Roberto Balaguer: pensar las nuevas tecnologías

El psicólogo y experto en nuevas tecnologías Roberto Balaguer cuenta cómo fue ser el primero en la región en inmiscuirse en los efectos psicosociales de la era de la conexión y cómo pasó del rechazo de sus colegas a los constantes llamados para el dictado de talleres sobre la temática

Por Santiago Clarens

Aplicado, responsable y estudioso. De joven fue abanderado y luego mantuvo ese buen ritmo de estudios en la Facultad de Psicología de la Universidad de la República. La curiosidad fue la cualidad que llevó al psicólogo Roberto Balaguer entre 2001 y 2002 a querer inmiscuirse en los efectos que por aquellos años internet tenía en las personas, en momentos en que el tema ni existía como campo de estudio en Uruguay y apenas figuraba en otros países. Esa misma curiosidad lo llevó a ser un pionero en la región sobre el tema.

Psicoanálisis, psicoanálisis o psicoanálisis

A sus 50 años de edad, Balaguer vive en Lagomar —Ciudad de la Costa—, lugar que eligió junto con su esposa para criar a sus dos hijos varones. Pero vivió prácticamente toda su vida en Pocitos. Fue al colegio Richard Anderson y el bachillerato lo hizo en el Alemán. "Era bueno, el abanderado. Siempre fui curioso, me gustaba aprender, saber de las cosas", cuenta. Sus padres no lo presionaron para llegar a ese nivel, sino que lo hizo por voluntad propia. "Tenía iniciativa, no me gustaba que me fuera mal. Me gustaba llegar a niveles de excelencia".

Cuando estaba en el bachillerato, en la materia filosofía, se dio cuenta de que quería ser psicólogo. Recuerda que tenía un profesor argentino muy afecto al psicoanálisis y eso le llamó mucho la atención. "No era una cosa que la tuviera en mente. Yo estaba inclinado hacia el derecho, porque mi madre era abogada y mi abuelo también". Finalmente optó por cursar ambas carreras, derecho y psicología, aunque luego abandonó la primera. "Me llevó muy poco tiempo darme cuenta de que en un lado estaba cómodo y en el otro no".

Piensa, sonríe. Relata con humor que en aquellos años (finales de la década de 1980) tenía las clases en el club Sudamérica. "De repente un día teníamos clase y al lado estaban patinando o había tango para veteranos. Y entrábamos por el lado de la cantina. Eran cosas muy folclóricas". Cuenta que dentro de la carrera, a la hora de escoger una especialización, no había muchas opciones. "Tenías para elegir psicoanálisis, psicoanálisis o, si no te gustaba, psicoanálisis. Lo que sí podías elegir eran las distintas líneas teóricas: las corrientes más freudianas, más lacanianas, etc., pero siempre dentro del psicoanálisis. Yo me formé en eso".

Migración intelectual

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Balaguer se especializó en clínica con niños y adultos. De hecho, sus primeros pacientes fueron jóvenes y el primero de todos, un niño. Atendió pacientes de modo particular por varios años, aunque cada vez con menos frecuencia debido a sus otras actividades. Comenzó a trabajar en el St. Patrick's College y a realizar diferentes especializaciones que lo acercaron a áreas que le resultaron más atractivas. "Me encantaba y me sigue gustando la clínica, pero creo que es un trabajo que implica un desgaste emocional muy grande; hay actividades que son mucho más vinculadas con la salud que con la enfermedad. Capaz que te cansan igual, pero te desgastan menos". Y fue en internet y en las nuevas tecnologías que el psicólogo encontró su campo de estudio.

"Estamos hablando del año 2000. Me empezó a interesar el tema de internet, me parecía algo con una potencia descomunal. En esos años se dieron los primeros fenómenos de ciberbullying en el colegio donde trabajaba y en otros colegios de la zona. En esos tiempos nadie entendía nada, había muy poca gente conectada y, sin embargo, había una serie de chicos que ya estaban en eso, colgando fotos, diciendo cosas, hablando mal de fulano o mengano". En el St. Patrick's realizaron una serie actividades y charlas para entender lo que estaba ocurriendo y uno de los invitados a esas charlas fue el ingeniero Juan Grompone. "Me encantó todo lo que dijo y fue un empujón para seguir metiéndome en eso", cuenta.

Balaguer había viajado a Estados Unidos a fines de los ochenta gracias a una beca y pretendía volver a hacerlo para estudiar el fenómeno de internet. "Quería volver a Estados Unidos a estudiar, pero mi señora es muy del terruño, muy de acá y no me acompañó en la idea". Además, uno de sus hijos era recién nacido. Ante ese panorama optó por realizar un viaje no físico: "Hice una especie de migración intelectual. Yo me fui".

Empezó a juntarse virtualmente con gente del exterior que estaba investigando estos temas, que en aquel momento, según dice, "eran muy poquitos y en español muchos menos". Se contactó principalmente con gente de España —sobre todo de Cataluña—, Argentina y México. "El sitio se llamaba Cibersociedad. Era muy potente. Se armaban ahí los primeros congresos sobre las temáticas".

"Físicamente yo estaba acá, pero mi cabeza estaba allá. Como los gurises que se ponen a jugar online, solo que, en vez de jugar online, estudiaba online. Y mientras tanto seguía trabajando en el colegio y también mucho en el consultorio".

Exitoso fracaso

Su interés estaba puesto en entender esos nuevos fenómenos y con tanta información recolectada resolvió dar un paso más. "Llegó un día que dije: 'Tengo esto que vengo leyendo, anotando y recopilando, capaz que estaría bueno transformar todo en un libro'". Aunque no estaba en sus planes y "ni sabía cómo se escribía un libro", en 2003 publicó Internet: un nuevo espacio psicosocial.

Sus colegas psicólogos en aquel momento lo cuestionaron. No entendían el vínculo entre internet y lo psicosocial. "La gente no entendía mucho. Yo trataba de explicar que no era un tema de máquinas, de redes y conexiones, sino que en realidad, por encima de eso, se estaba gestando toda una cantidad de nuevas formas de vincularse, de manejarse en el mundo, de aprender, de enseñar, de comercializar. Todo lo que vino a cambiar internet que hoy parece evidente, en aquel momento no lo era y hubo mucha incredulidad de la gente".

Según cuenta el propio Balaguer, su primer libro fue un exitoso fracaso, no solo en materia de ventas, sino en lo que respecta al entendimiento del mundo académico. "Estaba muy adelantado. Había muy pocos materiales escritos en español sobre esta temática. No había madurez para entender este tema". Esperaba tener una gran repercusión con su libro, pero no la consiguió, al menos no en ese momento. Con el correr del tiempo, cuando se empezó a saber más sobre el tema, su libro cobró el peso que Balaguer quería. "Dentro del ámbito de la psicología quedé posicionado como el primero", acota. "Recién a mediados de 2005 empezó a ser un tema por el cual me invitaban a dar charlas o talleres. Desde esa fecha hasta hoy no he parado".

Las redes y el prohibicionismo

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Como estudioso de las redes sociales conoce los límites, aunque a veces los sobrepasa. Dice usar más Twitter que Facebook. Allí vuelca contenido de actualidad, de temas de su interés. Trata de no entrar en discusiones con el resto de los usuarios, aunque cuando se trata de fútbol expresa opiniones más polémicas. "Soy muy futbolero, hincha de Nacional. Opino sobre todo con algún arbitraje polémico o pérdida de puntos, ahí tengo que frenarme, hacerme un llamado al orden. Pero sucede cada vez menos", confiesa.

Dice no ser muy "guardabosque" con sus hijos (de 16 y 19 años) acerca del uso que les dan a las redes sociales, pero de más chicos los alertó sobre los posibles peligros. "Apelo mucho a la educación y a la responsabilidad de cada uno. No creo mucho en los mecanismos de control, porque sé que cada vez son más difíciles de aplicar y están llamados al fracaso. Tenés que tratar de enseñar cómo funcionan las cosas", afirma.

Para Balaguer, prohibir a un joven el uso de una red social no necesariamente es una buena idea. "Hay gente a la que le parece que está bien. Depende de la edad del niño. Pero el mundo cambió. Hace cuatro años la primera parte de cualquier taller que daba estaba dedicada a cómo podía ser que hubiera chiquilines menores de 13 o 14 años con cuentas en Facebook, lo que con esa edad no podían hacer. Hoy esa pregunta no te la hace nadie, en ningún contexto. Cuando vas a los datos duros, que investigué, ves que los chiquilines hicieron sus cuentas de las redes sociales con 7, 8 o 9 años. Hoy Facebook es un mundo mucho más adulto, ya no es juvenil. Los chiquilines no están ahí, están en otras redes, como Instagram, Snapchat o Whatsapp. A Facebook entran para ver qué dicen los veteranos".

Su celular estuvo junto a él durante toda la entrevista, aunque fue respetuoso y ni lo miró. Sabe que los smartphones son muy útiles pero que también suelen invadir terrenos, por eso, no considera ni negativo ni positivo su uso. "El uso que la gran mayoría de la gente le da a esa pequeña computadora es social, de comunicación y diversión. Los tiempos de diversión se ampliaron enormemente, van invadiendo otros terrenos, como el educativo o el laboral. Si el ocio invade de forma permanente, es negativo. Si estás trabajando o estudiando y estás todo el tiempo chequeando las redes, es difícil concentrarse. Por otro lado, tenés una computadora que te permite acceder a un gran caudal de información, a conocer a infinidades de personas que pueden compartir tus intereses, tus gustos, de las cuales podés aprender. Entonces, desde ese punto de vista, es maravilloso", apunta.

Un mundo con conexión

La tecnología nos permite hacer ciertas cosas, y cuando no la tenemos sentimos que esas cosas nos faltan. Eso fue lo que en 2002 Balaguer denominó como "hipocuerpo", un concepto que en la actualidad sigue vigente. Explica: "De alguna manera nuestro cuerpo está ampliado por la tecnología. Lo ves en los jóvenes. Cuando no tienen conexión lo sienten como una limitante. El más adulto siente que si no tiene wifi se le cortó esa ampliación, pero el que por defecto nació en esa situación, cuando no tiene wifi lo vive como una pérdida. El hipocuerpo cada vez está más vigente porque cada vez hay mayor conectividad y hay mayor conexión por defecto. El estado en el que tú te pensás en el mundo es un estado con conexión. Es como la electricidad: pensás tu mundo en función de que esta funciona. Cuando deja de funcionar empiezan a caer un montón de cosas que se vuelven limitaciones. Esto es lo mismo. internet y todo lo que te permite estar en contacto genera esa sensación de que todas esas cosas forman parte de nuestro ser".

Pero no necesariamente haber nacido entre celulares transforma al sujeto en un nativo digital. De hecho, Balaguer considera que esa idea perdió fuerza. "Es un concepto que fue muy útil durante mucho tiempo, pero ahora está un poco en decadencia. En realidad, los usos que hacen los nativos digitales con la tecnología están orientados hacia lo social, la ampliación de amistades, estar en contacto, escuchar música, pero haber nacido en esta época de ninguna manera te garantiza tener un manejo profundo de la tecnología. Sí podés saber tres o cuatro cosas —por ejemplo, cómo bajarte una app— que parecen muy potentes, pero que estrictamente son muy básicas. La natividad digital en parte está determinada por la edad, pero también por otros componentes más vinculados a la personalidad, a intereses, a la curiosidad, e incluso hasta por elementos cognitivos".

Para el experto, haber nacido en esta época solo garantiza "poder hacer cosas que hace la misma generación. Y a menor edad mayor plasticidad y más fácil aprender determinadas cosas si en tu contexto te las enseñan. Pero de ninguna manera eso trae consigo un manejo profundo de la tecnología. Es un manejo superficial y orientado hacia la comunicación, lo social, el ocio".

Psicoanálisis para un mundo líquido

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Roberto Balaguer realizó una maestría en educación en la universidad ORT y hace dos años comenzó a preparar a distancia un doctorado en la universidad de Buenos Aires (Argentina) sobre el pensamiento computacional. "Es un tema muy fresco, muy joven, lo que a mí me lo hace más atractivo".

Escribió varios libros, entre ellos Vidasconect@das (2005), Hiperconectados (2010), La nueva matriz cultural (2012), pero el primero fue el que más le gustó porque no sabía lo que era escribir uno. "Fue un libro que tenía mucho material, mucha cosa novedosa en aquel momento. Lo podés leer ahora y hay elementos que siguen vigentes pese a los cambios que hubo".

Su último trabajo, La práctica psicoanalítica en el universo digital. Psicoanálisis para un mundo líquido, fue editado en Buenos Aires, es del año 2016 y todavía no llegó a Uruguay. Tiene vinculación con el mundo clínico, pese a la distancia del autor con la clínica. "Es sobre la práctica psicoanalítica en el universo digital. Para mí, es el libro más atrevido. Se mete con el psicoanálisis, que es muy sagrado. No desacraliza nada, pero por lo menos invita a pensar el mundo actual con algunas herramientas psicoanalíticas", aclara y concluye: "Siempre digo que si (Sigmund) Freud viviera actualmente tendría Twitter. Estaría vinculándose con el mundo y tratando de aprender".

Males modernos

El delito de ciberbullying o ciberataque, sobre el que tanto trabaja Balaguer, no existe como figura penal en Uruguay. Cuando se dan situaciones vinculadas a esa naturaleza las denuncias apuntan, por ejemplo, al acoso o a la corrupción de menores. En el ámbito internacional comenzó a penarse el solo hecho de que un adulto se contacte por las redes sociales con un menor utilizando un perfil falso. En nuestro país se aplica normativa ya existente pero no actualizada.

Ante este panorama, en marzo de 2015 el senador colorado Pedro Bordaberry presentó dos proyectos de ley para resolver ese vacío legal. El primero apunta al ciberacoso y pena a quienes usan las redes sociales para acercarse a menores con diferentes fines, entre ellos el sexual. El segundo proyecto de Bordaberry es sobre la "pornografía de venganza" y pretende penalizar no solo a quienes suben a las redes imágenes tomadas en la intimidad sin el consentimiento de los protagonistas, sino también a quienes luego las viralizan.

Ambos proyectos se encuentran dentro de la Comisión de Constitución y Legislación del Senado pero aún no fueron tratados. Bordaberry negocia con el senador frenteamplista Leonardo de León para obtener el respaldo del oficialismo y transformarlos en ley.

Paralelamente, en julio de 2016, la diputada nacionalista Lourdes Rapalín presentó en la cámara baja otro proyecto para luchar contra el bullying y el ciberbullying, texto que elaboró junto a la psicóloga Silvana Giachero. Ambas basaron su trabajo en el entendido de que en Uruguay el 19% de los suicidios de los jóvenes está vinculado al bullying. Entre otras cosas, el proyecto de Rapalín y Giachero busca definir, prevenir e intervenir en los diferentes casos asociados al acoso, particularmente en los ámbitos educativos.