocina tradicional en otro sitio.

El gigante del fútbol brasileño

Desde el imponente Corcovado puede apreciarse, recortado como una mancha circular perfecta, el legendario Estadio Maracaná. Allí se disputó la final del Mundial de 1950 –donde Uruguay se coronó campeón mundial de fútbol por segunda vez en su historia– y la reciente Copa Mundial de la FIFA, disputada en Brasil en 2014. El coloso deportivo es también utilizado frecuentemente para multitudinarios espectáculos. Allí tocaron Madonna, Paul McCartney y los Rolling Stones, solo por nombrar algunos. El estadio cuenta con un museo dedicado al fútbol, además de una zona con restaurante y la posibilidad de hacer un pequeño tour interior que incluye acceso a los vestuarios, gradas y a la propia cancha.