Románticos con alma de rockeros

Tras la suspensión de su show el domingo, Maná tuvo su revancha el martes frente a una Tribuna Olímpica casi llena

Al final, Maná se hizo esperar y con ganas. Primero porque el domingo su equipo de producción decidió que, tras las lluvias, el escenario no estaba en condiciones de aguantar las 80 toneladas de equipo y suspendieron el show faltando horas para su comienzo. Pero además porque dos días después, -tal vez a la espera de que llegara el expresidente José Mujica y Lucía Topolansky-, el cuarteto mexicano apareció en el escenario faltando 10 minutos para las 22.

Pero de todos modos, la espera no fue en silencio. Un fanático desde la VIP se encargó de arengar al público con aplausos y así animar la previa. Más tarde, cuando el paso del tiempo ya se hacía pesado, la banda aprovechó para enviar a través de las pantallas grandes un saludo a las presentes en el Día de la mujer: "Lo mejor que Dios creó en este mundo son ustedes las MUJERES", decía el cartel.

Con la tribuna Olímpica casi llena con 13 mil fanáticos, los cuatro mexicanos –apoyados por tres músicos más– se lanzaron hacia una avalancha de éxitos archiconocidos. Aunque el motivo de su visita era la presentación de su disco Cama incendiada, Maná optó por no insistir demasiado sobre esas canciones e interpretar lo que la gente vino a escuchar.

El show comenzó con La prisión, el último hit en clave bailable que Maná logró imponer. Con los primeros acordes, los flashes de las cámaras se prendieron y se interpusieron ante las miradas embelesadas de los asistentes. Le siguió Corazón espinado, aquel éxito de 1999 que los mexicanos realizaron junto a su coterráneo Carlos Santana. Aquí el guitarrista Sergio Vallín hizo su mejor versión del icónico rockero sin fallos. De hecho Vallín supo lucirse con sus solos a lo largo de la noche. En el tema Me vale fue acompañado por el guitarrista de la banda #TocoParaVos, Bautista Mascia, quien hasta llegó a verse incómodo en el escenario por no estar a la altura de los solos del mexicano, que le daba indicaciones para guiarlo. Fue un momento fallido de un show que está armado para que no existan grietas.

Si bien Maná hizo sus 30 años de carrera basados en éxitos románticos y algunas canciones con crítica social también tiene su costado más rockero. Con Alex "El Animal" González en la batería y el ya mencionado Vallín que en cada oportunidad que tuvo sacó a relucir su distorsión metalera con tapping incluido, el show en vivo de Maná celebra también esas raíces y las exhibe como parte fundamental de su identidad. Para luego buscar ganarse los suspiros de sus fanáticas con algún tema meloso, fiel al concepto de banda del género más propia de los años 80 y comienzos de los 90.

Por supuesto es González quien, luego de Fher Olvera, se gana todas las ovaciones. Con un solo de batería –seguramente el más largo que quien esto escribe haya visto– repleto de efectos de pirotecnia, trucos de malabarismo con las baquetas y una plataforma que lo elevó en el clímax de su momento, "El Animal" (así es presentado por el líder de su banda) mostró con creces por qué es uno de los bateristas más reconocidos de Latinoamérica. Incluso contó con un gong utilizado únicamente como punto final para su presentación.

Por supuesto pasaron temas como Eres mi religión, Cuando los ángeles lloran (dedicado al activista brasileño Chico Mendes y a Mujica. "Si todos los políticos fueran como él el mundo sería otro", dijo Olvera), En el muelle de San Blas, Clavado en un bar y un momento acústico de enganchados con hits como Vivir sin aire, El reloj cucú, Cachito y Se me olvidó otra vez. Todos fueron recibidos con el público de pie y la letra cantada de principio a fin.

Olvera, como frontman carismático, fue el encargado de dar las explicaciones de la suspensión, alegando que el equipo "no estaba bien asegurado. Gracias por comprender", le dijo a su público. También hizo mención de algunos de sus amigos uruguayos como Jorge Drexler y Luis Suárez, y tampoco se olvidó del "cabrón" de Donald Trump. "Quiere hacer un muro. Pero cuánto más grande el muro, más larga la escalera", dijo.

El combo romántico del final se armó con Mariposa traicionera, Bendita la luz, donde Olvera invitó a una fanática para interpretarla junto a ella, y Si no te hubieras ido. Y los bises del final: Oye mi amor, Labios compartidos y Rayando el sol, que se coronó con más fuegos artificiales, pirotecnia y una lluvia de papelitos de colores rojo, blanco y verde, los de la bandera de su país.

A pesar de su extensa trayectoria y un repertorio que muchas veces peque de predecible, la fórmula de Maná sigue funcionando a la hora de entretener al público que paga mucho dinero por verlos. Esto sucede porque sus músicos navegan con destreza la combinación del rock y la fusión de sonidos latinoamericanos, pero más importante: la banda disfrutando de hacer lo mismo desde hace ya varias décadas, y eso se contagia.


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